Hará ya unos años que conocí -y apoyé- al chef Pau Bermejo en Tenerife, a pesar de que ambos somos catalanes. Tras una accidentada trayectoria en la isla y regresar a Catalunya, ahora, de nuevo en la carretera, Pau transita, asesorando hoteles y restaurantes, por la Costa Brava, Tenerife y Castellón con su marca “Casual Chefs”. Hace unos días presentó a su nuevo socio, el chef Héctor Gimeno, D’Autor (Castellón), con un menú basado en los cinco elementos orientales: agua, madera, fuego, tierra y metal.
Nómada Pau, nómada su concepto de menú, que creó, junto a Andrea Bernardi y Fernanda Fuentes (Nub, Tenerife), hace unos años y que quiere escenificar en el futuro en distintos lugares de España.
Celebrando su unión en la empresa asesora “Casual Chefs”, ambos cocineros representaron en el D’Autor de Castellón su visión de las distintas facetas culinarias del yin y el yang en interacción.
En un restaurante totalmente lleno -ubicado en el centro de la ciudad-, los dos cocineros concelebraron un menú que comenzó con un marshmallow de tomate de colgar con aceite extra virgen de oliva de la variedad farga, como aperitivo en la mesa.
El elemento agua se presentó con una versión del gargouillou de Michel Bras, en esta caso mirando al mar y no a la huerta: diferentes tartares (gamba curada, bacalao, atún rojo, mejillón acevichado, ortiguilla deshidratada) y variedad de algas.
El agua y la madera se metaforizaron en un tomate marino, una pieza bañada en algas y rellena de mousse de calabaza y calçots.
La madera: un tiradito de viera curada en salmuera con kéfir, couscous vegetal, kazame y kuzu.
La madera y el fuego se expresaron con una caballa marinada en maracuyá sobre un nido de calabacín encevichado con aire de coco y coulis de frutos rojos.
El fuego se explicó con un rape en costra de chocolate amargo sobre aire de ajoblanco y almendra Marcona, todo flambeado al momento con gel alcohólico.
Fuego y tierra se aliaron en el nigiri frito con calabaza concassé y presa ibérica ahumada en pinocha con toque de curry.
La tierra fue un cordero del Alto Mijares ahumado en haya y rodeado de su hábitat (tomate, perejil, almendras, trufa…)
La tierra y el metal: lomo de ciervo en su jugo (con hoisin), kumquat, ñoqui y helado de picual de Varona La Vella.
El metal fue un homenaje a una de las creaciones exitosas de Bermejo: falsa rapadura (postre tradicional canario), en este caso de atún (que se traviste en gominola) con sorbete de maracuyá.
La cena termino con el metal y el agua: gyoza de piña picante sobre crema aireada de requesón y miel de trufa negra de Puerto Mingalvo.
Borja Marrero y Luis Valls. Gastrónoma 23. Valencia. Foto: Xavier Agulló.
Acaba ya el año 2023, probablemente el más furioso de estos últimos tiempos en densidad gastronómica, y debo hablar de Gastrónoma como uno de los eventos que, ya en su novena edición, se ha convertido en referente del sector tanto en la Comunidad Valenciana como en toda España. Si dejamos aparte San Sebastian Gastronomika y Madrid Fusión, acontecimientos de altura mundial, Gastrónoma ha sabido encontrar su singularidad, y no sólo en sus muchísimas propuestas culinarias (y hedonistas), sino también en la definición de un estilo propio que ha ido dibujando una estrecha liaison con la ciudad de Valencia. Cada congreso tiene su personalidad, y Gastrónoma es un evento que hace brillar la ciudad, gracias sobre todo a una serie de actos urbanos paralelos y a la inclusión en el programa de algunos de los mejores restaurantes, tanto los más deseados como, importante, descubriendo los que comienzan a despuntar. De esta suerte, Gastrónoma se convierte en un todo con Valencia, celebrando globalmente la irresistible pujanza culinaria de la ciudad y exigiendo su lugar preferente en el escenario.
Me gusta el backstage de La Cocina Central de Gastrónoma, porque es el lugar preciso para encontrase con los amigos, da la enormidad especial que ocupan el congreso y la feria. Allí estoy con mi colega Borja Marrero (Muxgo, Las Palmas de Gran Canaria), que debuta en la ciudad. Va a presentar su menú “sólo tunera”, una degustación radical (pero controlada, como matiza el chef) y muy reflexionada sobre este cactus y los límites de la sostenibilidad. Con Luis Valls (El Poblet**, Valencia) como anfitrión, el aguerrido Borja asombró a tirios y troyanos con recetas tan sorpresivas como el lingote cremoso de tunera, la esfera líquida de tunera empanada con ralladura de madera de almendro, el chupito de sopa fría de tunera, el escabeche de tunera, el sorbete e incluso unas gominolas rebozadas en piel de ternera deshidratada. Además de exhibir su menú cactológico, apuntó Marrero su próximo reto: el pino canario; específicamente, su corteza. Este nuevo menú experiencial estará ya listo para 2024 y, seguro, será materia para otros congresos…
La Albufera. Gastrónoma 23. Valencia. Fotos: Xavier Agulló.
Me gusta el “túnel del queso” (uno de los espacios subsectoriales junto a muchos otros como el del pan, el de los dulces, el de los vinos, el del aceite de oliva, qué sé yo…), dedicado a los quesos artesanos y donde cómo no, me encuentro a mi buen amigo Pascual Cabaño, ánima de Rey Silo, este queso maravillado de la tradición asturiana y producto fetiche de José Andrés en Estados Unidos.
Me gusta el Aula, el espacio centrado en la DO Arroz de Valencia que dirige mi brotherSantos Ruiz. Como decía al principio, las cosas que ocurren en el interior del congreso se expanden al exterior, y Santos no va a dejar pasar la ocasión para pasearnos por su Albufera más íntima, con su barca tradicional, llevándonos a uno de los ocasos más hermosos que recuerdo en medio de las tranquilas aguas, del batir de las alas de los pájaros… Una navegación que acabará en “la casa del motorista”, una construcción que habitaba antaño el encargado de abrir las compuertas de la Albufera.
La gala «55 Restaurantes de Valencia». Gastrónoma 23. Valencia. Foto: Xavier Agulló.
También es Santos quien, paralelamente, en esos mismos días del congreso, presenta su guía “55 Restaurantes” (no me pierdo la gala), la que marca el status quo de la gastronomía valenciana. Esta guía, atención, es una guía de autor, porque es el propio Ruiz quien visita (fatiga), varias veces, todos los restaurantes (los que él considera) de la Comunidad. Una guía como las de antes… Ni amiguismos ni mala hostia, la opinión (muy fundamentada, os lo aseguro) pura y dura del autor. Estos son los 10 primeros: Quique Dacosta, Ricard Camarena, L’Escaleta, La Salita, El Poblet, Espacio Montoro, Bonamb, Arrels, La Finca y Peix & Brases.
Me gusta la zona de las barras gourmet, porque, y a precios no lesivos, se pueden degustar tapas de Germán Carrizo o Carito Lourenço; grandes productos como ostras, tartares, arroces (naturalmente), croquetas, guisos tradicionales…
Me gusta ir a cenar al X de Camarena (uno de los adheridos al congreso) y, con un servicio impecable, sentir todo el canalleo de un bar “muy subido”: la equilibrada y bien conocida ensaladilla de Ricard; las ostras del sol (Delta del Ebro); las quisquillas de Santa Pola; la sepia con mahonesa de kimchi; la cigala con sobrasada; el buñuelo de bacalao; la tortilla con tartare de longaniza de Pascua (un fuet sin curar) y jugo de callos…
Me gustan Germán y Carito y su Fierro (otro de los restaurantes propuestos por Gastrónoma), ya con mesitas y con un nuevo espacio privado (ocho pax) con gran bodega acogiendo 1.600 botellas. Y dejarme llevar por la precisa libertad creativa que brota entre verduras encurtidas, quisquillas crudas en crujiente tartaleta, erizos y algas, morenas de crocante piel, su famosa empanada criolla, chirivías ebrias de su propia horchata, ostras matizadas, terneras curadas en ensalada, el famoso bollo Cremona, caviar, boletus con bresaola, bogavante a la brasa, pichón, pomelo, arroz helado, sorpresivo flan de soja y miso…
Me gustan los cocineros invitados, como Francios Paniego, Kiko Moya, Javi Estévez, José Antonio Medina, María José Martínez, Raúl Resino, David López, Miguel Barrera, María Gómez, Vicent Guimerà, Agnes Karrash y Niño Fjordside, Begoña Rodrigo, Javier Brichetto, Florencia Abella, Lenin Busquet, Nazario Cano… Sólo por citar algunos.
Me gusta Gastrónoma.
Quique Dacosta. Hotel Ritz Mandarin Oriental. Madrid. Madrid Fusión 21. Foto: Xavier Agulló.
Celebremos la Gala Michelin que, este año, tendrá lugar en Valencia (14 de diciembre)… Pero ya puestos, a lo grande: en el Ritz del gran Quique Dacosta, con un inaudito estallido de “estrellas valencianas” a los mandos de un menú de luxe. Los suntuosos dorados, las volátiles “arañas” y las morbosas alfombras nos merodean con envidia…
No vengo hoy a hablaros de la supernova gastronómica que Quique Dacosta ha maravillado en el hotel Ritz Mandarin Oriental, porque justo he quedado con él para tirarme tras días peregrinando de un restaurante a otro del hotel, no sea que me deja algo por ver, probar o sentir. No; hoy me asomo para relatar la gran cena de Madrid Fusión, la que, solemnizando a Valencia como sede de la Gala Michelin 2021 (14 de diciembre), reunió a todos los astros de la Comunidad Valenciana en una cena de esas que “estás o no estás”. Estuve. Porque esa cena era una de esas que jamás delegaría.
No poca alegría me da ver, recibiendo, a Ricard “El Capo” Tobella, viejo amigo desde los remotos tiempos de El Poblet, donde ejercía de jefe de cocina, trabajo que luego siguió en Quique Dacosta hasta justo la apertura del Ritz de Madrid, hotel en el que, naturalmente, ejerce también la jefatura. “El Capo” no es sólo el tipo que me ha dado las mejores gambas de Dènia hervidas, sino también el cocinero que ha hecho de Quique Dacosta uno de los chefs más preciosistas, exactos y afilados del planeta desde el backstage. Lo primero, pues, es un gran abrazo con él (protocolo que siempre seguí en Dènia).
El Capo (sin gorro) y el equipo de Deessa. Hotel Ritz Mandarin Oriental. Madrid. Madris Fusión 21. Foto: Xavier Agulló.
Y allí está Quique, con esa sonrisa siempre medida a pesar de que está pisando un sueño: dirigir la gastronomía al completo del flamante Ritz, en la misma estela (contemporánea) de Escoffier. Un sueño, cierto, pero que es la afortunada consecuencia de una carrera repleta de pasión, y a la vez de evolución inteligente en todos los frentes. Quique ha sabido jugar en todas las canchas, “burlando a la defensa con pases y gambetas”, y sin renunciar jamás a sí mismo hasta “ser como Ochoíta, el crack de la afición” con su universo poblado de montes y mares y fantasías y visiones transversales, convergentes, complejas…
Así pues, el restaurante Deessa del Ritz va a ser esta noche el contenedor de nuestros deseos (Luchini, Juanma y Elena en la carlinga), con la precisa Silvia García como guía espirituosa de grandes vinos valencianos. En la cocina, la gran fiesta: Ricard Tobella (resident chef), Raúl Resino, Miguel Barrera, Quique Dacosta, Alberto Ferruz, Luis Valls, Ricard Camarena y Kiko Moya. ¡Uf!
Las estrellas de Valencia. Hotel Ritz mandarin Oriental. Madrid. Madrid Fusión 21. Foto: Xavier Agulló.
El primer paso del camino lo vamos a dar con “El Capo” y su ocurrente y onírica metáfora de la bearnaise en forma de estrella, con huevas de trucha (Tío Raimundo 2016). Descendemos a las aguas mediterráneas con Raúl y la naturalidad de su gratén de galera y la sutil intensidad de sus caixetes (Pago de Tharsys Vendimia Nocturna 2020). Valencia se desparrama deleitosamente por la mesa… Miguel propone, a continuación, “matices de mar y huerto” a partir de tomates, boquerones, jureles, almendras… (Blanc de Clotàs). Ebrios de frescura, amigo.
Algunos de los platos. Hotel Ritz Mandarin Oriental. Madrid. Madrid Fusión 21. Fotos: Xavier Agulló.
Es Quique quien sale ahora, con un plato que quiere denunciar la contaminación de los mares (y nunca serán suficientes las denuncias): pescado entre plásticos, un confitado con raras complicaciones texturales (Les Danses Blanc de Mandó 2018).
Las perlas valencianas (ostras) las encurte Alberto al sol y las baña en jugo de caracoles, una elaboración un tanto fuerte, pero de resultante sinfónica (Cañada París). El arroz bomba de cordero y olivas, de Luis, fascinador por su punto y su sabor (Pigar Orange 2019).
Y los postres, celebradísimos, sin duda hits de la cena: la crema helada de cítricos, trufa de verano y perrechico, de Ricard (Fondillón 1996); y las cerezas con almendras tiernas y tomillo real, de Kiko (Recóndita Armonía F 2007).
Como decía el gran Juli Soler, “hacía mucho tiempo que nunca había compartido una cena así…”
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