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No debe inquietar el exceso visual (y espacial) que te recibe en el Gloria Osteria: es sólo el envoltorio (un tanto kitschoso, esto sí) de una cocina que, con los mínimos alardes, fotografía con precisión una correctísima -y veces hasta brillante- cocina italiana moviéndose con swing desde la tradición hasta medidos destellos lujosos. Detrás de todo, el exitoso grupo internacional Mamma Mia y, sobre todo, el chef ejecutivo, Daniele Tasso, que a pesar de dar 3000 cubiertos a la semana, mantiene el pulso firme desde los antipasti hasta los postres.

La frontera entre el glamour y la demasía son difusos en el Gloria Osteria (el gigantesco local donde fracasaron los hermanos Iglesias en su alianza con los Messi), un espacio de dos plantas generosas y jardín inabarcable (sin uso hostelero) que se mira en una opulenta versión art decó llena de espejos, grandes figuras de perros, fantasiosas lámparas colgantes de Murano… Un desenfreno óptico que, no obstante, juega en lo alto con discretas y pequeñas mesitas, vajilla hecha a mano, servicio rápido y competente y una cocina afinada y aplomada.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Podría parecer que, en un restaurante de estas proporciones, lo puramente comercial machacaría a lo gastronómico; pero no es así. Gloria Osteria demuestra que se puede hacer buena cocina aun con gran volumen (véase Nandu Jubany, uno de los pioneros de la maximización culinaria de alta calidad en sus banquetes y bodas).

Daniele Tasso no falla. Buen conocedor de la tradición italiana por su familia (panaderos y pasteleros genoveses), sus platos son, primero, honestos, y después, perfectamente ajustados y presentados. No se deben buscar creatividad ni virguerías aquí, sino muy buen producto (todo, excepto lo fresco, llega diariamente de Italia, y la pasta, el pan y los helados se hacen in situ) y unos puntos exactos. Digamos ahora que el precio medio se sitúa en los 45 euros, lo que todavía engrandece más la propuesta.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Con la luz entrando a raudales por la gran cristalera que da al jardín, y con un servicio de orden ejemplar, llega lo primero a la mesa: el tonno tonnato, unas láminas de atún rojo Balfegó con salsa tonnata y alcaparras. Una entrada fresca y equilibrada. Los arancini de queso con trufa son otro ejemplo de sencillez vestida de elegancia. Y la burrata, cremosa y cremosa, acompañada de un pesto de pistachos (servida con pan carasau), cierra esta, digamos, gozosa bienvenida a Italia.

Llega la cesta de pan (grissini al pecorino, focaccia, pan de aceitunas, todo maison) y, con ella, el lujazo de una ensaladilla (‘lobster rusa’) con cangrejo real, langosta en crudo y hierbas frescas, bautizada en directo con un gazpacho de peperoncini y pepino. Extática.

Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Gloria Osteria. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Volviendo a las raíces italianas: risotto de porcini (y setas japonesas) fino, boscoso, envolvente. Spaguetti a metro con salsa de tomate (San Marzano, daterini y tradicional). Mantecados en gueridón con parmiggiano. Epifánicos.
Tagliolini al nero di seppia con sepia, atún fresco y ese cosquilleante toque cítrico. Y me da a probar Daniele uno de los muchos contorni de la carta: las setas de cardo glaseadas con tomillo.

Me quedan por degustar un montón de platos, las pizzas… Pero será en otra ocasión.
Aunque en ésta no delegué los postres, e hice bien. La tarta de chocolate con café y canela sobre cama de nata montada, una obscenidad; los profiteroles de helados cremosos (avellana, pistacho) bañados con chocolate; el flan de vainilla, otro hit; y el tiramisú, por supuesto, sicalíptico.

O sea, autenticidad y savoir faire a lo grande.

Gloria Osteria
Enric Granados, 86

Barcelona
Tel. 930 46 41 20
Siempre abierto
Precio medio: 45 euros

Cocina de taberna veneciana sin ínfulas ni piruetas, elaborada con corrección y limpieza, buscando los sabores auténticos de la tradición del Veneto sin estridencias. Intensidades justas, cocciones ejemplares y producto de calidad. He aquí los argumentos del éxito de Bronzo, un bacaro ‘de la laguna’ teletransportado al Born barcelonés.

Música recomendada: Just a gigoló (Louis Prima)

Hay entre los viajeros quienes son transeúntes de la trivialidad, otros son exploradores de las emociones efímeras y, finalmente, aquellos cuya irresistible fascinación por una determinada geografía y todo lo que ello incluye les cambia la vida. Este último es el caso de Marc Villà y Joan Castells.

Bronzo. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
Bronzo. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.

Cuando descubrieron Venecia, y muy especialmente la atmósfera de los bacaro (tabernas típicas de la ciudad donde se encuentran los amigos para unos vinos, unas tapas y mucha conversación), supieron que ya nada volvería a ser igual. La única forma de atenuar el ‘mono’ veneciano que se les ocurrió fue, de la nada, abrir un restaurante en su Barcelona que reflejara aquello que les había seducido en Italia. Lo llamaron Bronzo (por la pieza de bronce con la que se trafila la pasta italiana de calidad), y a día de hoy ya tienen dos establecimientos abiertos más otros dos que, por ‘simpatía’, han dedicado al universo de los panini. La seducción convertida en floreciente negocio…

Con una estética desnuda, pero con cariño, y de inspiración naturalmente veneciana, el Bronzo (en este caso, el del Born) se ofrece como una experiencia mimética del ambiente tabernero de la ciudad de la laguna, sin mucho más. Sólo vinos italianos, productos (quesos, embutidos) importados semanalmente de Italia y una carta que, aparte de algunas elaboraciones clásicas italianas, se centra en el recetario de Venecia.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

De esta suerte, lo primero que aparece en la mesa es el bacalao mantecato -parecido a la brandada o al atascaburras, pero sin lácteos ni patata-, servido entre placas crujientes de pan sardo o carasau. Es el primer punto del manifiesto culinario del local.

El otro ‘grande’ de Venecia es la sardina en saor, una exquisitez sin paliativos. Un escabeche suave, sutilmente agridulce, aquí con unos toques de lima, con cebolla, pasas y piñones. No debes olvidar pedir la focaccia para que el placer sea en estéreo.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

El vitello tonnato se vindica aquí también, aun siendo piamontés, aunque falto de nervio en el sabor de la mahonesa de atún, demasiado suave, para contrastar con las finas lonchas de ternera asada.

El steak tartare es impecable: al puro estilo, naturalmente, del mítico Harry’s Bar de Venecia, de donde surgieron también el carpaccio y el bellini. Se sirve con patatas fritas y con pan de pizza.

Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Bronzo. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

La parte final de este menú improvisado pertenece a la pasta, por supuesto, que ellos mismos elaboran, siempre trafilada al bronce. La primera los spaghetti nero di seppia, tradicionales de Venecia (también muy popular en Sicilia), tocados por dos gambitas de perfecta poca cocción.

Y ya los bigoli en salsa, un clásico veneciano elaborado con aquella pasta (como spaghetti, pero más gruesos) y una emulsión de anchoas y cebolla caramelizada. Potentes y acanallados.

Como postres, la inevitable tarta de queso (gorgonzola), muy fundente y leve, y el tiramisú, por qué no.
A veces no hay que buscarle los tres pies al gato para proveerte de felicidad.

Bronzo
Rec, 60

Tel. +34 934 596 444
Barcelona
Siempre abierto
Precio medio: 40 euros

Lo de Baldoria es un auténtico “caso de éxito”. Por decirlo rápido: en finde dan 1000 cubiertos, con los dos turnos a reventar. Detrás de esta barbaridad, el propietario y chef inspirador, Ciro Cristiano, que con una carta italiana de corte tradicional (con algún guiño) y en general muy bien ejecutada (más abajo veremos) es capaz de seducir a tirios y troyanos. Y a mí mismo. Pero pasemos a la mesa, que afortunadamente hemos conseguido reserva…

Música recomendada: Buona sera (Louis Prima)

Un champagne y un poco de jamón en casa de Juanma Bellver -que vive en frente- marcarán el aperitivo de hoy, porque estamos en el segundo turno del Baldoria (“jolgorio” en italiano). Ya son las tres y media y, con Luchini, nos movemos hacia el restaurante, que luce alegremente repleto de clientes. La atmósfera es bulliciosa, primera evocación de Italia que ya no cesará, porque, aunque estemos en Ortega y Gasset, todo respira italianidad. La carta de vinos, sin ir más lejos, sólo contiene vinos italianos. Escogemos, por curioso, una blanco elaborado con uva catalanesca (llegada hará unos 600 años a Italia desde Catalunya y aposentada en la zona del Vesubio, donde acaso el azufre del volcán la libró de la filoxera, siendo, por tanto, de pie franco) y atacamos las bolas de pan frito rellenas de espuma de parmesano y tocadas con balsámico.

Comenzamos. Carpaccio e ternera con mahonesa cítrica, coliflor (blanca y morada), hinojo, hierbabuena y aceitunas sicilianas. Excelente la carne en un jovial festival de texturas. La “tropea” llega a continuación: se trata de una variedad de cebolla calabresa que aquí se presenta en formato tarta tatin con ‘nduja (sobrasada muy picante de la misma zona) y tropezones de queso de cabra. Gozos sin medida.

Restaurante Baldoria. Madrid. Fotos: Xavier Agulló.
Restaurante Baldoria. Madrid. Fotos: Xavier Agulló.

Llega el momento de las pizzas (napolitanas), a priori uno de los grandes argumentos del restaurante, y ahí está el gran horno de leña para dar fe. Pero no… Las dos que pedimos, con los ingredientes cuidadísimos, esto sí, aparecen con falta de cocción. Las dos. La margarita (prueba del nueve) con mozzarella de búfala y la de brócoli con salchichas y grelos. Quizás el llenazo del restaurante hurtó minutos al horno… Habrá que volver.

La pasta cacio e tartufo, la más popular de la casa, se acaba en gueridón, dentro de la propia rueda del queso pecorino romano de ocho meses, y, como su nombre indica, lleva salsa de trufa, espuma de parmiggiano, un toque de queso scamorza y, claro, trufa rallada con despreocupación y sin mirar atrás. Maravilloso. Igualmente de nivelazo los pappardelle con ragú napolitano (cerdo y ternera).

En los postres, un tiramisú clásico con bizcocho genovés y una panna cotta (sin gelatina) con kiwi, pasión, piña y frambuesas.
Italia es tendencia imparable en la restauración madrileña, con un puñado de restaurantes de relumbrón, y el Baldoria (que además propone, por la noche en fin de semana, música italiana y festivalera en directo desde el balcón), con los detalles mencionados, es uno de ellos.

Baldoria
Ortega y Gasset, 100

Tel. 910 94 49 41
No cierra
Precio medio: 35 €