Segundo día de confinamiento en La Guancha y, antes de comenzar con el diario gastronómico, con los últimos restaurantes visitados y apuntados en mi cuaderno, y porque es domingo, no me resisto a un segundo cuento, esta vez mío. Espero que os alegre el día a los que estáis varados entre cementos y asfaltos. Yo, persiguiendo mis viejos sueños tropicales, si he de pringar, será aquí, con las palmeras puestas.
Confinado en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide), canceladas todas las naves, me propongo escribir aquí un diario en el que repasaré las últimas páginas de mi cuaderno Midori, los postreros restaurantes que he visitado antes de los abruptos cierres… Pero, para empezar, qué mejor que uno de los cuentos del Decamerón de Bocaccio, porque es inevitable el fatal paralelismo…
Recuerdo aquel fotomatón de la plaza Gala Placidia porque estaba justo al lado de las Atracciones Caspolino, mi ruta 66 particular, el lugar donde esbocé mis primeros sueños entre autos de choque, cigarrillos furtivos y chicas imposibles de minifaldas ajustadas y botas que se hicieron para algo más que caminar. Y por los oscuros y escalofriantes hechos que sucedieron años después…


