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Me hace llegar Berthe Huchin (Charcuterie Fine Maison Huchin, en Cologne, junto al brumoso Calais) unas muestras de sus productos distintivos, que ahora mismo está empezando a distribuir en España. Boudins tradicionales (el blanco) y sofisticados (los mismos blancos con foie gras de pato o trufa negra), patés de alcurnia y el monumental potjevlesch, remota terrina de cuatro carnes nobles ‘pour epater le foodie’. Pura historia sin mistificar: “Son las mismas recetas que hacía mi abuelo”.

Música recomendada: Hey Joe (Johnny Hallyday)

Fue en 1936 cuando comenzó el mito (el abuelo), tras los principios en el negocio alimentario de la familia Huchin a principios de los felices años 20. De su erudición y sus manos brotaron las chacinas que hoy, sus descendientes, tan sólo con un respetuoso aggirnamento, están ubicando en la restauración y la clientela que busca más allá de lo adocenado.

De esta suerte, una receta tan espectacular como desconocida aquí, el potjevlesch, una terrina con sólo los cortes más nobles de carnes de cerdo, pollo, conejo y ternera cocinados en sus propios jugos, se propone como punta de lanza de todos sus productos. Las carnes, vinagre, gelatina… Ingredientes para una exquisitez -delicada textura y refinado sabor- de artesanía sin concesiones que, se dice (aunque hay reclamaciones desde Bélgica), surgió en Dunquerque en la Edad Media, y que debe degustarse fría, a pelo o con patatas.

Los patés de Maison Huchin. Foto: Rosa Bernadres.
Los patés de Maison Huchin. Foto: Rosa Bernadres.

Antes de entrar en la munificencia del potjevlesch, sin embargo, pruebo el paté de cerdo ‘Le bourgeois du Nord’, el más montaraz de la familia Huchin, sabores potentes en textura no obstante refinada. Y el paté ‘à la Louche’, una pieza de artesanía que cuenta con foie fresco de cerdo y especias trabajados a mano para conseguir el sabor ancestral del norte de Francia en una textura casi de mousse.

Potjevlesch de Maison Huchin. Foto: Rosa Bernardes.
Potjevlesch de Maison Huchin. Foto: Rosa Bernardes.

Todo ello, antes de acometer las salchichas Maison Huchin (premiadísimas, por cierto). Su boudin blanco es cremoso, subyugador; pero sin duda la gran estrella es el boudin blanco al foie gras de pato, de una rara sofisticación y grácil equilibrio. Y luego está el boudin blanc con trufa negra, más perfumado, otro hit en mesas con enjundia. Todos ellos, pasados por la plancha o la sartén sin nada -en mi caso, siempre buscando sinergias, con el magnífico membrillo de Panyola, en Hungría, las mermeladas y jaleas más alucinadas que probé en mi vida, sin azúcar, sólo muñeca, gracias a Orsolya Madary y Barbara Balogh- o con compota de manzana. El champagne no es obligado, pero, ya tú me entiendes…

Me dicen los Huchin que estas especialidades tienen mucho que ver con las fiestas de Navidad; pero, qué caramba, tal como está el patio, no me importa hacer de cada día una fiesta.

Maison Huchin
Berthe Huchin (España)

https://lnkd.in/dv935WK2
contacto@maisonhuchin.com

Me llaman los responsables de esta nueva marca -Santa Brisa- para hablarme de su margarita, el famoso cóctel mexicano a base de tequila blanca, triple sec (o algún licor de naranja) y zumo de limón, esta bebida tan peliculera y que nos lleva, con sólo oír su nombre, a ensoñadores atardeceres junto a un mar cálido. Mmm. Y me dicen Miguel Oehling -zaragozano afincado en Los Ángels pero con muchos años en México- y su mujer, Ann-Sophie Hantzsche, que han logrado embotellar el mito con el concurso del director de mixología de Rosetta, afamado restaurante con Estrella Michelin del DF. Caramba.

Música recomendada: I get a kick out of you (Frank Sinatra)

Lo siguiente es recibir la botella en casa. No tardo demasiado -el tiempo siempre apremia ante lo que me prometen será un muy buen trago- en refrescar la botella, preparar un platito con sal, mojar el borde de la copa con limón para rebozar y, con generoso hielo, imaginar que las calles de Gracia (Barcelona) que se me ofrecen a través de los ventanales de mi apartamento son aquel Acapulco mítico de los años 60, cuando un margarita a la caída del sol frente al océano se nos antojaba el máximo lujo posible.

Un margarita Santa Brisa transformando Gracia en Acapulco...
Un margarita Santa Brisa transformando Gracia en Acapulco…

Con el tercer sorbo ya me siento como un jet setter vintage apoltronado en el hotel Flamingos y, con el cuarto, hasta me parece vislumbrar a los clavadistas de La Quebrada fardando al fondo, en la plaza Lesseps. Me pongo el disco de Frank Sinatra en directo el Sands y acometo la segunda tirada porque, oye, son dos días y dicen que mañana vuelven las lluvias.

Con la segunda copa se hace patente el delicado equilibrio de la receta, que busca más el glamour que la tralla alcohólica. Suave y limpio balance entre el tequila blanco artesanal 100 % agave azul, elaborado a partir de agaves cocidos lentamente en hornos de mampostería, la lima fresca de Michoacán, el licor de naranja natural y el sirope de agave orgánico.

Un cóctel ready-to-share que contiene la mitología pero la dispensa con elegancia. Me parece una solución eficaz (sin perder esencia) y con clase para tener en la nevera y, sin esfuerzo, alegrar un mediodía indolente o una cocktail hour apasionada.

Margarita Santa Brisa
La encontrarás en tiendas gourmet de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Baleares. El listado actualizado de puntos de venta puede consultarse en su página web:
www.santabrisa.com/@santabrisa

80 restaurantes con 80 miradas distintas de chefs de Europa y Brasil. Todos ellos visitados, aprehendidos y disfrutados en un 2025 vertiginoso ‘à bout de souffle’.

Visitas sin ningún miramiento ni sesgo. Desde chefs y estrellas mundiales hasta sencillas (y atareadas) barras o botecos indeclinables. Tirios y troyanos. Cocineros capaces de traducir fielmente sus paisajes en el plato, jóvenes emergentes, históricos que nos hacen soñar sin tiempo, creatividades sorprendentes, tradiciones de futuro, vindicaciones estilosas, fusiones inteligentes, productos epifánicos, descubrimientos asombrosos… Todos fascinantes en su clase, porque viajamos sin pódiums ni lentejuelas en la impedimenta, buscando tan sólo -como diría Ferran Adrià, “la magia”. Y, recorriendo la trayectoria entera, mucho rock ‘n’ roll y más alborozo.

80 restaurantes (ordenados en neutral orden alfabético) que destacan entre los muchos otros compartidos con amigos y colegas, entre birras, chopps, vinos y burbujas, entre mediodías indolentes de terraza y noches furiosas de pasión…
Pump up the volume!

Los 80 Top de Xavier Agulló 2025. España. Fotos: Gastrophoto_

España

Absis (Barcelona)
Antiquari Gastronòmic (Barcelona)
Bar Pietro (Barcelona)
Barbudo (Madrid)
Bodega Rosell (Madrid)
Brisa Marina (Lanzarote)
Casa Leopoldo (Barcelona)
Casa Luz (Barcelona)
Casa López (Barcelona)
Casa Rioja (Valencia)
Casa Romántica (Gran Canaria)
China Crown (Barcelona)
Coque (Madrid)
El Boquerón (Madrid)
El Pellizco (Fuerteventura)
Enigma (Barcelona)
Esperit Roca (Girona)
Ganbara (San Sebastián)
Gelato Collection (Barcelona)
Gloria Osteria (Barcelona)
Gurí (Barcelona)
Haydée (Tenerife)
Hermanos Vinagre (Madrid)
Kresala (Barcelona)
L’Os Panda (Barcelona)
Lao Tou (Madrid)
Los Caracoles Casa Amadeo (Madrid)
Macambo (Barcelona)
Mandarin Palace (Barcelona)
Palacio Ico (Lanzarote)
Roig Robí (Barcelona)
San Kil (Barcelona)
Tapeo (Barcelona)
Vint-i-quatre (Barcelona)

Los 80 Top de Xavier Agulló 2025. Brasil. Fotos: Gastrophoto_
Los 80 Top de Xavier Agulló 2025. Brasil. Fotos: Gastrophoto_

Brasil

Aconchego Carioca (Rio de Janeiro)
Adega Pérola (Rio de Janeiro)
Angá (Patrópolis)
Arrastapé (Rio de Janeiro)
Babbo Osteria (Rio de Janeiro)
Balcao 201 (Rio de Janeiro)
Bar do Momo (Rio de Janeiro)
Bonaccia (Petrópolis)
Cachambeer (Rio de Janeiro)
Capiau (Rio de Janeiro)
Carioca cevicheria (Rio de Janeiro)
Churrascaria Palace (Rio de Janeiro)
Cipriani (Rio de Janeiro)
Cotovelo (Rio de Janeiro)
Doce Brisa (Rio de Janeiro)
Empório Jardim (Rio de Janeiro)
Fixi (Arraial do Cabo)
Francese Brasserie (Rio de Janeiro)
Gastromotiva (Rio de Janeiro)
Giuseppe Grill (Rio de Janeiro)
Instituto Bazzar (Rio de Janeiro)
Jobi (Rio de Janeiro)
Labuta Brasa (Rio de Janeiro)
Lasai (Rio de Janeiro)
Lilia (Rio de Janeiro)
Liz Cocktails (Rio de Janeiro)
Madame Olympe (Rio de Janeiro)
Marine Restó Hotel Fairmont (Rio de Janeiro)
Mee (Rio de Janeiro)
Ocya Ilha (Rio de Janeiro)
Ofelia (Rio de Janeiro)
Oro (Rio de Janeiro)
Oteque (Rio de Janeiro)
Padaria Ipanema (Rio de Janeiro)
Pato com Laranja (Rio de Janeiro)
Pedra do Leme (Rio de Janeiro)
Polvo Marisqueria (Rio de Janeiro)
Quinta da Henriqueta (Rio de Janeiro)
Quitéria (Rio de Janeiro)
Rudä (Rio de Janeiro)
San Omakase (Rio de Janeiro)
Tijolada (Rio de Janeiro)
Toto (Rio de Janeiro)
Tregua (Rio de Janeiro)
Yaya Comidaria Pop (Rio de Janeiro)

Los 80 Top de Xavier Agulló 2025. Italia. Fotos: Gastrophoto_
Los 80 Top de Xavier Agulló 2025. Italia. Fotos: Gastrophoto_

Itália

Grillo Fuoco e Materia (Milano)

Su genética y entorno familiar son coreanos; su vida, Barcelona, donde nació; su trayectoria profesional, las cocinas triestrelladas de Disfrutar, Àbac o Azurmendi. Tremenda mixtura que el chef Kiwon Kim, hijo del restaurante San Kil (un veterano de la cocina coreana en Gracia, Barcelona), está transformando desde la pura Corea de sus padres hacia otros horizontes donde los cánones asiáticos se reflejan en los mundos y virtuosismos contemporáneos de aquí.

Kiwon Kim no ha renunciado a Corea. Lo que ha hecho es, a partir de las enseñanzas tradicionales de sus padres, jubilados del restaurante hace un par de años, mirarlas desde la privilegiada óptica que le han conferido sus ‘amistades’ con algunos de los mejores chefs de España (por no decir del mundo). Sin locuras, sin gestos estrafalarios, sin pedantería. Au contraire, con respeto al espíritu y los fondos, pero dotándolos de clase culinaria, de finos mestizajes y de medida libertad compositiva (que no libertinaje).

San Kil. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
San Kil. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

El restaurante luce como siempre, como un normal asiático de barrio; lo diferencial está en la mente y las muñecas de Kiwon. En el plato. El banchan (contorni habitual en la cocina coreana) es el habitual: encurtidos (sazonados) de pepino, berenjena y nabo, más, por supuesto, el kimchi. Destaca no obstante su refinamiento, más europeo que asiático.

Se comienzan a ver las maneras alternativas de Kiwon con las croquetas: de kimchi y de costilla de ternera. Frito perfecto, delicado, y masa cremosamente afinada. Y sabor. Otra forma de entrar en el imaginario coreano… Las gyozas (mandu) de cerdo, otra vez, se exhiben con un crujiente intachable.

Más osado es, desde luego, su tartare de atún, una elaboración singular (lo que ya es decir con la ubicuidad de esta receta) que nos deja atisbar futuros menos convencionales en el San Kil: el atún (yellow fin) se mezcla con un ajoblanco de lichi (peculiar sensación dulce) y se corona con un helado de aceite de oliva, una presentación que rompe fronteras organolépticas.

San Kil. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
San Kil. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Ese toque dulce, tan característico de las cocina asiáticas, vuelve a descararse en el tartare de ternera, que se enamora del gochujang (espléndida salsa fundacional coreana fermentada de chile, arroz y soja con mucho umami y sutiles destellos frutales) y de la pera, acompañado de pan chino.

El pollo frito de Kiwon, más canónico, es puro gozo, tocado de gochujang y miel y con un crujiente morboso. Espectáculo. Y otro clásico coreano: la tortilla de kimchi, potente pero elegante.
También dentro de la tradición, el delicioso jachep, fideos de boniato con verduras y ternera, para disfrutar sin límites.

Saliéndose otra vez de la norma, Kiwon propone ahora un canelón de carrillera de ternera a baja temperatura con crema de boniato y copete de setas, ejemplo virtuoso de como se pueden aliar culturas culinarias para conseguir sensaciones distintas.
Como final, el hottok (panqueque coreano) relleno de cacahuete, panela y miel y refrescado con un helado de leche ahumada.

Me dice Kiwon al despedirse que no ha podido ofrecerme más de sus muchos platos personales y nuevos debido a que el restaurante estaba a tope. Pero tiempo habrá.
Porque está claro que lo que he vivido hoy es sólo un principio…

San Kil
Legalitat, 22

Barcelona
Tel. 932 84 41 79
Cierra domingo y lunes
Precio medio: 35 euros

No debe inquietar el exceso visual (y espacial) que te recibe en el Gloria Osteria: es sólo el envoltorio (un tanto kitschoso, esto sí) de una cocina que, con los mínimos alardes, fotografía con precisión una correctísima -y veces hasta brillante- cocina italiana moviéndose con swing desde la tradición hasta medidos destellos lujosos. Detrás de todo, el exitoso grupo internacional Mamma Mia y, sobre todo, el chef ejecutivo, Daniele Tasso, que a pesar de dar 3000 cubiertos a la semana, mantiene el pulso firme desde los antipasti hasta los postres.

La frontera entre el glamour y la demasía son difusos en el Gloria Osteria (el gigantesco local donde fracasaron los hermanos Iglesias en su alianza con los Messi), un espacio de dos plantas generosas y jardín inabarcable (sin uso hostelero) que se mira en una opulenta versión art decó llena de espejos, grandes figuras de perros, fantasiosas lámparas colgantes de Murano… Un desenfreno óptico que, no obstante, juega en lo alto con discretas y pequeñas mesitas, vajilla hecha a mano, servicio rápido y competente y una cocina afinada y aplomada.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Podría parecer que, en un restaurante de estas proporciones, lo puramente comercial machacaría a lo gastronómico; pero no es así. Gloria Osteria demuestra que se puede hacer buena cocina aun con gran volumen (véase Nandu Jubany, uno de los pioneros de la maximización culinaria de alta calidad en sus banquetes y bodas).

Daniele Tasso no falla. Buen conocedor de la tradición italiana por su familia (panaderos y pasteleros genoveses), sus platos son, primero, honestos, y después, perfectamente ajustados y presentados. No se deben buscar creatividad ni virguerías aquí, sino muy buen producto (todo, excepto lo fresco, llega diariamente de Italia, y la pasta, el pan y los helados se hacen in situ) y unos puntos exactos. Digamos ahora que el precio medio se sitúa en los 45 euros, lo que todavía engrandece más la propuesta.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Con la luz entrando a raudales por la gran cristalera que da al jardín, y con un servicio de orden ejemplar, llega lo primero a la mesa: el tonno tonnato, unas láminas de atún rojo Balfegó con salsa tonnata y alcaparras. Una entrada fresca y equilibrada. Los arancini de queso con trufa son otro ejemplo de sencillez vestida de elegancia. Y la burrata, cremosa y cremosa, acompañada de un pesto de pistachos (servida con pan carasau), cierra esta, digamos, gozosa bienvenida a Italia.

Llega la cesta de pan (grissini al pecorino, focaccia, pan de aceitunas, todo maison) y, con ella, el lujazo de una ensaladilla (‘lobster rusa’) con cangrejo real, langosta en crudo y hierbas frescas, bautizada en directo con un gazpacho de peperoncini y pepino. Extática.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Volviendo a las raíces italianas: risotto de porcini (y setas japonesas) fino, boscoso, envolvente. Spaguetti a metro con salsa de tomate (San Marzano, daterini y tradicional). Mantecados en gueridón con parmiggiano. Epifánicos.
Tagliolini al nero di seppia con sepia, atún fresco y ese cosquilleante toque cítrico. Y me da a probar Daniele uno de los muchos contorni de la carta: las setas de cardo glaseadas con tomillo.

Me quedan por degustar un montón de platos, las pizzas… Pero será en otra ocasión.
Aunque en ésta no delegué los postres, e hice bien. La tarta de chocolate con café y canela sobre cama de nata montada, una obscenidad; los profiteroles de helados cremosos (avellana, pistacho) bañados con chocolate; el flan de vainilla, otro hit; y el tiramisú, por supuesto, sicalíptico.

O sea, autenticidad y savoir faire a lo grande.

Gloria Osteria
Enric Granados, 86

Barcelona
Tel. 930 46 41 20
Siempre abierto
Precio medio: 45 euros

Lo primero que hay que decir, antes de empezar, es que Roberto Sihuay es un cocinero extraordinario. Su Perú, sin renunciar a los colores fuertes y diversos de su geografía sensorial, se explica a través de su talento culinario, su gusto en las cocciones y su clase en las elaboraciones. Un Perú sin disimulos que, no obstante, se siente cómodo en la finura, en la exquisitez, en el ‘más allá’. Esto es Macambo, su nuevo restaurante en Barcelona.

Ex cocinero de Virgilio en el Lima de Londres (entre otros locales propios en Barcelona e Ibiza, recordemos el fantástico Ceviche 103), Roberto tiene gestualidad refinada incluso con el clásico lomo saltado, esa popular receta limeña encriollada de China. Porque, con la dilatada historia mencionada, Sihuay es capaz de, partiendo de las tradiciones peruanas, andar caminos innovadores y delicados, diferentes, visiones personales y hasta sinápticas de su mundo organoléptico. Aunque el subtítulo de su restaurante es ‘alta cocina peruana’, no haría falta la tautología: Roberto es alta cocina.

Macambo. Barcelona.Fotos: Gastrophoto_
Macambo. Barcelona.Fotos: Gastrophoto_

Aposentado en Sant Gervasi, con dos plantas (completamente llenas el día de mi visita) y dos terrazas (exterior e interior), cocina abierta y bajo la dirección de su colega de aventuras cosmopolitas –Eduardo Fernández-, Macambo no es sólo una entrada triunfal propia en la ciudad de Roberto, sino “el principio de un proyecto más grande”, me dice. El año que viene abrirá dos restaurantes en Colombia: en Medellín y en Guatapé.

Sea como fuere, hoy no especularemos de futuro, sino que vibraremos de presente. Para comenzar, propone Sihuay unos uramakis de salmón con salsa anticuchera, langostino rebozado en panko y crocante de boniato, puro mestizaje. Conviene destacar que el Macambo luce atmósfera informal, y que Roberto se trae un montón de productos de Perú.

El ceviche de rocoto, con corvina, incorpora unos epifánicos chicharrones de calamar (merecen plato aparte por su precisa levedad) y podría ser la metáfora del elegante swing del chef.
El glamour llega ahora, con ese pan de Triticum que Sihuay rellena con una generosa mantequilla de olivas de botija y ajo asado. ¿Te lo imaginas?

Macambo. Barcelona.Fotos: Gastrophoto_
Macambo. Barcelona.Fotos: Gastrophoto_

Muestra de su memoria heterodoxa son las vieiras a la parmesana (versión de las peruanas conchas a la parmesana), con ají amarillo, con resultante sofisticada, toques quemados…
El lomo saltado (con rubia gallega) es otro de los símbolos del restaurante, de lacerante perfección, limpieza, estereofonía.

Viajamos ahora al Perú remoto con la carapulcra (a base de patatas secas hidratadas) coronada de un pulpo a la brasa con salsa anticuchera y la alegre picosidad del ají panca.
Y los picarones con miel de higos y helado de lúcuma, elaboración de las hermanas de Roberto, pasteleras de alto nivel y que nos llevan en volandas a la ensoñación peruana.
Roberto está de nuevo en la ciudad. Y espero que se quede.

Macambo
Laforja, 83

Tel. 934 30 54 47
Barcelona
Cierra domingo noche y lunes
Precio medio: 55 euros

Hacia bastantes años que no iba al Roig Robí (Barcelona), y no por falta de ganas, sino por las complicaciones logísticas de mi vida errante, hasta que un día me llamó Sonsoles Llorens, diseñadora y mujer de Joan Crosas, quien está al mando del restaurante desde el fallecimiento de la muy querida Mercé Navarro, su madre y la chef y fundadora del establecimiento. Ahí ya no fallé. Ocupando una mesa de esa deliciosa terraza interior, donde tanto vivimos en los tiempos del fulgor barcelonés, dejé que Joan alegrara mi mediodía. Y ya te digo, placeres gastronómicos concatenados con gran producto exquisitamente trabajado. Como siempre en esos últimos 43 años.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No ha pasado el tiempo en Roig Robí; o, mejor, ha pasado de la mejor manera. El restaurante luce como al principio, elegancia sobria, iluminación cuidada, los saloncitos discretos con mesas generosamente separadas y, por supuesto, la recoleta terraza. Testigo y protagonista de los cromáticos años ochenta y noventa, cuando todo resonaba en la ciudad, hoy (es martes) sigue prácticamente lleno y con mesas brillando de conspicuo personajes de la cultura barcelonesa. Como siempre.

Y como siempre también Joan. Su filosofía, heredada de su madre –“aunque ella era más creativamente audaz”, me habla-, de amor por la cocina expresado a través de las temporadas, sus productos, la gestión directa con el mercado –“ahora tengo un pescador que trabaja para mí, y me trae piezas excepcionales”- y el sutil cariño en las ejecuciones no se ha movido ni un ápice. Cocina catalana de relumbrón, de sabores límpidos y sugestivos, de contorni sencillos pero cronométricos, de pulcritud fina, en definitiva.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Resulta interesante reflexionar sobre el tiempo: las sensaciones (sabores, texturas, combinaciones, atmósfera) en Roig Robí siguen en el hedonismo natural de siempre, y, sin embargo, sabemos que aquellos platos no son éstos. La cocina, dirigida por Joan y con un equipo cosmopolita, ha sabido avanzar temporalmente manteniendo la ilusión de las magias recordadas. Es decir, los levísimos buñuelos de bacalao que estoy comiendo -uno de los hits desde los inicios- son aquellos, pero a la vez son otros. Actualizar y mejorar la nostalgia, porque fijo que los de ahora son mejores. Una caricia palatal, hermano.

Con esa estética de prístina limpieza que marcó Mercé, la verdad de Roig Robó no es especulativa. Ahí están esas anchoas refinadas, simplemente acostadas en pan con tomate. Excelentes. O la crema de calabaza, de elegante profundidad, tocada con papada crujiente.

Metáfora de una ideología que busca el alma del producto desde lo ontológico son las setas (níscalos, boletus y llanega negra), brevemente salteadas a pelo, una sinestesia instantánea del bosque.
Gourmand, también. He aquí los macarrones gratinados con setas de san Jorge y cerdo, en los que el placer directo se sutiliza con mucho chic.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

El tartare de lubina y gambas, de lúbrica y grasa factura, es uno de los tops del menú, chispeante de huevas de trucha. Y mucha clase el hummus topeado con pulpo a la brasa.
Fino y exacto el rodaballo marcado en brasa minimalistamente acompañada de una finas y crujientes patatas. La sofisticación de la sencillez. Por fin, el clásico steak tartare con quenelle de mascarpone y mostaza antigua, quién le diría que no.

No puedo evitar, porque se creó como homenaje a mi querida Imma Crosas (cocinera, hermana de Joan y ex chef de Roig Robí), el babá al ron flambeado en directo, un inevitable recuerdo de los viejos tiempos que fatigamos juntos.

Epílogo. Sentarse en el Roig Robí no es sólo un pensamiento proustiano. Es un gozoso paseo por lo más actual y noble de la cocina catalana.

Roig Robí
Séneca, 20

Barcelona
Tel. 932 18 92 22
Cierra sábado mediodía y domingo
Precio medio: 60 euros

El chef y activista social João Diamante (Rio de Janeiro, Brasil), seleccionado para el Basque Culinary World Prize 2025, me invitó a conocer uno de sus cursos, el de bartender, en el Hotel Rio Othon Palace, Copacabana, lugar donde, con todo el apoyo del establecimiento y sus proveedores, consigue formar gratuitamente a jóvenes en fragilidad (comunidades, favelas) con diferentes cursos de hostelería que van sucediéndose cada mes.

“Para mí es muy importante realizar los cursos fuera de la favela, en un gran hotel en plena zona Sur, porque así les puedo mostrar a los alumnos, además de la enseñanza académica, que hay otro mundo donde pueden desarrollarse humana y profesionalmente”. Me lo cuenta Diamante mientras desayunamos en el comedor del hotel –“aquí también desayunan, gratuitamente, mis alumnos, y además, cuando acaban las clases, se les da un almuerzo antes de que regresen a sus comunidades, a menudo muy lejanas de aquí”.

Desde el aula se ven desde la famosa playa de Copacabana hasta la favela, colgada en la montaña. Dos mundos cuyas fronteras quiere borar Diamante. Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Xavier Agulló.
Desde el aula se ven desde la famosa playa de Copacabana hasta la favela, colgada en la montaña. Dos mundos cuyas fronteras quiere borrar Diamante. Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Xavier Agulló.

La filosofía de João Diamante es feroz. “Yo, que crecí en la favela, quiero retornarle a ella todo lo que la vida, con mucho esfuerzo, me ha dado”. Sí; João consiguió salir de un futuro habitado por kalashnikovs y logró una beca para estudiar cocina con Alain Ducasse, en París. “Y cuando Ducasse me ofreció quedarme a trabajar con él, decidí regresar y crear ‘Diamantes na cozinha’ para ayudar a todos los desfavorecidos.

Hasta ahora, Diamante ha conseguido formar a más de 4000 alumnos en diferentes campos de la hostelería -cocina, sala, coctelería…- con unos cursos que no les cuestan absolutamente nada a los educandos. “Lo tienen todo pagado: desde los uniformes a la comida, desde los utensilios a los ingredientes de trabajo o la botellería. Y, en cada curso, siempre damos clases de inglés para redondear su formación”.

Es enormemente gratificante entrar en el aula, donde todo son sonrisas. Y ganas de aprender, de mejorar, de ganar una vida. Aquí, junto a un luminoso ventanal que da a la playa de Copacabana y al Atlántico infinito desde las alturas, es fácil ver el contraste, mirando hacia el otro lado, con las favelas colgadas en la montaña. “Trabajar aquí es un lujo, con estas vistas, esta luz. Y ver lo que hay más allá de la favela”.

Con la clase de coctelería de Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Gastrophoto_
Con la clase de coctelería de Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Gastrophoto_

No quiero dejar pasar la oportunidad de charlar con algunos de los alumnos de este curso de mixología. Lo hago con Everaldo Queiroz de Santana hijo, Sheila Santana de Oliveira y Fabio Caze Vaz. El brillo de sus ojos no miente: aquí, en ‘Diamantes na cozinha’, han encontrado un camino de vida gracias a la hostelería y a la tozudez de João. Sus comentarios son de esperanza y de orgullo. “Yo ya estudié hace un tiempo con Diamante coctelería, pero quería dar un paso más, aprender cosas nuevas que me faculten para conquistar nuevos horizontes”. “’Diamantes na cozinha’ representa un antes y un después en mi vida; aquí he encontrado mi futuro en la hostelería, que me encanta y con la que quiero darle un vuelco a mi vida”. “Yo soy ya camarero, pero con João y su formación he visto que puedo pasar de una situación poco estable a una mucho mejor, con más posibilidades abiertas, nuevos retos…” Todos ellos están dispuestos a seguir, con el tiempo, cursando más seminarios con Diamante, ampliando sus conocimientos para hacerse grandes profesionales”. João no lo puede decir más claro: “Mis alumnos, a día de hoy, son los favoritos en bares, restaurantes y hoteles, mucho mejor considerados que los estudiantes canónicos”. Es cierto; yo he conocido a algunos de ellos trabajando en conocidos establecimientos cariocas.

João, que el pasado año ganó el prestigioso premio ‘Champions of Change 2024’ de The World’ 50 Best Restaurantes por su trabajo con la iniciativa ‘Diamantes na Cozinha’, posee también un exitoso restaurante -El Dois de Fevereiro– en el que desarrolla cocina brasileña ancestral y, concluye, “en el restaurante soy feliz, pero más lo soy con ‘Diamantes na cozinha’, que es el gran objetivo de mi vida y con el que sigo trabajando para ampliarlo e, incluso, estoy desarrollando un proyecto de ‘gastronomía de favela’ para darle visibilidad a las comunidades y hacer que éstas pasen a formar parte del acervo cultural y gastronómico de Rio de Janeiro”.

Es muy grande João Diamante, sí.

João Dimante y su lucha por dignificar las favelas de Rio de Janeiro (Brasil).
João Diamante y su lucha por dignificar las favelas de Rio de Janeiro (Brasil).

Quiso la fortuna que, en una misma semana, fuera yo requerido a Valencia en dos ocasiones: para la magna presentación del libro definitivo sobre la paella –‘El gran libro (secreto) de la paella’, del no menos grande Vicent Rioja-; y para celebrar el ‘Aplec’ de la DO Arroz de Valencia, con el camarada Santos Ruiz al mando. Hacía un año de la deletérea DANA y, maldita sea la suerte, nos despedimos de la ciudad un domingo con otra DANA, aunque esta vez, venturosamente, de menor impacto.
Así pues, una semana de emociones, de celebrar la recuperación de Valencia y su arroz y… de fiesta.

Valencia un año después de la DANA. Pero, a pesar del nefando recuerdo de aquella catástrofe que delata la enorme fragilidad de la costa mediterránea en tiempos de neoclima, las miradas de todo el sector -desde chefs (cuya colaboración en el cataclismo fue ingente, caso de Ricard Camarena, Begoña Rodrigo y Quique Dacosta, entre muchísimos otros de toda España, hasta agricultores y elaboradores- estaban llenas de alegría y de futuro. Ciertamente, la semana fue todo un canto al optimismo en el mundo del arroz, que es casi como decir en el mundo valenciano.

Vicent Rioja, el libro definitivo sobre la paella
No es poca cosa el trabajo que, durante años, ha ido realizando Vicent Rioja (restaurante Rioja, Benissanó) sobre su pasión: la paella valenciana, así, sin adjetivos, aunque con sutilezas infinitas.

Hay consenso en que su paella, que ya representa la cuarta generación de su familia desde que empezaran a elaborarla hace 101 años, es la mejor del mundo, un título tácito que nadie discute. La paella valenciana de Vicent es la suma virtuosa de paisaje, historia, familia, exquisitez y… equilibrio. Equilibrio casi místico. Vicente, como es sabido, prepara y cuida personal, obsesiva (y científicamente) desde la madera de naranjo que perfumará -no ahumará- el arroz hasta el socarrat final.

Vicent Rioja. Restaurante Rioja. Benissanó (València). Fotos: Xavier Agulló.
Vicent Rioja. Restaurante Rioja. Benissanó (València). Fotos: Xavier Agulló.

Extraigo un par de párrafos del prólogo que le escribí para su libro: “El movimiento de la pala, la de su bisabuelo, contemplando 101 años de paellas, es ese ‘aleph’, ese caleidoscopio moviente que nos lleva, a medida que el fuego, las carnes, las verduras, el caldo y el arroz se alían en una alquimia virtuosa, hacia los paisajes íntimos (pero universales) de Benissanó y hacia nuestros parajes imaginados.
Cautivos de los aromas que envuelven todo y mesmerizados por los saberes minuciosos de la muñeca de Vicent, que va transformando cada uno de los elementos en un prodigio final, comprendemos por fin que esta paella es mucho más que una paella”.

Todo esto contiene el libro como relato subyacente. Pero hay mucho más en sus 315 páginas imperdible no sólo para chefs y aficionadas, sino también para cualquiera que desee conocer el esprit de Valencia. La historia, la cultura del arroz, la receta de Vicent, el canon (por supuesto), el análisis pormenorizado de todos los componentes de la paella, el código del sabor, sabios consejos (y secretos) para elaborar la paella en casa, recetas de arroces populares, cuatro miradas premium al arroz (Nacho Manzano, Katsuhito Inoue, Quique Dacosta y Joan Roca), los maridajes de la paella (Manuela Romeralo)… y mucho más. Una lección magistral inaudita llena de erudición que nos cambiará para siempre cuando abordemos un arroz en la cocina.

La celebración del libro, que se inició en los jardines del castillo de Benissanó con la familia y toda la intelligentsia culinaria valenciana (incluido el presidente de la RAGE, Luis Suárez de Lezo), fue el soleado prólogo a un almuerzo dedicado a su paella, ça va de soi, pero que no olvidó el gran producto que es definición del restaurante Rioja: quisquillas de Santa Pola, tomate confitado (absolutamente imperial), esgarrat con emulsión de agua de pimientos, mojama y bacalao y guiso de sepia bruta.
Todavía, por la noche, en petit comité, compartimos un rodaballo, más tomate, ostras y las ‘imposibles’ anchoas de José Vicente Pérez (El Bressol, Valencia), piezas alejadas por completo del mainstream, elaboradas por una señora amiga suya y con una potencia y un umami no apto para públicos mediocres.
Nota del autor: debido a la imposibilidad de conseguir billete de tren o de avión a Valencia, Vicent nos puso una van de luxe… con champagne en su cubitera, jamón ibérico y ostras en hielo para el viaje. Único, Vicent Rioja.

La Albufera. Arroz DO Valencia. Santos Ruiz. Fiesta en la barraca. Aplec DO Arroz de Valencia. Valencia. Fotos: Gastrophoto_
La Albufera. Arroz DO Valencia. Santos Ruiz. Fiesta en la barraca. Aplec DO Arroz de Valencia. Valencia. Fotos: Gastrophoto_

El Aplec de la DO Arroz de Valencia
Cuando llama Santos Ruiz (gerente de la DO Valencia y camarada de periodismos gastronómicos), no se duda. “Allí estaré, Santos”. Y allí estuve.
El Aplec de la DO Arroz de Valencia, más que una fiesta, es la oportunidad de vivir la esencia del arroz valenciano en todos sus aspectos. Desde la recolección del arroz hasta la epifanía culinaria. Música en directo, fiesta, atardecer navegando por la Albufera, copas y comida en la barraca… Una ‘convivencia’ entre chefs y periodistas alrededor de una cultura de 12 siglos y su expresión máxima: la paella valenciana.

Infortunadamente, una DANA vino a romper los planes de Santos. Paro nada que no se pudiera arreglar de otras maneras. A los campos no pudimos ir, pero si nos embarcamos en la Albufera, con música tradicional en directo desde otra barca… y con bien pertrechadas cubiteras del gran cava de Hispano Suizas, esa bodega milagrosa de Requena.
Y fatigamos el Museo del Arroz, donde se muestra en un molino de arroz vintage auténtico como se consiguen esos arroces que, si hablamos de captación de sabor, son de largo los mejores del planeta.

Y rematamos en el restaurante The Terminal Hub en plena DANA, lluvia y viento azotando la Marina de Valencia mientras, dentro, las paellas y el ‘cant d’albaes’ -cantos rurales populares valencianos que llegan desde el siglo XIV y que se dedican, con música y recitados irónicos, a personajes destacados-, daban calor y risas a los convocados.
Y así fue como, en una misma semana, degusté la mejor paella valenciana y gocé los mejores arroces de la DO Arroz de Valencia.

Dicen que la sangre seca de San Genaro, conservada en un relicario en la catedral de Nápoles, se licúa tres veces al año, perpetuando un milagro que ya viene durando siete siglos. “Se non è vero, è ben trovato”. La taumaturgia que sí es cierta, no obstante, es la que se produjo la otra noche en Cesate (Milano), en el restaurante Grillo, Fuoco e Materia, del chef Luca di Tomaso. En esa ‘santa cena’, Aladino y Óscar, de Cárnicas LyO, presentaron su último prodigio: un lomo de buey mestizo gallego madurado… ¡Siete años!

Dejando récords y pintas de Guinness a un lado -no seamos vulgares-, lo que ocurrió en Cesate hace ahora una semana no fue un milagro (ni tampoco lo de San Genaro); fue, esto sí, la obra cumbre de dos taumaturgos de la carne. Sin mangas, sin chistera, sin varita mágica, sin conjuros. Siete años (piensa bien en el tiempo) madurando parsimoniosamente un lomo de buey mestizo gallego. Siete años…

Maduración de siete años de Cárnicas Lyo. Grilllo, Fuoco e Materia. Cesate, MIlano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Maduración de siete años de Cárnicas Lyo. Grilllo, Fuoco e Materia. Cesate, MIlano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Los hermanos Juan (Aladino y Óscar) no gustan de verborrea ni artificios. Desde que los conocí, hace ya un montón de años, han sido celosos e indesmayables creyentes de las maduraciones cárnicas extremas, un trabajo esforzado que, si bien ha cosechado muchas incomprensiones, los ha llevado por otra parte a una gloria indiscutible más allá de críticas (o alabanzas). Porque, “los estridentes ladridos de los perros sólo son señal de que cabalgamos”, ya lo dijo Goethe. Cuando los encontré -un mediodía que acabó de noche alrededor de un lomo de poco más de un año, eran los principios de la leyenda- disponían sólo de dos cámaras en Mercamadrid. Hoy, tienen ocho. La técnica de Lyo está afinada hasta lo indecible para lograr la transubstanciación de la carne. Sus maduraciones radicales van de menos a más en un viaje ‘imposible’ de cámara a cámara. No se toleran las mezclas de tiempos de maduración en un mismo espacio –“contaminarían el proceso”, aclara Aladino-, se mantiene la temperatura entre 0 y 4 grados “con algo de humedad”, añade Óscar, y entonces aparecen los hongos, hongos propios que ya residen en las cámaras y que, además de extraer agua, protegen el proceso madurativo de agentes externos. El último y más preciado ingrediente de este proceso es el tiempo. O, más bien, lo que habita más allá del tiempo.

La noche milanesa en que salió el sol
Aquí estamos. Aladino, Óscar, Cristina Tierno (la sumiller que nos hechizará de burbujas), Rosa y yo mismo. Se ha sumado al acto el colega Paolo Marchi, propietario de Identitá Golose, que es fan de Lyo.

Si bien la ‘comunión’ la haremos con la chuleta de siete años, Luca y los dos hermanos Juan han diseñado la kermesse como una vertical de maduraciones. Un diseño muy procedente para poder sentir las distintas sutilezas generadas por el incremento de los años.

Cárnicas Lyo en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Cárnicas LyO en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Empecemos la ceremonia diciendo que Luca di Tomaso -propietario del Grillo, Fuoco e Materia junto a su tía, Tiziana- es un chef del fuego. Y sólo del fuego. En su cocina, completamente abierta, los motores son un fogón de leña de 1929 y una parrilla. Nada más. Como materia prima, carnes (de 20 meses a los de LyO) y verduras (no hay pescado), sacrificadas siempre en maderas de haya y olivo.

¿Empezamos? Momento para apuntar el maridaje, creado por Cristina Tierno: tres champagnes  -Jean Velut “Deux Terres”, André Jacquart Grand Cru Extra Brut y Huré Frères Instantanée 2018 Blanc de Noirs, “un diálogo de frescura, acidez y precisión”, explica Cristina. Y un cierre epifánico con el Franciacorta Palazzo Lana Extrême 2014, “la joya burbujeante de Italia: seco, complejo, profundo, refinado… perfecto”.

Ahora sí, Luca. Comenzamos sin disimulos ni sonrojos a girar en el tiovivo Lyo: takoyaki de molleja, salsa yakiniku no-tare de la casa y cebollino; salami de Rubia Gallega (elaborado por el chef), caviar siberiano baeri y mantequilla de búfala al tomillo; focaccia con pimiento quemado, anchoas de Cantabria, alioli y albahaca; y gyoza con estofado de vaca vieja. Bien.
Añadimos a los ‘antipasti’ la carne salada de buey y la bresaola de rubia gallega. Benissimo.

Cárnicas Lyo en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Cárnicas LyO en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Y vamos al ‘lyo’. Sashimi de vaca rubia marinada en miso, maduración de 2 años. Arroz socarrat, setas porcini, crema de huevo.
Steak tartare de buey mestizo, maduración de 1 año. Ostra ahumada, vodka Beluga, pepino rallado y wasabi.
Buey mestizo gallego en maduración desde el 08.02.2024 – 610 días. Cebolla de Tropea a la brasa, cacao, avellanas.
Vaca rubia gallega en maduración desde el 28.06.2023 – 835 días. Judías verdes, melocotones a la brasa, huevas de mar, queso caciocavallo.
Buey casino asturiano en maduración desde el 02.12.2022 – 1043 días. Hoja de ostra.

Y, por fin…Buey mestizo gallego en maduración desde el 06.11.2018 – 2523 días (siete años). Ensalada, cebolla, tomate.
Y os preguntaréis: ¿cómo era? ¿muy fuerte? ¿mucho ‘ruido’ sápido? ¿aromas muy penetrantes?. Pues no, qué va.
Lo primero, ante esta joya gastronómica que no sabe de tiempo, es su extraordinaria elegancia, su estupefaciente finura. Sin esos sabores derivados que tienen las maduraciones imperfectas (queso azul, cecina potente…), ni un solo recuerdo de faisandage. Al contrario: una sorpresiva limpieza y sutilezas cárnicas en compleja armonía, con ecos a frutos secos y mucho umami); y textura mórbida y jugosa (la grasa, ya antes de la cocción, era fundente).
Digamos que, entre toda la vertical, la pieza más refinada y chic fue esta última; vale decir, el extremismo madurativo (el de Lyo, claro), potencia curiosamente lo etéreo, lo delicado, modulando y equilibrando lo poderoso (algo muy parecido le ocurre a Xesc Reina con sus sobrasadas de alta maduración).

Esa noche nos enfrentamos al tiempo y ganamos. Y todavía, fumando afuera, en el jardín, me confía Aladino que ya tienen una pieza de 10 años. Pero éste será otro viaje…