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Hoy, en La Molicie, segundo programa de Cebollas Verdes, el nuevo espacio gastronómico de Elena Barrios en la RTVC, en directo los viernes a las 00.00 h. y los domingos a las 11.00 h. Cada semana, también te los ofreceremos aquí. Simplemente clica en el link…

CEBOLLAS VERDES: EMISIÓN DEL PROG.: 2 (18 DE DEPTIEMBRE DE 2020)

En la segunda edición de Cebollas Verdes, el programa de gastronomía de Canarias Radio, viajamos hasta Palma de Mallorca para conocer las nuevas propuestas del chef tinerfeño, Jonay Hernández, en su restaurante La Vieja, donde revisa el imaginario culinario de Canarias con productos del Mediterráneo; también nos tomaremos un vermouth de Lanzarote, el Primo, elaborado a base de vino de malvasía de la isla y elaboraremos un delicioso ceviche de bonito y mango con la chef Diana Marcelino (Finca Salamanca, Tenerife), una receta que aprovecha el producto local de temporada y que además es fresca y económica. Y descubrimos cuál es el menú secreto de la consejera de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias, Alicia Vanoostende
Ah! Y no te pierdas el saludo que nos envía Rafa Peña de Gresca, en Barcelona.

 

¿Y un asado argentino en la barbacoa de mi casa? Es el gran Diego Schattenhofer al aparato. Una tentación de este chef argentino (afincado en Tenerife) de desbordante creatividad gastronómica multidisciplinar (neuronal, psicológica, antropológica, biológica…) no se debe rechazar jamás. Si es capaz de sintetizar los aromas de los aborígenes guanches, imagínate ante la parrilla…

Música recomendada: One in a million (Guns N’ Roses)

El chalet de Diego es su vivienda y, también, su lugar de trabajo en estos tiempos inconcretos (su restaurante, el 1973 del hotel Villa Cortés está todavía cerrado). En el gran porche del jardín, una mesa con una pantalla gigante conectada con su equipo de cocina y con sus asesores científicos, mezclada con un variado escaparate de la muy de culto cerveza artesana Jaira (Gran Canaria), lo certifica sin duda.

Son las siete de la tarde en San Eugenio (Adeje) y la temperatura es perfecta. Frente a la mesa, la macanuda barbacoa, diseñada y fabricada por él mismo, desde la obra y las bandejas metálicas hasta las diversas sondas electrónicas para controlar las temperaturas. Diego es un verdadero obseso de la perfección, no en vano se formó con Mallman y Coll en Argentina, sino que se remató, ya aquí, con Martin Berasategui, Paco Pérez o Francis Paniego. Tampoco es trivial su conocida hiperactividad, gracias a la cual es capaz, cada día, de estar al tanto de todo lo que se hace en el sector (mundial), de leerse los libros culinarios que se van editando y de avanzar, junto a sus asesores, la universidad y otras instituciones (CSIC, Oceanográfico…) en los diversos proyectos que confluyen luego en su cocina. Desde la recuperación de las cuatro gallinas autóctonas canarias hasta el análisis exhaustivo de la rica y desconocida fauna marina tinerfeña (poniéndola en valor culinario), pasando por el estudio de los aromas, la investigación en la memoria gustativa y otros temas de muy innovador calado que no se pueden contar aquí y que serán materia de su ponencia en el próximo congreso San Sebastian Gastronomika 20.

Cervezas artesanas Jaira de Gran Canaria. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.
Cervezas artesanas Jaira de Gran Canaria. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.

Cervezas y vinos
Para ponernos al día, y tras charlar con José Manuel Pérez de La Lastra (Agrobiotecnólogo del CSIC) por zoom, comenzamos festejos -junto a Pedro Pascual (biólogo del Oceanográfico, que mañana justo va a hacer una inmersión para checar cuatro juveniles de tiburón martillo avistado en Los Cristianos), José Alfredo Escobar (jefe de protocolo del Ayuntamiento de Arona) y Cindy Ropraz (mujer de Diego)- probando las diversas cervezas Jaira, las cuales, por supuesto, las sirve Diego tras comprobar con el termómetro electrónico que están en justo punto de frío. Sorprendentes por su frescura, destacan la elaborada con agua de nubes (la “lluvia vertical” canaria) y la de 12 grados, que es la que ya nos aboca al carril central del asado. No sin antes, que somos prolijos, abrir la primera botella de vino, una selección que ha hecho Diego en la bodega Finca Vegas (en Granadilla, a 1.200 metros de altura, DO Abona). Al frente de la bodega, Stan Wetyjens y su hijo Anthony, quien estuvo trabajando para Petrus en Napa Valley tras formarse como enólogo en Burdeos. Sus babosos (los que tocan hoy aquí, aparte de su Malvasía y del cava invitado, el muy preciso de Altos de Trevejos) son algo inexplicable. El Baboso Blanco 2017, gran triunfador de la noche (sin desmerecer a los otros), 12 meses sobre lías, es la perfecta unión entre paisaje, frescura y ensoñaciones de pastelería…

Callos y mollejas. Parrilla de Diego Schattenhofer. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.
Callos y mollejas. Parrilla de Diego Schattenhofer. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.

Entregados a las carnes
Comienza Schattenhofer la liturgia con las empanadas, que rellena de carne con cinco meses de maduración. Las brasas están en su apogeo, y la gran olla de hierro, fabricada por un forjador amigo, se sacrifica de aceite hirviendo para conseguir lo innegociable: unas empanadas bien fritas pero con la carne jugosa. “El líquido se debe desbordar mientras las comes”, apostilla Diego. Y sí. Intensidad y jugosidad obscena. Munificentes. “Muchos empresarios me han propuesto hacer una empanadillería en Tenerife”, ríe.

Las mollejas de corazón suben todavía más la tensión en la barbacoa y en la mesa, que ya es una tertulia imparable. Diego las ha confitado y las pone ahora a la brasa, muy brevemente. El resultado es como saborear una peli porno.

Los callos con pimienta palmera, jamón ibérico y manitas ibéricas requieren de un toque más de picante, pero sin problema, Diego viaja siempre con una guindilla en el bolsillo (verdad). ¡Ahora sí!

El costillar de ternera. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.
El costillar de ternera. Tenerife. Foto: Xavier Agulló.

Gran momento el de la entraña. Me fascinó por esa pieza hace años la desgraciadamente desaparecida Raquel Rosenberg, con quien más tarde la compartí en Don Julio (Buenos Aires). Diego, que no es fan de Pablo Rivero (propietario de aquel restaurante bonaerense hoy en día con fama mundial), nos da toda una lección “entrañable” consiguiendo una textura que traspasa los límites del placer. Grande Diego.

Con la entraña todavía bailando en el cerebro, se anuncia el gran costillar entero de ternera, que ha estado toda la noche anterior en salmuera. Y lo lúbrico se hace carne, las costillas despegándose solas, la untuosidad, la jugosidad, el sabor de la parrilla. Y fue la apoteosis.
Luego, tras la chuleta de 5 meses para darnos nobleza tras el canalleo, todavía quedó tiempo para, con la carne sobrante del costillar, volver al arrebato friendo unas arepas, sin duda las mejores que habré probado nunca.

Nunca lo olvidaremos.

Los disfrutantes. Tenerife.
Los disfrutantes. Tenerife.

Los mares, su ecología y conservación, los grandes retos de la pesquería sostenible y, por supuesto, su gastronomía, serán protagonistas en el II Encuentro de los Mares 20, segunda edición (virtual, pero en estricto directo) de un congreso temático que el pasado año registró no sólo un gran éxito, sino también la certeza de que son posibles diferentes estrategias para disfrutarlo y, a la vez, asegurar su futuro. 13, 14 y 15 de julio. Programa y registro gratuito: www.encuentrodelosmares.com.

Música recomendada: Good vibrations (Beach Boys)

El Área de Gastronomía del Grupo Vocento y su empresa de producción, Grup GSR, lideran este innovador encuentro profesional, que intenta acotar las distintas problemáticas marinas y, a la vez, diseñar posibles líneas de trabajo para solucionarlas.

El congreso, que se emitirá en directo desde diferentes países de Europa, América, Oriente Medio y Asia la próxima semana, los días 13, 14 y 15 de julio, a través de la potentísima plataforma de Vocento, tiene como leit motiv ‘Los océanos como despensa y futuro’ y representa un importante paso adelante, con respecto a la primera edición de 2019, tanto en el nivel de los ponentes como en ambición estratégica de cara a ofrecer soluciones realistas a los graves problemas de los océanos y la pesca y, por tanto, también de la gastronomía asociada.

Con National Geographic como gran protagonista del evento (recibirá el Premio Sartún), el programa incorpora a grandes nombres de la investigación como  Alexandra Cousteau (ecologista marina, nieta de Jacques Cousteau), Carlos Duarte (Director del Centro de Investigación del mar Rojo en Arabia Saudíí), Manuel Barange (Director de la División de Políticas y Recursos de Pesca y Acuicultura de la FAO), Enric Sala (Explorador Residente de National Geographic) o Vidar Helgesen (Enviado Especial de Noruega para la Construcción de una Economía Oceánica Sostenible).

En el vital campo de la gastronomía marina, tops mundiales como Ángel León, Quique Dacosta, David Thompson (Hong Kong), Fer Rivarola (Argentina) o Geir Skeie (fundador de Pink Fish, la asombrosa marca de fast food marino).

En la gestión pesquera, pesos pesados del sector como Javier Garat (Presidente de la Patronal Pesquera), que dirigirá una urgente mesa redonda sobre ‘El reto de aumentar el consumo del pescado tras el Covid 19’, junto a Mª Luisa Álvarez (Directora de FEDEPESCA), Agnes Leewis (Directora Oficina Pesca Holanda) y el chef de Tenerife, experto en túnidos, Juan Carlos Clemente; Boris Worm (Investigador en la Universidad Dalhousie en Halifax, Nova Scotia, Canadá) o Agustín Espinosa y Katiusca González, expertos en pesca del Cabildo de Tenerife (patrocinador del evento), que mostrarán al mundo la singularidad de la pesca artesanal y sostenible de los túnidos, con anzuelo y uno a uno, en las ricas aguas atlánticas de Tenerife.

El II Encuentro de Mares 2020 es una excelente y cómoda oportunidad para ver y aprender, desde el sofá, en vivo, con posibilidad de interactuar con los ponentes, no sólo a los grandes chefs marinos del mundo, sino a los grandes popes de la ecología marina y los más altos dirigentes de la pesca mundial. Y comenzar a trabajar para el futuro del gran azul…

Programa y registro gratuito II Encuentro de los Mares 20:
www.encuentrodelosmares.com

Cuando Baudilio Brito (restaurante El Esquinazo, La Laguna, Tenerife) supo de la existencia de Cárnicas Lyo (la empresa de Aladino y Óscar Juan, que ha elevado la carne de buey y vaca gallegos a un valhalla impensado con sus técnicas radicales de alta maduración), descolgó el teléfono, habló con Aladino, colgó y, de inmediato, salió hacia el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife) para pillarse el primer avión a Madrid.

Música recomendada: Fly me to the moon (Frank Sinatra)

Baudilio se cegó con la luz de Lyo, sí; pero, lejos de caerse del caballo como le ocurrió a San Pablo, fue aquella luz la que lo espoleó y lo hizo cabalgar sin freno hacia lo que él ya había soñado, aunque no había sido capaz de aprehender en vigilia.

Baudilio, economista de profesión, sintió como tantos otros grandes chefs autodidactas la llamada de la cocina. Y no dudó. Junto a su mujer empezó con algunos pequeños restaurantes hasta que su primer El Esquinazo, en el barrio de San Benito (La Laguna, Tenerife), hizo sonar las campanas. Cocina canaria de nivel, platos tradicionales orgullosos de materia prima y, como “guest stars”, las carnes: el cordero, el cochinillo, la vaca… Tanto alboroto crearon los badajos que a los tres meses de abrir ya llenaban cada día, y hablamos de 2013, con la crisis todavía serpenteando entre manteles y cubiertos. Mas con los años, la situación se hizo insostenible y ni en la calle cabían ya los admiradores que pretendían mesa. Había que tomar una decisión.

Salón-terraza. Barra entrada. Nevera Cárnicas Lyo. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.
Salón-terraza. Barra entrada. Nevera Cárnicas Lyo. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.

Hace tres años, una conocida y espaciosa tasca de dos plantas que había vivido bajo diversos nombres, fue la solución. Capaz para 200 pax, con perfectas instalaciones y ubicada justo al lado de La Concepción, el corazón del patrimonial casco antiguo de La Laguna, tomó con jovialidad los hábitos de Baudilio y se convirtió en El Esquinazo actual. El éxito, claro, no cesó; se multiplicó.

Con una clientela insobornable y desde la discreción mediática, Baudilio entonces descubrió su Damasco: las imposibles piezas de buey y vaca de Lyo. Desde la apertura del nuevo restaurante, Baudilio quería dar un paso más; y los dio todos de golpe. “Mi idea era ser el mejor restaurante de carnes de Canarias, el referente, y con Aladino y Óscar y sus maduraciones lo he conseguido”. Efectivamente, El Esquinazo es el único restaurante de Canarias que dispone de las piezas de Lyo, algo que comparte sólo con lo más selecto de la gastronomía cárnica nacional. Canarias, no lo olvidemos, es una Comunidad que ama con pasión la carne, y con la decisión y el empuje de Baudilio ha llegado por fin a la cima.

La comida (felicidad) en El Esquinazo (basada en una historia real)
La gran apuesta de Baudilio y El Esquinazo es por esas carnes de buey y vaca de altísima maduración, que las transforman en mucho más que carne, en un producto diríase taumatúrgico, fruto de una alquimia sutil que, lejos de las potencias que se podrían pensar a priori (muchos hablan de estas maduraciones rock and roll sin haber probado el material de Aladino), proveen de unos cromatismos y unas suavidades casi metafísicas. Esas chuletas (raras joyas) no llevan a territorios raros, ni a establos ni cueros viejos… No, esas chuletas, oxímoron polinómico de tersura y untuosidad y numinosidad, llevan a paisajes de refinadas complejidades, de texturas ontológicas y de sabores (sensaciones) caleidoscópicos. En realidad, son una experiencia metagastronómica en sí mismas.

Gofio. Carpaccio. Tiradito. Tartare. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.
Gofio. Carpaccio. Tiradito. Tartare. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.

Pero el viaje iniciático hasta “la iluminación de la carne” en El Esquinazo no es trivial. No. Sin él, probablemente, no captaríamos la magia global del restaurante. Sabemos que el viaje es parte fundamental de la gloria del destino…

Si cuando entremos en El Esquinazo miramos a la izquierda, veremos la nevera especial para quesos. Pocos pero obsesivamente seleccionados en Canarias, Península y Europa (preferentemente Francia). “Estoy detrás de un queso que se elabora en la zona de París, con una cabra rara, y que está a 240 euros el kilo”, sonríe Baudilio. ¡Exijo whatsapp urgente cuando llegue! Si miramos al frente, los dos tótems, las dos neveras especialmente acondicionadas para las grandes carnes Lyo. Más allá se intuye el deleite… Debo decir que -ventajas del oficio- me pedí visita a la cocina para ver la parrilla y que, allí mismo, donde descansaba, atemperándose, nuestra chuleta (buey con un año de maduración, “aunque voy a por más”), degusté someramente su grasa en crudo, etérea y fina, con matices de inaprensible delicadeza. No me pasa inadvertida la desafiante Carpigiani del fondo, diosa de los helados, otro de los arrebatos de Baudilio.

La epifanía: la chuleta. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.
La epifanía: la chuleta. Restaurante El Esquinazo. La Laguna (Tenerife). Fotos: Xavier Agulló.

Puestos ya en mesa, y con la promesa de una “horizontal” de Bodegas El Sitio (varietales prefiloxéricas en Tacoronte, Tenerife) no obstante la cuidada carta de vinos peninsulares, dejamos brotar el Malvasía Aromática para empezar a tomar contacto organoléptico con un chimichurri de enamoradiza cremosidad, una crema de aguacates tinerfeños y el detalle de unas olivas sféricas.

El primer apunte, una versión osada del desayuno canario, un revuelto de gofio con azúcar invertido y almogrote. Provocador, sin duda… Prosigamos. Las sardinas de Santoña, pletóricas, mórbidas, descansan sobre unos pimientos asados y se alegran con el señorío del vinagre macho en caviar. Para celebrar la primera parte del menú, una especie de tiradito de salmón y pex mantequilla con papaya, fresas y berros, frescura que reforzaremos con un helado de mojito, línea de salida hacia la concupiscencia y la sicalipsis desatadas.

El tartare, prácticamente a pelo, sólo con un ligerísimo toque de mostaza, de caviar de soja y de unas estoicas virutas de foie gras para matizar la emoción. La carne en su munificencia, la untuosidad como patria

De menos a más. De “horizontal” (acaba de aparecer el Vijariego Negro) a “horizontal” (el buey Lyo de un año de maduración: carpaccio para perder el norte entre suavidades y erotismos, y, francamente, ni hace falta el ligero toque de crema de trufa… A veces el “integrismo” es una virtud, y así lo expresa Baudilio con el tartare, que viene prácticamente a pelo, sólo con un ligerísimo toque de mostaza, de caviar de soja y de unas estoicas virutas de foie gras para matizar la emoción. La carne en su munificencia, la untuosidad como patria.

Llega por fin el gran momento, anunciado estentóreamente por el Baboso Negro: la chuleta. Y el mundo se trastoca. Con un enloquecedor punto de parrilla… Fundencias y tersuras, noblezas ecuestres, delicado umami, expresionismo abstracto…
Y entonces ya es el realismo mágico

El Esquinazo
Marqués de Celada, 15

Tel. 922 28 98 57
San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)
Cierra el lunes
Precio medio: depende de la pieza de carne que pidas y de su maduración

 

Instalados ya en la Fase 2, me propongo recuperar el relato de algunos de los restaurantes que visité antes del “estallido”. Empezando por este peruano mucho más que notable que enaltece el Sur de Tenerife y ya está abierto. Fina y precisa la mano de la chef, Rosalía Díaz

Música recomendada: Leaving of Liverpool (Shane Macgowan)

Brilla entusiasta el sol sobre Los Cristianos en este mediodía que está pidiendo a gritos una cerveza helada. O dos. Finalmente, la fresca terraza del Qapaq se hace realidad y la densa espuma en los labios aleja definitivamente de la mente la caliginosa forja urbana.

Rosalía, la cocinera, no es poca cosa. Aunque ya hace 13 años que vive en la isla, donde se ha prodigado en diversos restaurantes y hoteles de lujo sureños, se formó en su Perú natal con el gran Gastón Acurio, en el Astrid y Gastón de Lima y, por si esto fuera poco, entró en España por Lasarte, sí, con Martin Berasategui. Estas dos circunstancias le han conferido, a saber: un profundo e ilustrado conocimiento de las tradiciones y cosmopolitismos peruanos, mucho más allá de la sota, el caballo y el rey; y todas los conceptos y técnicas y gestión culinaria y uso de gran producto de la más afilada y exigente cocina contemporánea. Armada de esta suerte, se decidió el pasado año por fin. Y se hizo Qapaq (“poderoso y noble”, y también “oloroso”, en quechua).

Ceviches, tiradito, causas. Restaurante Qapaq. Los Cristianos. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.
Ceviches, tiradito, causas. Restaurante Qapaq. Los Cristianos. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.

Por tanto, colegas, mucho más que ceviches. El fino estilete de Rosalía no tiembla sin embargo con la famosa receta, que en sus manos adquiere tintes gloriosos y hasta extravagantes, si es que somos carne de peruano al uso. Sí, los ceviches de Qapaq son un viaje inmediato a la garúa limeña: el clásico de lubina, con poderosa leche de tigre, batata, cancha, ají, cebolla y cilantro se ofrece impecable y equilibrado; y el de langostino, mejillón, calamar, pulpo, leche de tigre, ají, batata y parchita, brillante y lenitivo como el mar que transcurre más allá, hacia la playa de Las Américas.

Se nota que en la cocina de Qapaq hay mucha diversión, mucha alegría, mucha intensidad. Pero con el rigor berasateguiano, por supuesto. Véanse el tiradito de salmón y los calamares rebozados a la limeña, que se deben alegrar “digitalmente” con las salsas de ají (amarillo y panca). Naturalmente, las causas limeñas, obligadas no sólo por cultura gastronómica peruana, sino por ser Tenerife productor de las exquisitas papas antiguas originarias de allí desde hace 500 años y siguiendo. Tremendo trío: de ventresca atún y espinacas; de pollo y ají amarillo; y de pulpo y pimiento asado con crema de aguacate.

Restaurante. Lomo. Anticucho. Picarones. Restaurante Qapaq. Los Cristianos. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.
Restaurante. Lomo. Anticucho. Picarones. Restaurante Qapaq. Los Cristianos. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.

Fiesta sensorial. Y refinamiento: ejemplares las gyozas de ají de gallina, concreción y ensoñación. Y contundencia picosa: anticuchos de pollo, tío, poderosos.
La entrada al mundo chifa y al espectacular wok de hierro se celebra con el afamado lomo saltado, en este caso de la parte del solomillo, porque aquí se vuela alto con la materia prima. Y con el arroz chaufa con langostinos y pollo de corral, todo un ejercicio de precisión en las cocciones.

En tiempo dulce la cosa no baja. Estudiar un tiempo con Paco Torreblanca es lo que tiene… Sopa de lúcuma acariciando un bizcocho de almendras tocado de helado de mascarpone. Frescor y diversidad al que sigue un cheesecake de alta cremosidad sonriendo de helado de mango. Como final nostálgico, unos picarones (“recuerdo cuando los comía de niña, en la calle”), rosquillas a base de harina, calabaza y batata bañados en miel de palma (guarapo gomero) en vez de la panela sudamericana.
Muy remarcable, el Qapaq.

Qapaq
Avenida La Habana, 14

Los Cristianos. Arona. Tenerife
Tel.: 922 52 81 44
Cierra: lunes
Precio medio: 35 euros

Undécimo día de confinamiento bajo el Teide. Tras la infinita tormenta de dos días, se levantó el telón de nubes y apareció la gran montaña completamente nevada. Y hoy luce el sol. Volemos pues sin que importe el norte…

La Guancha. Martes, 24 de marzo de 2020
Música recomendada: Lucky man (EL&P)

Tantos, tantos años volando sin ir a ningún sitio. El viejo encargado del avión del Tibidabo, viendo como los niños pasaban de largo su atracción para vivir aventuras más vertiginosas en máquinas más modernas y excitantes, pensaba en los viejos tiempos, cuando aquel avión, su avión, era la sensación del parque. Para muchos, en otras épocas, el breve recorrido circular del aeroplano de pega había sido la primera experiencia aeronáutica. Ahora, en una época de aviones supersónicos y realidades virtuales, el añejo artefacto volador era tan sólo una antigualla que ya no emocionaba a nadie. Pero, para él, constituía toda su vida. Un mundo volante que le había mostrada el panorama cambiante de la ciudad a través de los años. Un universo de recuerdos. Un espacio angosto pero lleno de ilusión, felicidad y locos sueños de países y paisajes ignotos y exóticos. Porque, irónicamente, jamás había subido a un avión de verdad. Cierto que sus hijos habían insistido muchas veces, años atrás, en llevarle con ellos de viaje; pero él prefería las vueltas a su mundo de fantasía, un mundo que vivía en el interior de la cabina, dentro de su cabeza, mientras resonaban a su alrededor los grititos excitados de los niños.

El parque de atracciones, aquella tarde previa al día de Navidad, estaba repleto de risas y colores que desafiaban al frío. Pero, a pesar de las multitudes que llenaban el Tibidabo, él seguía, solitario, junto a su adorado avión. Sólo, de vez en cuando, se acercaban algunos curiosos. En todo lo que llevaba de tarde había realizado tres viajes. Y con el aeroplano medio vacío. Además, no soportaba ver la cara de decepción y, en algunos casos, hastío que mostraban los clientes al abandonar la atracción. ¿Qué se esperaban? Seguramente, algo más parecido a una nave espacial.

Poco a poco, con la caída de la tarde y la llegada de la oscuridad, el flujo de personas empezó a disminuir. Era Nochebuena, y la mayoría se apresurarían hacia cálidas cenas en familia. Recordó, entonces, su soledad. Sus hijos estaban de viaje, y su horizonte para aquella noche no iba más allá de una vulgar cena y un empacho de especiales de televisión. Sin darse cuenta, llegó la hora de cerrar. Miró a su alrededor y ya no vio a nadie. Siempre era el último. Lentamente, cumpliendo un ritual que le había acompañado a lo largo de los años, montó en el avión para comprobar los desperfectos del día y dar una última vuelta sin testigos.

Al día siguiente, Navidad, ninguno de los responsables del parque pudo explicarlo. Se habló de robo, acaso un romántico y audaz coleccionista; de una efectista campaña de publicidad; hasta de ovnis.
Increíblemente, el avión había desaparecido.

El Teide, esta mañana. La Guancha. Tenerife. Islas Canarias. Foto: Xavier Agulló.
El Teide, esta mañana. La Guancha. Tenerife. Islas Canarias. Foto: Xavier Agulló.

Sexto día de confinamiento en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide). Vuelve esa bruma sin forma, dejándonos en medio de una calma chicha sin norte, flotando en una nada gris y lluviosa… Y la remota historia del pintor japonés se nos antoja más que un sueño…

La Guancha. Jueves, 19 de marzo de 2020
Música recomendada: Lonely avenue (The Animals)

En una región húmeda y verde, sonriente y siempre primaveral de la inmensa China, nació el extraño pintor Notcha.
Vamos a contar una curiosa historia de ese pintor chino que, en tiempos ya lejanos huyó del palacio imperial sin que nunca nadie haya sabido de él.
Su vida de niño había sido siempre alegre entre prados y blancos árboles floridos. ¡La aldea, la dulce aldea, sus viejos padres campesinos, el río transparente entre cañaverales de bambú…!

Aquello era todo su gozo y toda su vida. Hasta cuando dormía sonreía soñando en la luz de cristal de sus campos.
Desde muy pequeño dibujaba los peces y los pájaros en las piedras lavadas del río, y los rebaños y pastores en las maderas de los establos. El yeso y el carbón eran lápices mágicos en sus manitas de niño.
Notcha creció. En las alquerías y en los pueblos próximos todos hablaban de Notcha. Mucha gente venía por los caminos para ver las obras preciosas del joven artista. La fama de su mérito fue creciendo, hasta llegar al palacio del emperador.

Un día el emperador llamó a Notcha. Notcha se arrodilló tres veces ante el Hijo del Cielo, y tocó tres veces el suelo con su frente. El Emperador le dijo:
-Te quedarás aquí y trabajarás para adornar los corredores y los salones del palacio. Ya he mandado que te preparen en una de las salas, tu taller, bien provisto de colores y lacas y ricas maderas. Tu vida cambiará desde hoy. Ya no volverás al lugar donde naciste.

Notcha estaba triste. Ya no podría ver su casa en la dulce aldea blanca de árboles florecidos a la orilla del río tembloroso de brisa. Tendría que contentarse con soñar la alegría del campo en las cerradas salas de palacio decoradas con barbados dragones de piedra.
Trabajaba sin descanso para agradar al Emperador. Sus pinturas llenaban los biombos lacados. Las puertas de madera y de hierro y los muros de los templos y salones imperiales. Pero su pensamiento volaba hacia las bellas tierras húmedas donde había vivido feliz.

Notcha había hecho su mejor obra; la que llevaba siempre en su pensamiento y en su sueño. A él no le parecía una pintura de su región, sino su región misma recogida en el cuadro como un milagro

Un día Notcha pintó un gran cuadro maravilloso: el transparente cielo de su infancia, el campo, los prados, el puentecillo de estacas en el río bordeado de bambúes y enebros, la blanca aldea a lo lejos entre vuelos de patos salvajes, un rojo sol de aurora y un verde limpio de yerba húmeda.
Un gran cuadro maravilloso, acudían a verlo príncipes y mandarines. Colgado en un lujoso salón del palacio, parecía una ventana abierta en el recio muro frente al más delicioso y sereno paisaje campesino.
Notcha había hecho su mejor obra; la que llevaba siempre en su pensamiento y en su sueño. A él no le parecía una pintura de su región, sino su región misma recogida en el cuadro como un milagro. Por eso habría pasado largas horas frente a él aspirando su aire limpio y fragante, pero el pintor esclavo no podía entrar en las grandes salas destinadas a fiestas y recepciones de príncipes y nobles. Él había de vivir en su taller olvidado de todos.

Notcha espiaba siempre para poder ver su cuadro a través de las puertas entreabiertas. Un día, ausentes guardianes y criados, entro muy despacio, descolgó el campo verde y se lo llevó por corredores oscuros para esconderlo en su taller donde podía contemplarlo ilusionado.
La voz de alarma resonó imponente en el palacio y se extendió por toda la ciudad. La pintura maravillosa había desaparecido. El Emperador estaba furioso y amenazador. Mil soldados buscaron al ladrón. Llegaron a todas las casas y a todos los rincones. Por fin hallaron el cuadro en el taller de Notcha, escondido detrás de un gran tibor entre tablas y lienzos.
El Emperador mandó encarcelar a Notcha y le ordenó que siguiera pintando cuadros en la prisión para adornar su palacio.
Notcha no podía pintar. Le faltaba luz a sus ojos y alegría a su alma.
Entonces lo llamó el Emperador y le dijo:

-Vendrás otra vez a vivir y a trabajar en palacio. Para que te contentes te dejaré a solar con tu cuadro unos momentos cada día, pero si intentas algo que pueda enojarme serás castigado sin compasión.

Notcha continuó su trabajo. Cada día se le ensanchaba el alma de esperanza frente al campo libre de su verde país. Después seguía sufriendo la pesada tristeza del palacio imperial.
Un día ya no pudo resistir más, se encontraba solo en la amplia sala, ante el paisaje suyo, mirándolo con grandes ojos muy abiertos. Su aldea, su aldea verde y luminosa; ancho el campo para correr sin llegar al fin, para abrazarse a los árboles, para cantar con el viento y oír su murmullo en los cañaverales de bambú…, para huir de este otro mundo negro y pesado como una cárcel. Sí, ancho el campo, allí cerca, blancos de prados, para pisarlo para correr allá con los brazos abiertos como alas…Y Notcha se acercó, se acercó, dio un pequeño salto, se metió en el cuadro, en el campo, en los prados, sin buscar los caminos, corriendo, corriendo, sin descanso, alejándose, haciéndose poco a poco pequeño, pequeñito, hasta perderse en el horizonte azul…

Cuando los guardianes entraron para retirar a Notcha no lo encontraron. El emperador se enfureció. Era imposible que hubiera salido de allí sin ser visto. Un sabio mandarín encontró la explicación del misterio.
Notcha había huido por el cuadro, metiéndose y corriendo por el paisaje que había pintado. Aún se veían las huellas de sus pisadas en la hierba húmeda de los prados.

Quinto día de confinamiento en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide). Hoy el sol parece más hospitalario a pesar de la pegajosa promiscuidad de las nubes bajas. Un buen día para leer esta metáfora del encierro que escribí hace unos años…

La Guancha. Miércoles, 18 de marzo de 2020
Música recomendada: Let’s stick together (Bryan Ferry)

Estaba a punto de entrar en el portal de su casa cuando sintió un extraño cosquilleo en la nuca. Se giró, pensando que había alguien observándolo por detrás, pero no, la calle estaba vacía. Y oscura. Debía ser el propio cansancio tras un largo día de trabajo. Mecánicamente, puso la mano en el bolsillo de su pantalón en busca de su llavero cuando algo le llamó la atención más allá del rabillo de su ojo.

Una luz mortecina, al otro lado de la calle. Ahí no había nada. Volvió a girar su cabeza para cerciorarse. Y, en efecto, allí estaba la luz. Surgía de un viejo local que… que siempre había recordado cerrado. ¡Qué extraño! Puso la llave en la cerradura pero, a pesar de sus ganas de llegar a la cama, su mirada se desvió de nuevo hacia el otro lado. Parecía que la tienda estaba todavía abierta. Volvió a guardar las llaves y atravesó la calle en dirección a la luz. Efectivamente, la tienda estaba abierta. Era un anticuario. Inexplicable. Llevaba 20 años viviendo en aquel barrio y jamás se había dado cuenta de que allí había un anticuario. No; realmente es que allí nunca había habido una tienda abierta. Sea como fuere, entró: más que un anticuario, aquello parecía el almacén de un trapero. A los pocos segundos, mientras sus ojos resbalaban por muebles viejos, cuadros polvorientos y candelabros anacrónicos, apareció un viejo sonriente y solícito. No, no quería comprar nada, sólo había entrado por curiosidad. ¿Cuándo había abierto? Sin responder claramente, el viejo le llevó hacia un viejo aparador de cristal. Dentro había, entre diversos objetos de adorno, una vieja bola de agua de esas que se agitan y crean afecto de nieve. La miró fijamente. Sintió una rara sensación en el estómago. Dentro de la bola se escenificaba una habitación, exactamente igual que la suya. Cerró los ojos y volvió a mirar. Exactamente igual que la suya.

Ya en su casa, metido en la cama, observó con atención la bola. ¡Qué singular! La agitó y los pequeñitos copos de nieve llenaron morosamente la esfera, cayendo lentamente sobre los diminutos muebles. Otra cosa que no entendía: no había agujero por dónde meter el agua. ¿Cómo lo habrían hecho? Desde luego, era una verdadera obra de arte. La depositó en su mesilla de noche y se durmió.

Se despertó, violentamente, de madrugada. Todo se movía. Intentó salir de la cama sin conseguirlo. Y, de repente, empezó a nevar en la habitación.

Cuarto día de confinamiento en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide); la bruma aguarda tras las cristaleras del salón en este norte frío e inconcreto, con el puerto de partida ya olvidado y sin horizonte ni destino. Naufrago en esta pesada niebla que lo envuelve todo, el tiempo gira loco, sin timón…