Confinado en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide), canceladas todas las naves, me propongo escribir aquí un diario en el que repasaré las últimas páginas de mi cuaderno Midori, los postreros restaurantes que he visitado antes de los abruptos cierres… Pero, para empezar, qué mejor que uno de los cuentos del Decamerón de Bocaccio, porque es inevitable el fatal paralelismo…
Casi todo el mundo que ha visitado Tenerife en alguna ocasión sabe lo que es un guachinche: un establecimiento de comida popular en el que se sirven los vinos cosecheros durante la temporada de los mismos. La gracia está, no obstante, en saber cómo elegir. Lo de siempre. Y ante la duda, el Zenón, en El Sauzal.
Artículo publicado en la revista Madriz en 2010.
Música recomendada: Down at the doctors (Dr. Feelgood)
Es norma de cortesía ancestral entre los árabes, cuando se trata de hablar algo importante y perentorio, no citarlo en la conversación; contrariamente, conviene demorarse de forma cool en jardines conversacionales amables y ajenos al tema… Si se está de acuerdo en todo, entonces el problema inicial, el “a lo que hemos venido”, se da tácitamente por solucionado.
Recuerdo aquel fotomatón de la plaza Gala Placidia porque estaba justo al lado de las Atracciones Caspolino, mi ruta 66 particular, el lugar donde esbocé mis primeros sueños entre autos de choque, cigarrillos furtivos y chicas imposibles de minifaldas ajustadas y botas que se hicieron para algo más que caminar. Y por los oscuros y escalofriantes hechos que sucedieron años después…
Me manda el amigo Quim Vila una botella de Venta Las Vacas La Cuartilleja 2015, ese Ribera tinto fino elaborado por Juan Carlos Vizcarra con cepas de 40-45 años de una pequeña finca, La Cuartilleja.
Cris Hernández, periodista por inquietud y cocinera por emoción, se ha escorado hacia lo sentimental frente a lo canallesco y su recién abierta cafetería plus + boutique gourmet, Sabela, ya es un inevitable suceso en la capital tinerfeña. Sus brunch de firma levantan fervor… Hoy, el de Braulio Simancas.
Ya puedo considerar a Armando Saldanha, chef mexicano apalancado en Tenerife desde hace un montón, como un viejo amigo. Fue él quien me mostró hace años, en su seminal (y revelador) Amaranto, que en la isla había vida (mucha) más allá de las papas y el mojo. Comparto además con él fervor nostálgico por Puebla, lugar donde ambos la soñamos en colores…
Artículo (editorial) publicado en la revista Summum (Grupo Zeta) en 2001.
Música recomendada: Book of Saturday (King Crimson)
Cuando las cosas van mal, la depresión acecha tras cualquier recodo o las ilusiones se desvanecen en una realidad opaca e irremediable, siempre me queda Jack London. A él vuelvo. A aquel desconocido cuento en el que narra la terrible vida de un condenado a cadena perpetua. En el relato, basado en la extraña relación entre el penado y su carcelero, el primero, a pesar de sufrir una hórrida condena, logra, gracias a su imaginación y a su libre albedrío (lo único que nada ni nadie nos puede sustraer), tener una vida plena. Se casa, tiene hijos y es feliz. El verdugo, estupefacto ante la creciente felicidad del reo, extrema sus torturas, aprieta más los grilletes, elimina la comida… pero todo es en vano. Al final, el reo muere con una sonrisa en la boca.







