40 restaurantes, 40 chefs… Sensibilidades diversas, estilos distintos, gozos diferentes. Un año lleno de color, sensaciones, emociones y hasta descubrimientos que me han llevado, de Europa a Brasil y al vesre, por algunos de los mejores chefs del planeta, otros que ya son steady future, nuevas cocinas, desconocidos paisajes escenificados, clásicos, tradiciones ignoradas (por mí), filosofías comprometidas y muchas risas.
40; sin contar, claro, tantos días de barra y tapeo, de botequims indolentes y cañas geladinhas, de intensas cenas de camaradas, de productos singulares, de vinos fantasiosos… Keep on rockin’!
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
España
Disfrutar (Barcelona)
Celler de Can Roca (Girona)
Miramar (Llançà)
Amar (Barcelona)
Casa Rioja (Benissanó, España)
Paradiso meets Andoni Luis Aduriz (Barcelona)
Adobo (Barcelona)
La Boscana (Lleida)
Vint-i-quatre (Barcelona)
Carlota Akaneya (Barcelona)
Can Domo (Formentera)
Casa Natalia (Formentera)
Señor Pepe (Madrid)
Palacio Ico (Lanzarote)
Haydée by Víctor Suárez (Tenerife)
Taste 1973 (Tenerife)
Casa Romántica (Gran Canaria)
Antiquari (Barcelona)
Passeig Escribà (Barcelona)
Chiringuito Escribà (Barcelona)
Tangana (Barcelona)
Oído (Barcelona)
Bronzo (Barcelona)
Àbac (Barcelona)
Aleia (Barcelona)
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Brasil
Capiau (Rio de Janeiro)
Instituto Bazzar (Rio de Janeiro)
Casa 201 (Rio de Janeiro)
Rocka (Buzioso de Janeiro)
Oseille (Rio de Janeiro)
Maria e o boi (Rio de Janeiro)
Koral (Rio de Janeiro)
Ocyá (Rio de Janeiro)
Rudä (Rio de Janeiro)
Canarioca (Rio de Janeiro)
Velho Adonis (Rio de Janeiro)
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Reino Unido
Barrafina (Londres)
Parrillan (Londres)
El Pastor (Londres)
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Oriol Castro y Eduard Xatruch. Disfrutar. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
Me levanto por la mañana. Hoy, al mediodía, tengo mesa en Disfrutar. Y me digo que hoy va a ser un gran día. Hoy, me voy a dejar maravillar por el deslumbrante gabinete de asombros de Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas.
No es cualquier cosa tener en la agenda un almuerzo en Disfrutar, y nada que ver si tienen tres estrellas o si son o no el mejor restaurante del mundo. Vivir el Disfrutar ha sido una gran fiesta desde el mismo día que abrieron (igual que pasó con el Compartir de Cadaqués).
No me sonroja afirmar que, ante la visita a algunos restaurantes, todavía siento las mariposas revoloteando en mi estómago. Disfrutar, claro, es uno de ellos.
Resulta sorprendente, además, en el Disfrutar, más allá del hecho culinario, la armónica redondez que han logrado dibujar en el conjunto (informal formalidad), los platos, la sala, la sumillería, la atmósfera… El esprit, para entendernos.
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Penetrar en otro mundo. Desde el recibimiento, en la propia puerta del local, hasta el paseíllo hacia la cocina, donde aguardan Oriol y Eduard, y el acomodo en la mesa con una célere copa de champagne… Ya estás fuera de la ciudad y su fragor, todo es lejano y lo único cierto es ese placer siempre ignoto, no exento de sutiles juegos, que sabes que va a llegar muy pronto.
Y sí. Con el pisco sour, en forma de espuma helada y granizado, con toques de pasión, un extravagante frescor inundándolo todo… Luego ese destilado de sotobosque, agua y tierra, servido en pesadas copas metálicas, que induce el brindis y la clara campanada resonando en el comedor. El sonido como mensajero del placer, algo que también investigó Andoni con su sopa de semillas.
Bajo el título de ‘concentración del sabor’, Disfrutar propone un ejercicio parecido a aquel famoso ‘reloj de las especias’ que El Bulli presentó en 1996, justo el año en que Oriol, Eduard y Mateu entraron en aquella cocina: 11 germinados para sentir la potencia de apio, hinojo, pimienta… sobre una gelatina de tomate. La ensalada líquida (espuma de tomate, licuado de lechuga, granizado de pepino) es la fluida metáfora perfecta. ¡Y qué decir del polvorón de tomate con caviaroli de arbequina, más tomate que el tomate en esa textura casi milagrosa.
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Plato sorpresa off menú: ‘pan con tomate con jamón’, un ovulato de jamón ibérico con gelatina de tomate. Mímesis absoluta con unas texturas enloquecedoras.
El vodka macerado (11 meses) con trufa, elaboración de la casa, es el maridaje exacto para el famoso pan chino relleno de caviar y crema agria. Otra metáfora, esta vez taumatúrgicamente evanescente: las burbujas sólidas de mantequilla ahumada, de tacto incomprensible, con caviar. Expresiones en máximos.
El coral de amaranto crujiente con caviar, ostra, emulsión de códium y huevas de trucha, una locura de texturas, mar y salinidad, se convierte en juego: aparece en la mesa una caja negra donde, tras un cristal vertical, se ve la tartaleta, mas, cuando la quieres pillar, no hay nada. En realidad, está detrás, oculta a la mirada, reflejada fantásmicamente gracias a una ilusión óptica.
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Abstracción y vértigo cromático: la mousse de aceituna verde en ensalada variada de almendras, pistachos, pepino, tomate… La conocida hoja de setas crujiente, otra textura ‘imposible’, precede al escabeche de vinagre de setas (activado e intensificado con un oxigenador de pecera al momento), conserva maison de níscalos y ostra y a la sutil sopa de cebolla, con pan aireado congelado, yema trufada y esférico de queso comté.
Las sepietas, auténticas y preciosas miniaturas, se visten de thai, con un multiesférico de coco, salsa de calamar y curry. Y esa calçotada de ciencia ficción, presentada canónicamente en su teja y con papel de diario, pero con el calçot liofilizado junto a su consomé (dashi) y un miso de romesco.
El suquet de merluza, brutal cocción, incorpora ñoquis y alioli de azafrán, y se acompaña de un capuchino que es la misma esencia del suquet. Una barbaridad. Los huevos ‘de oro’, en esta ocasión se presentan con la yema de carabinero, la clara con puntilla, tropezones de carabinero y punto picoso nipón. Gozoso.
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
No falta en el menú el obligado pichón, que luce cona exactitud pasmosa junto a su propio spaghetti dibujando meandros llenos de queso manchego líquido y con un lúbrico merengue de remolacha. La parte final pertenece a la sidra maison ahumada al momento y al surtido de snacks crujientes a base de parmesano (con Módena, pesto), roquefort y nueces y soufflé de nueces. El plato incorpora un espejo para que podamos vernos mientras los comemos.
Tras el enjuage manual con agua de rosas esprayado desde las propias rosas, entramos en el mundo dulce con una manzana negra (a 60 grados constantes durante dos meses) con chantilly de vainilla y helado de mantequilla configurando una maravillada deconstrucción de la tatin. Los anillos de compromiso proponen otro juego elaborado con chocolate y toppings y dan paso a la ‘explosión floral’ (polvo helado de saúco, piña, petazetas, pétalos, miel…
Una virguería técnica y organoléptica el coulant nixtamalizado de pipas de calabaza, garrapiñados, helado, OCCO, yoghourt… Y otro alarde el waffle suflado (aminopectina) de coco y curry. Los petits fours…
Los vinos de Rodrigo Briseño: Brut Nature Premier Cru, Vincent Brochet; Campix 2022, Bodega Reta, Cadiz; Vidonia 2022, Suertes del Marqués, Valle de la Orot acá, Tenerife; Apremont Jcquère 2021, Domaine de Chevillard, Saboya; Xisto Cru 2019, Luis Seabra, Douro, Portugal; y Terre d’Iirizee Extra Brut, Regis Poissinet.
Una muy buena y estimulante noticia: Carles Abellán está de nuevo en la ciudad con su remozado Vint-i-quatre (Tuset con Diagonal). Ya ex empresario y el primer chef en estelarizar el taperío en Barcelona, nuestro hombre se ha vuelto a poner la chaquetilla y está a pleno rock and roll con un formato que, si bien incorpora varias de sus famosísimas tapas, añade jugosos y gozosos platillos a la oferta, configurando un establecimiento de barra y mesa de primer nivel. Mola.
“No sabes lo que disfruto viniendo cada día, mañana y tarde, al restaurante”. Lo dice sonriendo, impecablemente ataviado con su chaquetilla y afanado en los fuegos y en el pase. Abellán, que en temporada atiende Casa Natalia en Formentera (propiedad de su mujer), está ahora a full en Barcelona. Y lo cierto es que, en un día entre semana, debo intentar acomodarme en un agujero de la barra porque ahí no cabe ni un alma, y eso que justo acaba de reabrir con algunos cambios en la decoración y con un fuerte impulso en la carta.
Junto con Toni Morago, potente chef que lleva con Carles casi 20 años y uno de los socios actuales de los bares 24, de los que Abellán, fundador, es ahora sólo asesor, y con el amigo Jani Paasikosky como jefe de cocina, Carles, con el Vint-i-quatre, promete muchas alegrías y muchas risas con su nuevo concepto de bar-restaurante abierto, desde el desayuno hasta la cena, pasando por aperitivos, almuerzos y tardeo, que en Tuset tiene tirón.
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Con una lista de vinos en la que el 90 por ciento de referencias se sirve también a copas, la carta propone una zona de aperitivos y tapas y otra de platillos más sólidos, reflejo de las dos posibilidades del espacio, la barra y las mesas (además, claro, de la fantástica terraza), que se visten de blanco para almuerzos y cenas. Es decir, lo que quieras, amigo.
Carles practica la cocina instanténea: aquí todo es al momento y al capricho de las estaciones. Todo real, sin artificios, platos de la tradición impecablemente ejecutados. “Vamos a poner también, para un día a la semana, escudella i carn d’olla, e iremos incorporando a la carta platos como los canelones, tan barceloneses, el fricandó…”. Lo que ya sí tiene son los macarrones del cardenal, aunque en una versión distinta a la de Doménech (XIX), sin capas.
A todo esto, sigo en la barra, abierta a la cocina donde no se para. No voy a negarme hoy un homenaje a esas tapas que Carles ha elevado a la categoría de musts. Allá voy con las anchoas sobre mantequilla ahumada, golosas y gloriosas. ¡Qué coño! También el bikini, ¿no? Esa maravilla creada por Ferran Adrià (todavía recuerdo las bandejas con ellos que iba sacando Juli Soler el día de la inauguración del Talaïa Mar, en Barcelona, cuyo jefe de cocina era precisamente Abellán) y que Carles propulsó al estrellato. Jamón ibérico, mozzarella y pasta de melanosporum.
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
No me voy a negar nada hoy, y por eso me pido la ensaladilla (Mejor Ensaladilla de España 2018), melosa, orgullosa de ventresca. Paso a la zona de platillos entonces, con el suquet de langostinos y alcachofas, que me envuelve, y hago una parada técnica con el tartare de tomate, un estallido de Mediterráneo.
Los boletus con yema de huevo, ese plato que es casi sexual, con la yema esparcida en directo por el camarero, me lleva ya hacia los postres, que hoy tampoco voy a delegar. Las fresas con nata de vainilla y helado de leche de oveja, ya lo he dicho muchas veces, son las mejores que he tomado nunca. Este mediodía, sin embargo, los fresones no son del Maresme y -me advierte el propio Carles- nada es lo mismo. Cierto. Pero bueno… Me desquito con el flan con shake de café, excelente, y, por supuesto, con la crema de chocolate con pan, aceite y sal, otro de los hits en la trayectoria de Abellán desde su Comerç 24.
¡Qué gran noticia que Carles Abellán esté de nuevo en la ciudad!
Vint-i-quatre Diagonal, 520
Tel. 938 58 93 29
Barcelona
Abierto todos los días
Precio medio: 35 euros
Steak tartare con tuétano. Parrillan. Londres. Foto: Xavier Agulló.
Parrillan es la marca del grupo Barrafina de Londres dedicada, como su nombre indica, a la parrilla. Siempre bajo la estricta filosofía de la compañía -producto de alta gama y elaboraciones técnicamente precisas-, este restaurante, emplazado con una gran terraza junto al Borough Market, propone, además de otras especialidades españolas, un paso más en la gestión del fuego: mini grills en la mesa (sólo terraza) para que el propio comensal le dé su punto a mariscos, carnes y verduras. Las risas vienen incluidas.
La gran terraza del Parrillan Borough Yards luce brillante en este día soleado y claro en Londres.
El Parrillan (con dos establecimientos en total en la ciudad) es la visión de España en el fuego desde el corazón de Gran Bretaña. En la dinámica del grupo Barrafina, productos españoles de máxima calidad y gestión culinaria de alto nivel, aquí el protagonista es el grill, además de otras tapas como el lomito ibérico, la esqueixada o los boquerones. El fuego, ya sea en el horno de madera del comedor interior o en la parrilla, no obstante, se lleva la parte del león en pescados, mariscos, carnes y verduras.
Aunque sólo es posible en la terraza, el punto diferencial del restaurante es la posibilidad de autococinar en la mesa, con mini parrillas, los productos que se deseen.
Parrillan. Londres. Fotos: Xavier Agulló.
De esta suerte, lo idóneo para vivir la experiencia al completo es darse un homenaje tapero compartido y luego moverse a mayores. En nuestro caso, la selección de entrada permitió probar las aplomadas croquetas de jamón, el envolvente chicharrón de Cádiz (importado desde el Smoke Roof Top de Barcelona, ahumadería de culto), las tostadas con manteca colorá ibérica (acompañadas por piparras) y el señorial steak tartare servido sobre el hueso con su tuétano. Un prólogo muy serio…
Parrillan. Londres. Fotos: Xavier Agulló.
Ya con los mini grills en la mesa, le dimos caña a las vieras y a las gambas rojas de Almería (tamaño medio), buscando el punto exacto de cocción, parte del atractivo de la propuesta.
Pero la impertinencia del horario del avión impidió seguir con la fiesta…
Parrillan Borough Yards 4 Dirty Ln
London SE1 9PA
Reino Unido
Cierra los lunes
Precio medio: 65 libras
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Bajo las vías del tren, en el puente de Londres, al lado del frenético Borough Market, El Pastor Stoney es el brazo mexicano del afamado grupo de restauración Barrafina, un restaurante (y taquería) auténtico, vibrante de color y clientela y con una gastronomía más que destacada.
Me siento al lado de Francisco José “Paco” Torrico, chef ejecutivo del grupo Barrafina, para vivir con fundamento la carta de El Pastor, local que hoy, como cada día, se presenta hirviendo de público que atesta tanto el interior como la terraza, justo frente al vocerío del Borough Market.
Obviamente, el nombre del establecimiento es fiel a la carta, con un largo contenido de tacos, cuyas tortillas se hacen diariamente con maíz traído de México y se elaboran con materia prima fresca y de altura. No se trata en este caso, sin embargo, de un restaurante puramente comercial: los propietarios de Barrafina cuentan con una larga historia en México, dirigiendo allí un club, y, bueno, lo digo con causa, México induce mucha saudade a quienes lo han vivido con intensidad. Así que se montaron su restaurante, el cuál hizo fortuna y, actualmente, poseen varios más en la capital británica.
El Pastor Stoney. Londres. Fotos: Xavier Agulló.
El chef, Marvin Jones, bajo la dirección de Paco, en la cocina vista, ya se afana con el guacamole y sus totopos, porque, junto a las salsas, éste es el mejor comienzo para entrar en modo México. La tostada de atún, a base de un tartare con toque de aguacate y un punto picoso muestra el cariño de la cocina con los ingredientes. Frescura.
El invitado central a la mesa es, claro, el taco al pastor. Este taco, caracterizado por la carne de puerco adobada (incluyendo achiote y chiles) y la inserción de piña, tiene su origen en los ‘asados del pastor’ (carne empalada sobre las brasas), que luego, con la llegada de los libaneses, adoptó su forma final, a la manera del shawarma, cocinada en un trompo. El de El Pastor está impecable de sabor y jugosidad.
Y todavía probamos los tacos de cangrejo y los de ternera, poderosos y suculentos.
Y mientras el tren traquetea por encima de nuestras cabezas, despedimos el almuerzo con una tarta de maíz, otra de las especialidades de la casa, con texturas emolientes y crujientes y coronada por un helado homemade de maíz tostado.
El Pastor 7ª Stoney St.
Tel. +44 20 7440 1450
Abierto todos los días
Precio medio: 35 libras
Giacomo y Andoni. Bar Paradiso. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
¿Qué sucede cuando se juntan el mejor barman del mundo (Paradiso Barcelona, Mejor Bar del Mundo 2022) y el chef más reflexivo y disruptivo del planeta (Mugaritz)? Pues que lo imposible se transmuta en perfección. Giacomo Gianotti y Andoni Luis Aduriz, alquimistas y taumaturgos de lo nuevo, lograron, con una inverosímil fusión engranada en prolijas complejidades, recrear un menú extasiado, arrebatadoramente apelativo… Extraordinario.
Ocho cócteles para ocho secuencias culinarias (metaculinarias). ¿O fue al vesre? “La coctelería es cocina fría, sin llama”, argumentaba Andoni antes de empezar. “”Cuando conocí a Andoni supe que algún día debíamos hacer algo juntos”, explicaba Giacomo.
El afortunado encuentro se ubicó en el Paradiso Lab, en la calle de al lado del bar que, como cada día, exige hacer cola para entrar. En el Lab la mesa era imperial, y la fiesta sensorial y cerebral vibraba desde la misma puerta, con un cóctel ‘Americano’ tocado tropicalmente por fruta de la pasión. Este combinado, el primero de la noche, marcó también la primera entrega de Andoni: una carbonara (ejem) que bien podría haber sido diseñada por HR Giger, un salvajismo de fermentos, quesos y sensaciones fúngicas en desinhibida promiscuidad.
Texturas traspasando todos los límites: espardeña con la piel suflada y rellena de un ceviche de sus interiores. Tormenta sensorial con una de las armonías líquidas más frescas y holísticas de la noche: ‘Aliens’, tequila blanco Don Julio con cordial de nopal, pomelo, bergamota y una corona de chapulines en tomate para el borde del vaso.
Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Otra salida del mismo tequila, el cóctel ‘Nazca’, en esta ocasión con leche de tigre de manzana y uva, cordial de maíz y estragón, cordial de té floral y destilado de clorofila, servido al momento y generando un cambio de color gracias a una lámpara UV. Brujería cromática para un petting con el maíz confitado y el colaborativo mochi de huacatay refocilándose en un praliné de sarraceno. Preciso juego áurico en la composición general.
La famosa teta de Mugaritz, que tanta literatura generó en su día -en realidad, fue un homenaje de Andoni a la artista Prune Nourry, que sufrió la extirpación de su seno a causa de un cáncer-, se chupa por el pezón, extrayendo en esta versión leche de oveja y heno… Paisaje. Servida junto con su remota ciruela pasa terrosa. Solidaridad líquida con el ‘Subterranium’, ron Zacapa 23 con leche de cabra, licor de heno, apio-rábano, manzana y cordial de rábano picante. Servido dentro de una manzana-vela que se enciende al momento.
Aparente regreso a la tierra… El solomillo. Falsa alarma, por fortuna. Curado en azúcar y cacao y rodeado de penicillium, en una viaje transgénero hacia el salchichón. Regresa Giacomo al tequila blanco Don Julio, en orgía con mezcal Casamigos, licor de cacao y tomate de árbol, jengibre y hojas de higo. El ‘Tlaloc’, servido en una ‘lámpara-seta’ que cambia de color.
Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
El combinado ‘Revival Negroni’, elaborado con tequila reposado Casamigos, bitter, vermouth, mantequilla de setas y chocolate y manzana fermentada combate con el provocador ‘turrón’ de avellana de Andoni (a la manera del tempeh indonesio) sobre praliné salado, junto con setas confitadas en enebro. Fermentados desatados…
Más madera: la cara, el ‘primer beso’… Esa máscara llena de flores y kombucha que hay que chupar sin cubiertos (toda la experiencia es sin cubiertos, ça va de soi), interpelación de Aduriz al cariño, y ‘nigiri’ de koji blanco con koji negro. El cóctel: ‘Enigma’, vodka Ketel con infusión de pino, cordial de frutos rojos, hidromiel de pino negro y limón. Servido dentro de una cabeza de porcelana a la que hay que extraer el cráneo, dejando a la vista el cerebro rosado de helado del cordial.
El ‘Gran Gatsby’ es el cocktail final (whisky Johnny Walker Gold Label, miel de trufa blanca, amaro, esencia de lavanda y ahumado con tabaco de vainilla y chocolate. Nobles humos flotando sobre la mesa… Y entonces el mantel emparedado de trufa relleno de setas y, al lado, una vaina de vainilla rellena con huevo, huevas de mújol y semillas de vainilla. Chupa.
Nada de postres. Sólo esa jubilosa sensación de estar ante dos creadores en momentos de gloria. Ante la atonía general de la cocina en España, el tedio, la recurrente tradición y el ‘planismo’ global que se cuela en las cocinas, hacer un ejercicio ‘Mugaritz’ (y más con Gianotti, otro inconformista militante) te vuelve a la fe perdida y maltrecha entre malas copias y croquetas desmayadas.
Pero todavía quedaba algo en la noche: el amaro de trufa blanca de Alba de Paradiso, un último trago que no delegué.
En el barcelonés barrio de Gracia, muy cerca de la plaza del Nord, se oculta un bar (ilustrado) que, en el poco tiempo que lleva abierto, ya es culto para romanos y cartagineses: el Oído. Al mando, Pedro Baño y Francisco Benítez. En la mesa, tapas y raciones elaboradas con mimo, jovialidad y savoir faire.
Vecinos del barrio, aunque Benítez es mexicano, Pedro (Caelis, profesor de la Hofmann…) y Francisco (Noma, Paco Pérez…) se han ingeniado, en un discreto local con mini cocina, un baluarte de la tapa clásica sin alardes, pero con aplomo y mano fina. Ese bar que todos quisiéramos en la esquina de casa…
Me acerco al Oído (palabra usada en cocina para darse por enterado de un pedido) justo a las seis de la tarde, hora en que abre el establecimiento (en finde abren al mediodía), pero no tardan, tras apurar mi primera cerveza, en llegar otros clientes. Las buenas noticias corren rápido por Gracia…
Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Decido comenzar con unos boquerones marinados con vinagre de arroz y mirin, que, a pesar de ser sutiles, están faltos de una garra más canalla. Pero bueno… El clásico foie gras a la sal con higos y toque de PX, sobre focaccia, se ofrece con un exquisito equilibrio que delata el buen gusto de Baño. La croqueta de ibérico, otro acierto de sabor y lúbrica textura, coquetea con una mahonesa de boletus.
Clasicismo de barra con los mejillones bouchot a la crema, de perfecta cocción y maneras glamourosas. Preciso, con una taumatúrgica cocción en la robata, el pincho moruno de ternera, que se alegra con un pico de gallo con piña, aportación, claro, del mexicano Francisco.
Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Por fin, porque más días habrá, los macarrones del cardenal, una elaboración popular en Catalunya durante el XIX y que recuperó en toda su opulencia el gran Carles Gaig. La receta de Oído es refinada, aunque sin evitar la fastuosidad de la crema de queso, el cabecero de lomo y la butifarra en orgía desmelenada. Excelente versión.
Unos días después, quise ir a probar el local madre (aunque, visto lo visto, habría que invertir el parentesco) de los dos chefs, la Fonda Pepa, también en Gracia, mas, ¡ay!, con un resultado decepcionante. Servicio pobre, platos dejados de la mano de Dios, ejecuciones infortunadas (el milhojas de papas y queso incorporaba unos huevos de codorniz gélidos y el crujiente de brandada ni recordaba al bacalao).
Aunque, comme on dit, siempre nos quedará Oído.
Oído Providencia, 41
Barcelona
Cierra domingo y lunes
Precio medio: 30 euros
Bruno, Anna e Iris, al frente. Barrafina. Londres. Foto: Xavier Agulló.
Con una certera filosofía enfocada a la pedagogía, los responsables de los exitosos Barrafina de Londres (célebres restaurantes de cocina española informal de altísima calidad), más allá de los habituales ‘cuatro manos’ o ‘jam sessions’ culinarias, apuestan por traerse a la capital británica a grandes chefs españoles para impartir formación directa a sus cocineros y camareros. Y, de paso, prestarles durante dos días su cocina para regalo de los londinenses gourmet.
De esta suerte, nos encontramos a Iris Jordán y a su hermano Bruno (Ansils, Huesca) detrás del mostrador del Barrafina de Borough, junto al famoso mercado gastronómico.
Me cuenta el proyecto Anna Watkins, directora general del grupo Barrafina (con seis restaurantes en Londres, además de otras marcas de restauración de inspiración española como Quo Vadis, Parrillan o la mexicana El Pastor) y prima de los fundadores, los hermanos Harts (Sam y Eddie), insistiéndome en que “la parte didáctica de este proyecto -que se llama ‘Barrafina invita’ y con el que ya hemos traído a Miguel Caño, Borja Marrero o Xavi Pellicer– es la más importante, porque desde que se fundó Barrafina nuestra obsesión ha sido ofrecer no sólo los mejores productos españoles, sino también la mejor cocina, y para ello nuestros cocineros deben estar aprendiendo constantemente, entonces, qué mejor que regalarles clases prácticas en directo con grandes chefs de España”. Cierto. La idea es sencilla: ponencias privadas para los empleados de Barrafina y dos servicios públicos (para regocijo de los aficionados londinenses) de cena para poner en práctica lo aprendido.
Lo de Iris y Bruno Jordán, del Ansils (Anciles, Valle de Benasque, Huesca), hace cuatro días, fue especialmente instructivo… y gozoso. La historia de esta cocinera, formada, entre otros, en el Arrea y el Lakasa, es la de la audacia, el tesón (con un cierto heroísmo) y la determinación de hacer de lo local algo universal. Tomando el relevo de su abuela en un restaurante conocido por las brasas y las carnes habituales (está ubicado en una zona turística de nieve donde triunfaban la sota, el caballo y el rey), Iris nunca dio su brazo a torcer y fue adentrándose cada vez más no sólo en su entorno más cercano (su cocina es de metro 0 de verdad), sino también en los recetarios de la zona, poco generosa (especialmente en invierno) con los productos y con elaboraciones tradicionales casi perdidas en el tiempo. Convencida de que de allí podrían salir prodigios culinarios, y con la total complicidad de su hermano Rubén, jefe de sala y sumiller, su mente hizo brillar al duro paisaje recreando emociones que relatan la historia y la sensibilidad gastronómica de los Pirineos.
Barrafina. Londres. Fotos: Xavier Agulló.
Bien sabido es que lo consiguió y a lo grande, triunfando este mismo año 2024 en Madrid Fusión con su tercer puesto en Cocinero Revelación y ganando el Campeonato de España de Tapas. Anciles y su entorno próximo conseguían la negrita en el mapa.
Esa vindicación de un pasado auténtico, de la proximidad como catecismo y de la sostenibilidad como un ingrediente más, todo pasado por el caleidoscopio creativo de Iris, fue lo que iluminó la barra de Barrafina la otra noche.
Con el equipo de Iris y Rubén trabajando codo con codo con el personal de Barrafina, la noche se abrió con su tapa ganadora en Madrid Fusión 24: el ‘donete’ de paloma, un delirio de crujientes, interiores de la paloma, encurtidos y caviar. Comenzaba bien la velada…
Con un impecable control de las texturas, Iris siguió con un salmorejo de calabacín rodeado de un tartare de trucha y topeado de un tocinillo en versión ensalada con huevas de trucha. Equilibrios, frescura, explosividad.
Barrafina. Londres. Fotos: Xavier Agulló.
El steak tartare de cordero se acompañó de diente de león en capullo y frito, jugando a ser alcaparra.
Buena idea los callos de colmenillas (con yema de huevo), aunque les faltaba rock and roll. Excelente, sin embargo, la molleja con puré de tupinambo, fideos de judía verde al dente y un confortable toque francés.
El pato, inspirado en una receta de Juan de Altamiras (XVIII), se presentó con una pechuga (algo correosa) y un muslo puro glamour, vinagre de arroz koji y membrillo.
Final con el helado de leche de oveja, té de hierbas y miel y con el chocolate de Guinea (el abuelo de los Jordán trabajó en el cacao allí) elaborado desde cero por Iris, con espuma de gianduja y remolacha.
Toda una lección culinaria.
Cocina de taberna veneciana sin ínfulas ni piruetas, elaborada con corrección y limpieza, buscando los sabores auténticos de la tradición del Veneto sin estridencias. Intensidades justas, cocciones ejemplares y producto de calidad. He aquí los argumentos del éxito de Bronzo, un bacaro ‘de la laguna’ teletransportado al Born barcelonés.
Hay entre los viajeros quienes son transeúntes de la trivialidad, otros son exploradores de las emociones efímeras y, finalmente, aquellos cuya irresistible fascinación por una determinada geografía y todo lo que ello incluye les cambia la vida. Este último es el caso de Marc Villà y Joan Castells.
Bronzo. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
Cuando descubrieron Venecia, y muy especialmente la atmósfera de los bacaro (tabernas típicas de la ciudad donde se encuentran los amigos para unos vinos, unas tapas y mucha conversación), supieron que ya nada volvería a ser igual. La única forma de atenuar el ‘mono’ veneciano que se les ocurrió fue, de la nada, abrir un restaurante en su Barcelona que reflejara aquello que les había seducido en Italia. Lo llamaron Bronzo (por la pieza de bronce con la que se trafila la pasta italiana de calidad), y a día de hoy ya tienen dos establecimientos abiertos más otros dos que, por ‘simpatía’, han dedicado al universo de los panini. La seducción convertida en floreciente negocio…
Con una estética desnuda, pero con cariño, y de inspiración naturalmente veneciana, el Bronzo (en este caso, el del Born) se ofrece como una experiencia mimética del ambiente tabernero de la ciudad de la laguna, sin mucho más. Sólo vinos italianos, productos (quesos, embutidos) importados semanalmente de Italia y una carta que, aparte de algunas elaboraciones clásicas italianas, se centra en el recetario de Venecia.
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
De esta suerte, lo primero que aparece en la mesa es el bacalao mantecato -parecido a la brandada o al atascaburras, pero sin lácteos ni patata-, servido entre placas crujientes de pan sardo o carasau. Es el primer punto del manifiesto culinario del local.
El otro ‘grande’ de Venecia es la sardina en saor, una exquisitez sin paliativos. Un escabeche suave, sutilmente agridulce, aquí con unos toques de lima, con cebolla, pasas y piñones. No debes olvidar pedir la focaccia para que el placer sea en estéreo.
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
El vitello tonnato se vindica aquí también, aun siendo piamontés, aunque falto de nervio en el sabor de la mahonesa de atún, demasiado suave, para contrastar con las finas lonchas de ternera asada.
El steak tartare es impecable: al puro estilo, naturalmente, del mítico Harry’s Bar de Venecia, de donde surgieron también el carpaccio y el bellini. Se sirve con patatas fritas y con pan de pizza.
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
La parte final de este menú improvisado pertenece a la pasta, por supuesto, que ellos mismos elaboran, siempre trafilada al bronce. La primera los spaghetti nero di seppia, tradicionales de Venecia (también muy popular en Sicilia), tocados por dos gambitas de perfecta poca cocción.
Y ya los bigoli en salsa, un clásico veneciano elaborado con aquella pasta (como spaghetti, pero más gruesos) y una emulsión de anchoas y cebolla caramelizada. Potentes y acanallados.
Como postres, la inevitable tarta de queso (gorgonzola), muy fundente y leve, y el tiramisú, por qué no.
A veces no hay que buscarle los tres pies al gato para proveerte de felicidad.
Bronzo Rec, 60
Tel. +34 934 596 444
Barcelona
Siempre abierto
Precio medio: 40 euros
A pesar del estilo y la atmósfera distendidos y sin opulencias, el restaurante Carlota Akaneya de Barcelona es uno de los poquísimos establecimientos del mundo (con dos más de la misma compañía, en Madrid y París) que tienen la rarísima carne de wagyu matsusaka del Ito Ranch de Japón, con la suprema categoría A5, la que se comen el emperador y el primer ministro de aquel país. Poca broma.
Dice la ‘leyenda’ que Ignasi Elías, en un viaje a Kioto en 2009, cayó mesmerizado por un restaurante sumibiyaki (barbacoa nipona, en román paladino) de nombre Akaneya… Al regresar a Barcelona, aquel hechizo se convirtió, con el concurso de su socio Felipe Fernández, en el restaurante Carlota Akaneya, en pleno Raval. Se dice también que hace unos pocos años, el mismo Ignasi visitó el selecto Ito Ranch, de donde sale la mejor carne de wagyu matsusaka de Japón (y del mundo, claro), y que cuando salió llevaba en el bolsillo el permiso para exportarla a España, un salvoconducto imposible hasta aquella fecha propiciado por el paso del covid y por el descenso de consumo de esta carne tan cara en Japón. Sea como fuere, Elias y su mujer Chiho Murata son, junto a los Hermanos Torres, de los pocos afortunados en servir legalmente esa matsusaka A5 en sus establecimientos. ¿Matsusaka? Es uno de los tres tipos de carne bovina de raza wagyu negra, la más prestigiosa (aunque te suene más el nombre ‘kobe’) debido a las altas exigencias requeridas: vacas vírgenes, engorde controladísimo, trazabilidad obsesiva… ¿A5? Es el grado de calidad máximo. Y, para rematar la jugada, todavía hay que tener en cuenta el BMS o índice de marmoleado de las piezas, con el 12 como máximo. En Carlota Akaneya lo cumplen todo, desde el origen de la carne en el celebérrimo Ito Ranch, en la prefectura de Mie, donde compran el emperador y el primer ministro, hasta las máximas calificaciones antecitadas.
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Con este largo y prolijo prefacio, podría parecer que comer en el Carlota Akaneya es cosa solamente de nababs caprichosos; pero no. En realidad, el menú top cuesta… 119 euros. Y, te digo, es una completa inmersión en el culto a la mejor carne posible del planeta.
De ello se encarga, en un minimalista comedor (sólo noches) tipo izakaya (taberna japonesa), de penumbrosa iluminación, el chef Juanjo Pernía (ex Daviz Muñoz). Lo hace a partir de unas mesas especiales, las que corresponden a la tipología culinaria sumibiyaki (cocción al carbón en directo), con una hoyo en el centro donde se ubican las piezas (elegantes paralelepípedos) de carbón de briqueta al rojo vivo salpicadas por unas cuantas ramas de romero. Aromas envolviendo y, sí, un poco de calor, pero nada que no pueda arreglar una cerveza japonesa y un corte de matsusaka.
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Mientras suena el free jazz (a un tenue volumen) en los altoparlantes, da comienzo la ceremonia, siempre con un tono distendido e informal a pesar de los lujazos que se van a servir. Servicio easygoing entre aromas de brasa que debuta con un refrescante sake de ciruela. No puede faltar el edamame, que en esta caso se sirve en un recipiente lleno de brasas humeantes. Como pipas, tío.
Otro gran clásico: la sopa miso, ilustrada con una vieira y una almeja. Excelente entrada que se sirve junto a un cubo de tofu caramelizado y una fina lámina de wakame crujiente. El tonkatsu (cerdo rebozado con panko a la mostaza y miel), impecable, se acompaña de col aliñada.
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Momento para el hot pot o shabu shabu. Una sopa con salsa mentsuyu (mirin, sake, soja…) con verduras y setas japonesas. Déjalo infusionar… y luego ve pescando los tropezones. Un punto acanallado (después puedes beber la sopa, a la que añadirán arroz) que da la entrada al primer corte de carne, el teres major (parte de debajo del hombro del wagyu), un ‘regalo’ de la casa que se degusta hirviéndolo en el hot pot. No te pases de cocción, amigo.
Más madera matsusaka: corte ichibo (cuadril) con salsa de miso ponzu. Conviene irse quedando con las texturas, la sutileza del sabor, la infiltración de grasa, porque la ceremonia de la carne irá in crescendo. Mira (y cuece con prudencia en las brasas): tataki de sobrecostilla, harami (entrama) y hombro alto, ya con un marmoleado muy relevante. Tres cortes de matsusaka para ‘entrenar’.
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Porque la actuación principal son las dos piezas del Ito Ranch A5 BMS12. Aquí estamos en lo supremo. La aguja y el niguiri soasado de lomo bajo (que elabora un cocinero en la misma sala en vivo), el cúlmen. Dos piezas extraordinarias que concluyen una experiencia ciertamente exclusiva.
Pero, claro, como en toda buena película, falta el giro final. Y éste llega después de la mousse de té matcha rellena de maracuyá con esponjas de frambuesa y ganache de chocolate blanco, postre refrescante prólogo del otra gran hit del restaurante: el famoso melón Musk Crown de Fukuroi (240 euros la pieza), un cantaloup que crece en solitario en la planta y que se va acariciando a mano durante su maduración para repartir armoniosamente el dulce. Dirás que es sólo un melón, y es cierto, pero muy bueno y, sobre todo, como mucho de lo que hace de la gastronomía japonesa algo diferencial y casi mágico, cuidado con un mimo extravagante.
Si quieres vivir algo único en el mundo sin pillar un avión y sin perder la cartera, no te queda otra: Carlota Akaneya.
Carlota Akaneya Pintor Fortuny, 32
Barcelona
Tel. +34 933 027 768
Abierto todas las noches y los mediodías de sábado y domingo
Precio medio: 119 euros
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