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40 restaurantes, 40 chefs… Sensibilidades diversas, estilos distintos, gozos diferentes. Un año lleno de color, sensaciones, emociones y hasta descubrimientos que me han llevado, de Europa a Brasil y al vesre, por algunos de los mejores chefs del planeta, otros que ya son steady future, nuevas cocinas, desconocidos paisajes escenificados, clásicos, tradiciones ignoradas (por mí), filosofías comprometidas y muchas risas.

40; sin contar, claro, tantos días de barra y tapeo, de botequims indolentes y cañas geladinhas, de intensas cenas de camaradas, de productos singulares, de vinos fantasiosos… Keep on rockin’!

Música recomendada: Keep on rocking (Slade)

Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_

España

Disfrutar (Barcelona)
Celler de Can Roca (Girona)
Miramar (Llançà)
Amar (Barcelona)
Casa Rioja (Benissanó, España)
Paradiso meets Andoni Luis Aduriz (Barcelona)
Adobo (Barcelona)
La Boscana (Lleida)
Vint-i-quatre (Barcelona)
Carlota Akaneya (Barcelona)
Can Domo (Formentera)
Casa Natalia (Formentera)
Señor Pepe (Madrid)
Palacio Ico (Lanzarote)
Haydée by Víctor Suárez (Tenerife)
Taste 1973 (Tenerife)
Casa Romántica (Gran Canaria)
Antiquari (Barcelona)
Passeig Escribà (Barcelona)
Chiringuito Escribà (Barcelona)
Tangana (Barcelona)
Oído (Barcelona)
Bronzo (Barcelona)
Àbac (Barcelona)
Aleia (Barcelona)

Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_

Brasil

Capiau (Rio de Janeiro)
Instituto Bazzar (Rio de Janeiro)
Casa 201 (Rio de Janeiro)
Rocka (Buzioso de Janeiro)
Oseille (Rio de Janeiro)
Maria e o boi (Rio de Janeiro)
Koral (Rio de Janeiro)
Ocyá (Rio de Janeiro)
Rudä (Rio de Janeiro)
Canarioca (Rio de Janeiro)
Velho Adonis (Rio de Janeiro)

Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_

Reino Unido

Barrafina (Londres)
Parrillan (Londres)
El Pastor (Londres)

Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_
Los 40 Top 2024 de Xavier Agulló. Fotos: Gastrophoto_

Me levanto por la mañana. Hoy, al mediodía, tengo mesa en Disfrutar. Y me digo que hoy va a ser un gran día. Hoy, me voy a dejar maravillar por el deslumbrante gabinete de asombros de Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas.

Música recomendada: Bombay calling (It’s a beautiful day)

No es cualquier cosa tener en la agenda un almuerzo en Disfrutar, y nada que ver si tienen tres estrellas o si son o no el mejor restaurante del mundo. Vivir el Disfrutar ha sido una gran fiesta desde el mismo día que abrieron (igual que pasó con el Compartir de Cadaqués).
No me sonroja afirmar que, ante la visita a algunos restaurantes, todavía siento las mariposas revoloteando en mi estómago. Disfrutar, claro, es uno de ellos.
Resulta sorprendente, además, en el Disfrutar, más allá del hecho culinario, la armónica redondez que han logrado dibujar en el conjunto (informal formalidad), los platos, la sala, la sumillería, la atmósfera… El esprit, para entendernos.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Penetrar en otro mundo. Desde el recibimiento, en la propia puerta del local, hasta el paseíllo hacia la cocina, donde aguardan Oriol y Eduard, y el acomodo en la mesa con una célere copa de champagne… Ya estás fuera de la ciudad y su fragor, todo es lejano y lo único cierto es ese placer siempre ignoto, no exento de sutiles juegos, que sabes que va a llegar muy pronto.

Y sí. Con el pisco sour, en forma de espuma helada y granizado, con toques de pasión, un extravagante frescor inundándolo todo… Luego ese destilado de sotobosque, agua y tierra, servido en pesadas copas metálicas, que induce el brindis y la clara campanada resonando en el comedor. El sonido como mensajero del placer, algo que también investigó Andoni con su sopa de semillas.

Bajo el título de ‘concentración del sabor’, Disfrutar propone un ejercicio parecido a aquel famoso ‘reloj de las especias’ que El Bulli presentó en 1996, justo el año en que Oriol, Eduard y Mateu entraron en aquella cocina: 11 germinados para sentir la potencia de apio, hinojo, pimienta… sobre una gelatina de tomate. La ensalada líquida (espuma de tomate, licuado de lechuga, granizado de pepino) es la fluida metáfora perfecta. ¡Y qué decir del polvorón de tomate con caviaroli de arbequina, más tomate que el tomate en esa textura casi milagrosa.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Plato sorpresa off menú: ‘pan con tomate con jamón’, un ovulato de jamón ibérico con gelatina de tomate. Mímesis absoluta con unas texturas enloquecedoras.

El vodka macerado (11 meses) con trufa, elaboración de la casa, es el maridaje exacto para el famoso pan chino relleno de caviar y crema agria. Otra metáfora, esta vez taumatúrgicamente evanescente: las burbujas sólidas de mantequilla ahumada, de tacto incomprensible, con caviar. Expresiones en máximos.

El coral de amaranto crujiente con caviar, ostra, emulsión de códium y huevas de trucha, una locura de texturas, mar y salinidad, se convierte en juego: aparece en la mesa una caja negra donde, tras un cristal vertical, se ve la tartaleta, mas, cuando la quieres pillar, no hay nada. En realidad, está detrás, oculta a la mirada, reflejada fantásmicamente gracias a una ilusión óptica.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Abstracción y vértigo cromático: la mousse de aceituna verde en ensalada variada de almendras, pistachos, pepino, tomate… La conocida hoja de setas crujiente, otra textura ‘imposible’, precede al escabeche de vinagre de setas (activado e intensificado con un oxigenador de pecera al momento), conserva maison de níscalos y ostra y a la sutil sopa de cebolla, con pan aireado congelado, yema trufada y esférico de queso comté.

Las sepietas, auténticas y preciosas miniaturas, se visten de thai, con un multiesférico de coco, salsa de calamar y curry. Y esa calçotada de ciencia ficción, presentada canónicamente en su teja y con papel de diario, pero con el calçot liofilizado junto a su consomé (dashi) y un miso de romesco.

El suquet de merluza, brutal cocción, incorpora ñoquis y alioli de azafrán, y se acompaña de un capuchino que es la misma esencia del suquet. Una barbaridad. Los huevos ‘de oro’, en esta ocasión se presentan con la yema de carabinero, la clara con puntilla, tropezones de carabinero y punto picoso nipón. Gozoso.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No falta en el menú el obligado pichón, que luce cona exactitud pasmosa junto a su propio spaghetti dibujando meandros llenos de queso manchego líquido y con un lúbrico merengue de remolacha. La parte final pertenece a la sidra maison ahumada al momento y al surtido de snacks crujientes a base de parmesano (con Módena, pesto), roquefort y nueces y soufflé de nueces. El plato incorpora un espejo para que podamos vernos mientras los comemos.

Tras el enjuage manual con agua de rosas esprayado desde las propias rosas, entramos en el mundo dulce con una manzana negra (a 60 grados constantes durante dos meses) con chantilly de vainilla y helado de mantequilla configurando una maravillada deconstrucción de la tatin. Los anillos de compromiso proponen otro juego elaborado con chocolate y toppings y dan paso a la ‘explosión floral’ (polvo helado de saúco, piña, petazetas, pétalos, miel…

Una virguería técnica y organoléptica el coulant nixtamalizado de pipas de calabaza, garrapiñados, helado, OCCO, yoghourt… Y otro alarde el waffle suflado (aminopectina) de coco y curry. Los petits fours…

Los vinos de Rodrigo Briseño: Brut Nature Premier Cru, Vincent Brochet; Campix 2022, Bodega Reta, Cadiz; Vidonia 2022, Suertes del Marqués, Valle de la Orot acá, Tenerife; Apremont Jcquère 2021, Domaine de Chevillard, Saboya; Xisto Cru 2019, Luis Seabra, Douro, Portugal; y Terre d’Iirizee Extra Brut, Regis Poissinet.

Sí, ha sido un gran día.

Una muy buena y estimulante noticia: Carles Abellán está de nuevo en la ciudad con su remozado Vint-i-quatre (Tuset con Diagonal). Ya ex empresario y el primer chef en estelarizar el taperío en Barcelona, nuestro hombre se ha vuelto a poner la chaquetilla y está a pleno rock and roll con un formato que, si bien incorpora varias de sus famosísimas tapas, añade jugosos y gozosos platillos a la oferta, configurando un establecimiento de barra y mesa de primer nivel. Mola.

Música recomendada: I drink alone (George THorogood and The Destroyers)

“No sabes lo que disfruto viniendo cada día, mañana y tarde, al restaurante”. Lo dice sonriendo, impecablemente ataviado con su chaquetilla y afanado en los fuegos y en el pase. Abellán, que en temporada atiende Casa Natalia en Formentera (propiedad de su mujer), está ahora a full en Barcelona. Y lo cierto es que, en un día entre semana, debo intentar acomodarme en un agujero de la barra porque ahí no cabe ni un alma, y eso que justo acaba de reabrir con algunos cambios en la decoración y con un fuerte impulso en la carta.

Junto con Toni Morago, potente chef que lleva con Carles casi 20 años y uno de los socios actuales de los bares 24, de los que Abellán, fundador, es ahora sólo asesor, y con el amigo Jani Paasikosky como jefe de cocina, Carles, con el Vint-i-quatre, promete muchas alegrías y muchas risas con su nuevo concepto de bar-restaurante abierto, desde el desayuno hasta la cena, pasando por aperitivos, almuerzos y tardeo, que en Tuset tiene tirón.

Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Con una lista de vinos en la que el 90 por ciento de referencias se sirve también a copas, la carta propone una zona de aperitivos y tapas y otra de platillos más sólidos, reflejo de las dos posibilidades del espacio, la barra y las mesas (además, claro, de la fantástica terraza), que se visten de blanco para almuerzos y cenas. Es decir, lo que quieras, amigo.

Carles practica la cocina instanténea: aquí todo es al momento y al capricho de las estaciones. Todo real, sin artificios, platos de la tradición impecablemente ejecutados. “Vamos a poner también, para un día a la semana, escudella i carn d’olla, e iremos incorporando a la carta platos como los canelones, tan barceloneses, el fricandó…”. Lo que ya sí tiene son los macarrones del cardenal, aunque en una versión distinta a la de Doménech (XIX), sin capas.

A todo esto, sigo en la barra, abierta a la cocina donde no se para. No voy a negarme hoy un homenaje a esas tapas que Carles ha elevado a la categoría de musts. Allá voy con las anchoas sobre mantequilla ahumada, golosas y gloriosas. ¡Qué coño! También el bikini, ¿no? Esa maravilla creada por Ferran Adrià (todavía recuerdo las bandejas con ellos que iba sacando Juli Soler el día de la inauguración del Talaïa Mar, en Barcelona, cuyo jefe de cocina era precisamente Abellán) y que Carles propulsó al estrellato. Jamón ibérico, mozzarella y pasta de melanosporum.

Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No me voy a negar nada hoy, y por eso me pido la ensaladilla (Mejor Ensaladilla de España 2018), melosa, orgullosa de ventresca. Paso a la zona de platillos entonces, con el suquet de langostinos y alcachofas, que me envuelve, y hago una parada técnica con el tartare de tomate, un estallido de Mediterráneo.

Los boletus con yema de huevo, ese plato que es casi sexual, con la yema esparcida en directo por el camarero, me lleva ya hacia los postres, que hoy tampoco voy a delegar. Las fresas con nata de vainilla y helado de leche de oveja, ya lo he dicho muchas veces, son las mejores que he tomado nunca. Este mediodía, sin embargo, los fresones no son del Maresme y -me advierte el propio Carles- nada es lo mismo. Cierto. Pero bueno… Me desquito con el flan con shake de café, excelente, y, por supuesto, con la crema de chocolate con pan, aceite y sal, otro de los hits en la trayectoria de Abellán desde su Comerç 24.
¡Qué gran noticia que Carles Abellán esté de nuevo en la ciudad!

Vint-i-quatre
Diagonal, 520

Tel. 938 58 93 29
Barcelona
Abierto todos los días
Precio medio: 35 euros

¿Qué sucede cuando se juntan el mejor barman del mundo (Paradiso Barcelona, Mejor Bar del Mundo 2022) y el chef más reflexivo y disruptivo del planeta (Mugaritz)? Pues que lo imposible se transmuta en perfección. Giacomo Gianotti y Andoni Luis Aduriz, alquimistas y taumaturgos de lo nuevo, lograron, con una inverosímil fusión engranada en prolijas complejidades, recrear un menú extasiado, arrebatadoramente apelativo… Extraordinario.

Música recomendada: Psycho killer (Talking Heads)

Ocho cócteles para ocho secuencias culinarias (metaculinarias). ¿O fue al vesre? “La coctelería es cocina fría, sin llama”, argumentaba Andoni antes de empezar. “”Cuando conocí a Andoni supe que algún día debíamos hacer algo juntos”, explicaba Giacomo.
El afortunado encuentro se ubicó en el Paradiso Lab, en la calle de al lado del bar que, como cada día, exige hacer cola para entrar. En el Lab la mesa era imperial, y la fiesta sensorial y cerebral vibraba desde la misma puerta, con un cóctel ‘Americano’ tocado tropicalmente por fruta de la pasión. Este combinado, el primero de la noche, marcó también la primera entrega de Andoni: una carbonara (ejem) que bien podría haber sido diseñada por HR Giger, un salvajismo de fermentos, quesos y sensaciones fúngicas en desinhibida promiscuidad.

Texturas traspasando todos los límites: espardeña con la piel suflada y rellena de un ceviche de sus interiores. Tormenta sensorial con una de las armonías líquidas más frescas y holísticas de la noche: ‘Aliens’, tequila blanco Don Julio con cordial de nopal, pomelo, bergamota y una corona de chapulines en tomate para el borde del vaso.

Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Otra salida del mismo tequila, el cóctel ‘Nazca’, en esta ocasión con leche de tigre de manzana y uva, cordial de maíz y estragón, cordial de té floral y destilado de clorofila, servido al momento y generando un cambio de color gracias a una lámpara UV. Brujería cromática para un petting con el maíz confitado y el colaborativo mochi de huacatay refocilándose en un praliné de sarraceno. Preciso juego áurico en la composición general.

La famosa teta de Mugaritz, que tanta literatura generó en su día -en realidad, fue un homenaje de Andoni a la artista Prune Nourry, que sufrió la extirpación de su seno a causa de un cáncer-, se chupa por el pezón, extrayendo en esta versión leche de oveja y heno… Paisaje. Servida junto con su remota ciruela pasa terrosa. Solidaridad líquida con el ‘Subterranium’, ron Zacapa 23 con leche de cabra, licor de heno, apio-rábano, manzana y cordial de rábano picante. Servido dentro de una manzana-vela que se enciende al momento.

Aparente regreso a la tierra… El solomillo. Falsa alarma, por fortuna. Curado en azúcar y cacao y rodeado de penicillium, en una viaje transgénero hacia el salchichón. Regresa Giacomo al tequila blanco Don Julio, en orgía con mezcal Casamigos, licor de cacao y tomate de árbol, jengibre y hojas de higo. El ‘Tlaloc’, servido en una ‘lámpara-seta’ que cambia de color.

Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Bar Paradiso. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

El combinado ‘Revival Negroni’, elaborado con tequila reposado Casamigos, bitter, vermouth, mantequilla de setas y chocolate y manzana fermentada combate con el provocador ‘turrón’ de avellana de Andoni (a la manera del tempeh indonesio) sobre praliné salado, junto con setas confitadas en enebro. Fermentados desatados…

Más madera: la cara, el ‘primer beso’… Esa máscara llena de flores y kombucha que hay que chupar sin cubiertos (toda la experiencia es sin cubiertos, ça va de soi), interpelación de Aduriz al cariño, y ‘nigiri’ de koji blanco con koji negro. El cóctel: ‘Enigma’, vodka Ketel con infusión de pino, cordial de frutos rojos, hidromiel de pino negro y limón. Servido dentro de una cabeza de porcelana a la que hay que extraer el cráneo, dejando a la vista el cerebro rosado de helado del cordial.

El ‘Gran Gatsby’ es el cocktail final (whisky Johnny Walker Gold Label, miel de trufa blanca, amaro, esencia de lavanda y ahumado con tabaco de vainilla y chocolate. Nobles humos flotando sobre la mesa… Y entonces el mantel emparedado de trufa relleno de setas y, al lado, una vaina de vainilla rellena con huevo, huevas de mújol y semillas de vainilla. Chupa.

Nada de postres. Sólo esa jubilosa sensación de estar ante dos creadores en momentos de gloria. Ante la atonía general de la cocina en España, el tedio, la recurrente tradición y el ‘planismo’ global que se cuela en las cocinas, hacer un ejercicio ‘Mugaritz’ (y más con Gianotti, otro inconformista militante) te vuelve a la fe perdida y maltrecha entre malas copias y croquetas desmayadas.
Pero todavía quedaba algo en la noche: el amaro de trufa blanca de Alba de Paradiso, un último trago que no delegué.

En el barcelonés barrio de Gracia, muy cerca de la plaza del Nord, se oculta un bar (ilustrado) que, en el poco tiempo que lleva abierto, ya es culto para romanos y cartagineses: el Oído. Al mando, Pedro Baño y Francisco Benítez. En la mesa, tapas y raciones elaboradas con mimo, jovialidad y savoir faire.

Música recomendada: Rumba de Barcelona (Gato Pérez)

Vecinos del barrio, aunque Benítez es mexicano, Pedro (Caelis, profesor de la Hofmann…) y Francisco (Noma, Paco Pérez…) se han ingeniado, en un discreto local con mini cocina, un baluarte de la tapa clásica sin alardes, pero con aplomo y mano fina. Ese bar que todos quisiéramos en la esquina de casa…

Me acerco al Oído (palabra usada en cocina para darse por enterado de un pedido) justo a las seis de la tarde, hora en que abre el establecimiento (en finde abren al mediodía), pero no tardan, tras apurar mi primera cerveza, en llegar otros clientes. Las buenas noticias corren rápido por Gracia…

Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Decido comenzar con unos boquerones marinados con vinagre de arroz y mirin, que, a pesar de ser sutiles, están faltos de una garra más canalla. Pero bueno… El clásico foie gras a la sal con higos y toque de PX, sobre focaccia, se ofrece con un exquisito equilibrio que delata el buen gusto de Baño. La croqueta de ibérico, otro acierto de sabor y lúbrica textura, coquetea con una mahonesa de boletus.

Clasicismo de barra con los mejillones bouchot a la crema, de perfecta cocción y maneras glamourosas. Preciso, con una taumatúrgica cocción en la robata, el pincho moruno de ternera, que se alegra con un pico de gallo con piña, aportación, claro, del mexicano Francisco.

Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Oído. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Por fin, porque más días habrá, los macarrones del cardenal, una elaboración popular en Catalunya durante el XIX y que recuperó en toda su opulencia el gran Carles Gaig. La receta de Oído es refinada, aunque sin evitar la fastuosidad de la crema de queso, el cabecero de lomo y la butifarra en orgía desmelenada. Excelente versión.

Unos días después, quise ir a probar el local madre (aunque, visto lo visto, habría que invertir el parentesco) de los dos chefs, la Fonda Pepa, también en Gracia, mas, ¡ay!, con un resultado decepcionante. Servicio pobre, platos dejados de la mano de Dios, ejecuciones infortunadas (el milhojas de papas y queso incorporaba unos huevos de codorniz gélidos y el crujiente de brandada ni recordaba al bacalao).
Aunque, comme on dit, siempre nos quedará Oído.

Oído
Providencia, 41

Barcelona
Cierra domingo y lunes
Precio medio: 30 euros

Cocina de taberna veneciana sin ínfulas ni piruetas, elaborada con corrección y limpieza, buscando los sabores auténticos de la tradición del Veneto sin estridencias. Intensidades justas, cocciones ejemplares y producto de calidad. He aquí los argumentos del éxito de Bronzo, un bacaro ‘de la laguna’ teletransportado al Born barcelonés.

Música recomendada: Just a gigoló (Louis Prima)

Hay entre los viajeros quienes son transeúntes de la trivialidad, otros son exploradores de las emociones efímeras y, finalmente, aquellos cuya irresistible fascinación por una determinada geografía y todo lo que ello incluye les cambia la vida. Este último es el caso de Marc Villà y Joan Castells.

Bronzo. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
Bronzo. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.

Cuando descubrieron Venecia, y muy especialmente la atmósfera de los bacaro (tabernas típicas de la ciudad donde se encuentran los amigos para unos vinos, unas tapas y mucha conversación), supieron que ya nada volvería a ser igual. La única forma de atenuar el ‘mono’ veneciano que se les ocurrió fue, de la nada, abrir un restaurante en su Barcelona que reflejara aquello que les había seducido en Italia. Lo llamaron Bronzo (por la pieza de bronce con la que se trafila la pasta italiana de calidad), y a día de hoy ya tienen dos establecimientos abiertos más otros dos que, por ‘simpatía’, han dedicado al universo de los panini. La seducción convertida en floreciente negocio…

Con una estética desnuda, pero con cariño, y de inspiración naturalmente veneciana, el Bronzo (en este caso, el del Born) se ofrece como una experiencia mimética del ambiente tabernero de la ciudad de la laguna, sin mucho más. Sólo vinos italianos, productos (quesos, embutidos) importados semanalmente de Italia y una carta que, aparte de algunas elaboraciones clásicas italianas, se centra en el recetario de Venecia.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

De esta suerte, lo primero que aparece en la mesa es el bacalao mantecato -parecido a la brandada o al atascaburras, pero sin lácteos ni patata-, servido entre placas crujientes de pan sardo o carasau. Es el primer punto del manifiesto culinario del local.

El otro ‘grande’ de Venecia es la sardina en saor, una exquisitez sin paliativos. Un escabeche suave, sutilmente agridulce, aquí con unos toques de lima, con cebolla, pasas y piñones. No debes olvidar pedir la focaccia para que el placer sea en estéreo.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

El vitello tonnato se vindica aquí también, aun siendo piamontés, aunque falto de nervio en el sabor de la mahonesa de atún, demasiado suave, para contrastar con las finas lonchas de ternera asada.

El steak tartare es impecable: al puro estilo, naturalmente, del mítico Harry’s Bar de Venecia, de donde surgieron también el carpaccio y el bellini. Se sirve con patatas fritas y con pan de pizza.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

La parte final de este menú improvisado pertenece a la pasta, por supuesto, que ellos mismos elaboran, siempre trafilada al bronce. La primera los spaghetti nero di seppia, tradicionales de Venecia (también muy popular en Sicilia), tocados por dos gambitas de perfecta poca cocción.

Y ya los bigoli en salsa, un clásico veneciano elaborado con aquella pasta (como spaghetti, pero más gruesos) y una emulsión de anchoas y cebolla caramelizada. Potentes y acanallados.

Como postres, la inevitable tarta de queso (gorgonzola), muy fundente y leve, y el tiramisú, por qué no.
A veces no hay que buscarle los tres pies al gato para proveerte de felicidad.

Bronzo
Rec, 60

Tel. +34 934 596 444
Barcelona
Siempre abierto
Precio medio: 40 euros

A pesar del estilo y la atmósfera distendidos y sin opulencias, el restaurante Carlota Akaneya de Barcelona es uno de los poquísimos establecimientos del mundo (con dos más de la misma compañía, en Madrid y París) que tienen la rarísima carne de wagyu matsusaka del Ito Ranch de Japón, con la suprema categoría A5, la que se comen el emperador y el primer ministro de aquel país. Poca broma.

Música recomendada: Awa Odori (Stomu Yamash’ta)

Dice la ‘leyenda’ que Ignasi Elías, en un viaje a Kioto en 2009, cayó mesmerizado por un restaurante sumibiyaki (barbacoa nipona, en román paladino) de nombre Akaneya… Al regresar a Barcelona, aquel hechizo se convirtió, con el concurso de su socio Felipe Fernández, en el restaurante Carlota Akaneya, en pleno Raval. Se dice también que hace unos pocos años, el mismo Ignasi visitó el selecto Ito Ranch, de donde sale la mejor carne de wagyu matsusaka de Japón (y del mundo, claro), y que cuando salió llevaba en el bolsillo el permiso para exportarla a España, un salvoconducto imposible hasta aquella fecha propiciado por el paso del covid y por el descenso de consumo de esta carne tan cara en Japón. Sea como fuere, Elias y su mujer Chiho Murata son, junto a los Hermanos Torres, de los pocos afortunados en servir legalmente esa matsusaka A5 en sus establecimientos. ¿Matsusaka? Es uno de los tres tipos de carne bovina de raza wagyu negra, la más prestigiosa (aunque te suene más el nombre ‘kobe’) debido a las altas exigencias requeridas: vacas vírgenes, engorde controladísimo, trazabilidad obsesiva… ¿A5? Es el grado de calidad máximo. Y, para rematar la jugada, todavía hay que tener en cuenta el BMS o índice de marmoleado de las piezas, con el 12 como máximo. En Carlota Akaneya lo cumplen todo, desde el origen de la carne en el celebérrimo Ito Ranch, en la prefectura de Mie, donde compran el emperador y el primer ministro, hasta las máximas calificaciones antecitadas.

Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Con este largo y prolijo prefacio, podría parecer que comer en el Carlota Akaneya es cosa solamente de nababs caprichosos; pero no. En realidad, el menú top cuesta… 119 euros. Y, te digo, es una completa inmersión en el culto a la mejor carne posible del planeta.

De ello se encarga, en un minimalista comedor (sólo noches) tipo izakaya (taberna japonesa), de penumbrosa iluminación, el chef Juanjo Pernía (ex Daviz Muñoz). Lo hace a partir de unas mesas especiales, las que corresponden a la tipología culinaria sumibiyaki (cocción al carbón en directo), con una hoyo en el centro donde se ubican las piezas (elegantes paralelepípedos) de carbón de briqueta al rojo vivo salpicadas por unas cuantas ramas de romero. Aromas envolviendo y, sí, un poco de calor, pero nada que no pueda arreglar una cerveza japonesa y un corte de matsusaka.

Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Mientras suena el free jazz (a un tenue volumen) en los altoparlantes, da comienzo la ceremonia, siempre con un tono distendido e informal a pesar de los lujazos que se van a servir. Servicio easygoing entre aromas de brasa que debuta con un refrescante sake de ciruela. No puede faltar el edamame, que en esta caso se sirve en un recipiente lleno de brasas humeantes. Como pipas, tío.

Otro gran clásico: la sopa miso, ilustrada con una vieira y una almeja. Excelente entrada que se sirve junto a un cubo de tofu caramelizado y una fina lámina de wakame crujiente. El tonkatsu (cerdo rebozado con panko a la mostaza y miel), impecable, se acompaña de col aliñada.

Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Momento para el hot pot o shabu shabu. Una sopa con salsa mentsuyu (mirin, sake, soja…) con verduras y setas japonesas. Déjalo infusionar… y luego ve pescando los tropezones. Un punto acanallado (después puedes beber la sopa, a la que añadirán arroz) que da la entrada al primer corte de carne, el teres major (parte de debajo del hombro del wagyu), un ‘regalo’ de la casa que se degusta hirviéndolo en el hot pot. No te pases de cocción, amigo.

Más madera matsusaka: corte ichibo (cuadril) con salsa de miso ponzu. Conviene irse quedando con las texturas, la sutileza del sabor, la infiltración de grasa, porque la ceremonia de la carne irá in crescendo. Mira (y cuece con prudencia en las brasas): tataki de sobrecostilla, harami (entrama) y hombro alto, ya con un marmoleado muy relevante. Tres cortes de matsusaka para ‘entrenar’.

Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Carlota Akaneya. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Porque la actuación principal son las dos piezas del Ito Ranch A5 BMS12. Aquí estamos en lo supremo. La aguja y el niguiri soasado de lomo bajo (que elabora un cocinero en la misma sala en vivo), el cúlmen. Dos piezas extraordinarias que concluyen una experiencia ciertamente exclusiva.

Pero, claro, como en toda buena película, falta el giro final. Y éste llega después de la mousse de té matcha rellena de maracuyá con esponjas de frambuesa y ganache de chocolate blanco, postre refrescante prólogo del otra gran hit del restaurante: el famoso melón Musk Crown de Fukuroi (240 euros la pieza), un cantaloup que crece en solitario en la planta y que se va acariciando a mano durante su maduración para repartir armoniosamente el dulce. Dirás que es sólo un melón, y es cierto, pero muy bueno y, sobre todo, como mucho de lo que hace de la gastronomía japonesa algo diferencial y casi mágico, cuidado con un mimo extravagante.

Si quieres vivir algo único en el mundo sin pillar un avión y sin perder la cartera, no te queda otra: Carlota Akaneya.

Carlota Akaneya
Pintor Fortuny, 32

Barcelona
Tel. +34 933 027 768
Abierto todas las noches y los mediodías de sábado y domingo
Precio medio: 119 euros

Del Mediterráneo al Atlántico; pero junto al paseo de Gracia. El Mood Rooftop Bar del lujoso hotel barcelonés te hará navegar entre esos dos mares con un espléndido menú de bacalao interpretado desde España y Portugal. Miguel Muñoz, resident chef, y Tiago Valente, cocinero del hotel The One Palácio da Anunciada (Lisboa), se han aliado para confeccionar una panorámica gastronómica del bacalao interpretado desde sus respectivas tradiciones. Y lo harán hasta el día 3 de diciembre. Tiempo de sobra para probar. Y volver a probar.

Música recomendada: O pastor (Madredeus)

El rooftop del hotel The One Barcelona no es sólo un mirador privilegiado a la ciudad entera, sino también un restaurante, el The Mood, donde atiende el chef Miguel Muñoz, al que ya hace años que conozco (y disfruto, a pesar de su natural discreto y poco dado al “candelabreo”). Y es también el lugar donde estos días, hasta el 3 de diciembre, se celebra el bacalao a través de un potente menú que integra armoniosamente recetas españolas y recetas lusas, estas últimas creadas por Tiago Valente, del hotel hermano en la capital portuguesa. Un menú que permite, sin moverse de la ciudad, sentir todas las sensibilidades culinarias de este pescado que es religión en toda la península ibérica.
Y yo no me iba a perder esto. Y menos sabiendo que la materia prima -el bacalao- la surte Perelló, mítica marca que puedes encontrar, por cierto, en el Mercat del Ninot.

The One Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
The One Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

El recibimiento es con un cóctel ligero de Oporto blanco con gin, unos crujientes chips de piel de bacalao con pil pil y romesco y unos tradicionales “pasteis de bacalhau com queijo”. Primeras notas de color mientras Barcelona brilla de mediodía soleado…

El menú que me marco comienza con los lomos de sardinillas en escabeche de naranja, pulpo al ajillo y las famosas “pataniscas”, especie de buñuelo. A continuación, el carpaccio de bacalao con pipirrana y esféricos de aceituna. Más bacalao: tortilla unilateral (o “vaga”, en definición del gran Sacha) con piparra. Y esas cocochas al pil pil con puerros confitados…

The One Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
The One Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

El pase principal es en esta ocasión mi favorito: el bacalao à Brás, creación de un tabernero del Bairro Alto lisboeta llamado Braz y uno de los platos de bacalao más populares no sólo en Portugal, sino también en Macao, ciudad que es tradicionalmente definida como “casinos, mujeres y bacalao à Brás”. Valente lo versiona a partir de un lomo entero (en la receta original va desmigado) descansando sobre una locura de patata y huevo y coronado por una olivada negra. Impecable. En la carta de este pop up, sin embargo, se pueden elegir otras especialidades, como el muy célebre bacalao à lagarerira o el poderoso bacalao “con todo”.

Los postres, pura ensoñación dulce: los archiconocidos pastéis de nata tibios, el tocinillo del cielo portugués (con almendras) con cítricos y los viciosos huevos moles de Aveiro (Portugal), a base de yemas y azúcar dentro de una envoltura de hostia.
Mola, ¿no?

Mood Rooftop Bar (Hotel The One Barcelona)
Provenza, 277
Barcelona
Tel. 932 14 20 70

Paulo Airaudo, en su Aleia de Barcelona (hotel Casa Fuster), no sólo avanza en su inclasificable (y fascinador) estilo, afortunadamente alejado del mainstream tanto en concepción como en factura, sino que se refuerza con la mano firme y classy de Rafa de Bedoya, el chef residente, que alía su Jerez natal con Catalunya y con las armonías funky de Airaudo en un fresco gastronómico de mucha altura… y sabor. Sí; soy fan.

Música recomendada: I’ve got a crush on you (Brian Wilson)

No puedo dejar de recordar hoy, aquí, demorando la vista sobre el paseo de Gràcia con un negroni en la mano, cuando conocí a Paulo Airaudo. Fue en su primer local donostiarra, el Amelia, donde, con alambicada verborrea, me fantaseó (con inquietante aplomo, no obstante) sus ideas y sus futuros, que luego resultaron ser no sólo ciertos sino hasta tímidos en sus expectativas. En aquel momento Paulo era una rarity en San Sebastián, aunque, al acabar aquel menú primigenio, ya sentí su llamada y supe que una nueva historia culinaria iba a comenzar.

Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Él no se equivocaba; yo, tampoco. Llegaron otros locales, otros países, estrellas Michelin varias… Y, por fin (hasta ahora), Barcelona. Y otro macaron. Razones a la guía roja no le faltan. En el seductor modernismo del hotel, un comedor elegante en la primera planta, discreto, con amplios y sinuosos ventanales a los “jardinets” de Gràcia, ese oasis recoleto donde comienza el famoso paseo, y un servicio fino a cargo de Paula Miguel -jefa de sala- y el sumiller Michi Infante. Esto por un lado. Por el otro, Rafa de Bedoya, el chef al mando. No es baladí decir que, después de transitar por el Celler, Azurmendi, el Cenador de Amós o DStage, pasó varios años con Juanlu (Lú Cocina y Alma), donde su natural querencia por la cocina francesa se fortificó todavía más. De Jerez y de Juanlu su sensibilidad por la alegría andaluza y las salsas clásicas; de Catalunya, el producto; y de su asociación con Airaudo, lo numinoso que envuelve todo. La resultante: luz, swing y mucho sabor.

Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Desfilan ya los aperitivos en la mesa, con una ostra del Delta del Ebro con mignonette de sakura y gelée de su agua; la gamba blanca de Tarragona con crema de raifort y aceite de perifollo; la tartaleta de tartare de jurela, mano de Buda, encurtidos y caviar; el brioche de choco frito con holandesa de su tinta; y la croqueta de cogote de merluza y colágeno (sin harina). Exquisitez en la elaboración y en los acabados.

Sabor, decíamos, y belezza, otra de las “marcas” de Airaudo y de Bedoya: cáliz de rábano sandía con parpatana de atún rojo y aliño de tomate, todo un guateque de texturas. Flan nipón de consomé ibérico como base de los rebozuelos, la anguila ahumada y el foie gras. Sabores impresionistas…Tiempo para lo sicalíptico con la hogaza de pan de masa madre, el tuétano asado y las mantequillas (tomate, aceite de oliva y jamón ibérico).

Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Aleia. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Evocaciones andaluzas: salmonete soasado con huevas de salmón y gazpachuelo de anchoas y mejillones, y esa cocción cronométrica del pescado. Entonces llega la inmensidad, presidida por una cigala a la brasa acompañada de una beurre blanc de amontillado y aire de sus corales. Ya te digo… No dejemos las grandezas: rape con ocho días de maduración, foyot de fricandó y guiso de senderuelas con trufa. Joder. Y pechuga de pato de Challans con “farcellet” de col de sus muslos y foie gras, servido en gueridón.

Los postres, provocadores, transitan entre unas fresas (compota y frescas) con caviar y nata quemada; el flan de mató edulcorado con boniato y galletas de nuez; y el caleidoscópico savarín borracho de ron con chantilly y trufa.
El Aleia es mucho.

La metáfora del título se la debo a Eduard Xatruch, que fue quien me la soltó hace unos años, cuando se inauguró el Compartir Cadaqués, para definir su cocina. La retomo felizmente aquí, en Barcelona, no sólo porque la mayoría de platos de su carta son historia del de Cadaqués (en las próximas semanas habrá un cambio importante en los menús) y porque las novedades que pude gozarme mantienen el símil ajedrecístico, sino porque es la misma senda por donde transcurre la creatividad “Compartir” años después, ese golpe definitivo a los sentidos que, acorazado técnicamente, te derrota sin paliativos. Al frente de esta simbología sin meandros, el potente Nil Dulcet, chef virtuoso que se ha sabido rodear de un equipo imbatible. Compartamos…

Música recomendada: 96 tears (The Mysterians)

El Mediterráneo fluye como Pedro por su casa en el Compartir Barcelona. La cerámica (en línea con la de Disfrutar), el color, el brillo y la vivacidad dibujan la topografía atmosférica del local, continuación del establecimiento de Cadaqués y de las inquietudes “normales” de Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas. Y luego Dulcet. Conocí a Nil, con Roser Torras, al principio de su trayectoria, y fue a partir de aquel encuentro que entró en El Bulli y ya no paró.  El Bulli hasta el cierre, El Celler, segundo en Compartir Cadaqués y, finalmente, desde 2014, chef en Disfrutar, antes de asociarse, este mismo 2022, con Oriol, Eduard y Mateu para liderar el Compartir Barcelona.

Ahora mismo, el Compartir Barcelona proyecta en el Eixample toda la alta frescura, la luz, la vibración y el naturalismo configurado en Cadaqués, pero ya hay nuevas composiciones que, en septiembre, desembocarán en una nueva carta. Aunque todos sabemos que, clásicos o nuevos, los platos del clan CXC son eternos.

Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Juega Nil con las cartas marcadas, tanto por su exigencia técnica como por el muy testado vigor solar de la propuesta y, no menos, por el perfilado aplomo de su equipo de sala (Rodrigo Galvao, jefe; Sergi Morro, sumiller). Cosas de “los hijos de El Bulli”… Sólo un crujiente de pan con tomate (en polvo) y orégano y ya estamos informados de que, aquí, la virguería está esclavizada al sabor. Imposible más intensidad en un breve snack.

Sigamos. El mundo de las ensaladas, premisa funcional en Cadaqués, se encarna en la de remolacha, confitada en láminas y en espuma, piña y ajoblanco (sorbete), un canto al frescor y la tierra. Todo será trepidante a partir de ahora…

Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Sardinas marinadas con escabeche de zanahorias y naranja y leche de coco, estética pictórica, finuras. El clásico de Cadaqués, el triunfante canelón de atún, ya reverbera en la mesa: envoltura de sashimi, tartare dentro, crema de almendras, jugo de aceitunas, alcaparras… Sabores y texturas dislocadas en un estereofónico estallido mediterráneo. Todo resplandece. Abramos pues un Savinat, cremosidad, polifonía. Y ataquemos la caballa con gilda en deconstrucción (salsa) con fruta de la pasión y esféricos de oliva negra, otra muestra de la impulsividad sápida y acanallada del restaurante. El buey de mar, a la “senyoret”, es una crema natural con aguacate, ponzu, yogurt griego y huevas de trucha en un nuevo ejercicio de naturalismo complejo.

Tiempo de glamour afrancesado con los mejillones a la “bearnaise” con chalota encurtida, fluida textura. Entonces las navajas con espárrago verde envuelto en gelatina de panceta, colisión de texturas y no se sabe cuál es el verdadero protagonista del plato. Homenaje a Disfrutar: “panchino” de mozzarella recubierto por una generosa cabellera de trufa negra, obscenidad ilimitada. Y otra “maldad”: huevo frito con salsa de jengibre y soja con dados de atún, aguacate, polvo de tomate, huevas de salmón, menta…

Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Compartir Barcelona. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Recuerdos de El Bulli y de Cadaqués: el shabu shabu de salmón salvaje, cocínalo muy brevemente en la sopa de miso. Y déjate ir con la vehemencia del caldo de pollo reducido en esas vieiras a la catalana con patatas confitadas, espinacas, piñones y vino rancio.

Punto de inflexión: la paletilla de cordero a baja, sin trucos, pintada con salmorejo canario “Compartir style” de ñora (falto de un punto picoso) para deshebrar y poner en los tacos adjuntos, un gran show de obscenidades.

La “caprese” es el primer postre, la frontera: tomates inyectados de vainilla, spaghetti de chocolates blanco con albahaca, helado de mozzarella y tierra de tomate y albahaca. Deliciosa diversión… El coulant de avellana, nada nuevo, se expresa no obstante con una cremosidad inusitada, junto al helado de albaricoque. Y, por fin, los bombones líquidos de chocolate con sorbete de grosella y menta.
Afuera, el asfalto del Eixample se ha trastocado en olas y maresías…

Compartir Barcelona
Valencia, 225

Barcelona
Tel. 936 247 886
Cierra lunes
Precio medio: 60 €