El talentoso (y muy tenaz) chef Rigoberto Almeida ha tomado la incipiente escena gastronómica de Fuerteventura por las solapas y, con su nuevo y valeroso restaurante –El Pellizco by Rigoberto Almeida, Costa Calma-, en el que se atreve a ofrecer el primer menú-degustación majorero, se convierte en el líder de la Nueva Cocina Canaria en la Isla y, ojo, se posiciona con descaro como nuevo y audaz player culinario del Archipiélago a partir de la despensa canaria, el vibrante swing técnico y una visión creativa a todo color.
Música recomendada: Superstition (Stevie Wonder)
No me debería extrañar que Rigoberto, al que conocí en El Pellizco original (todavía abierto en Morro Jable con llenos diarios) y, más tarde, en el Lo Nuestro -su joint venture con la alicantina Mari Carmen Vélez, en el que dio un paso atrás, pero manteniendo su colaboración-, haya dado por fin el gran salto. El que necesitaba él. El que necesitaba Fuerteventura.

Con un gran restaurante ubicado frente al océano de contemporánea y fina factura, comedor interior, terraza cubierta y veranda al fresco, bodega y cocina (impresionante) vistas y siempre el gran azul de fondo, Almeida, junto a su mujer, Yahimara Ferrand, directora de los dos El Pellizco y sumiller recién graduada, han cruzado el Rubicón y… “alea iacta est”.
Pero esa “suerte” nada tiene de aleatorio. Quia. Rigoberto ya demostró su poderío culinario y su muy personal forma de crear gastronomía en su primer El Pellizco, un establecimiento en plena zona guiri de Morro Jable que, no obstante, era (y sigue siendo) referente de como lo local puede estallar de ingenio y diversión. Pero hay más: Almeida, que es licenciado en Química de los Alimentos, nació en Cuba y allí, con el restaurante de sus abuelos canarios -sí, El Pellizco La Habana- como patio de juegos, brotó una pasión que ya no le daría descanso (y que consolidó más tarde en Le Cordon Bleu). Sólo le faltó encontrarse con la también cubana Yahimara para, soñando en los orígenes familiares, moverse a Fuerteventura y abrir un restaurante. No había otra. El suceso fue instantáneo: los productos y las tradiciones de Fuerteventura voladas desde el desparpajo caribeño.

Aunque estaba claro que en algún momento habría un punto de inflexión definitivo, y no sólo por la gran personalidad de las elaboraciones, sino también por el propio carácter de Rigoberto, que siempre quiso más. Y más. Ambición en su acepción más virtuosa, una actitud necesaria para el éxito cuando va acompañada de talento.
Lo del nuevo El Pellizco Costa Calma es sólo la primera cristalización del fenómeno ‘Rigoberto Almeida’. Un magnífico establecimiento, una cocina de premier y la creatividad surgiendo a raudales. “Pero con Fuerteventura como base insobornable: el gofio (que manipulo de mil formas novedosas) y la cabra majorera (además de nuestras verduras, carnes y pescados) son parte muy importante de la narración de El Pellizco”, afirma el joven cocinero con determinación.
Sí. Su compromiso es inalienable. Al punto que, con una carta llena de territorio y alegría, en estos días va a debutar también con el primer menú-degustación de la isla, un riesgo (calculado) que quiere ser el punto de partida de la alta restauración majorera contemporánea.

Almuerzo y cena en El Pellizco Costa Calma
Había que probarlo todo. O casi todo. Especialmente, aquellos platos que serán la identidad del nuevo menú-degustación. Para ello, mejor empezar con un vino de Fuerteventura sorprendente: el Papaíno, malvasía volcánica que, entre otros, consiguió en 2024 el primer premio del “Mondial de Vins Extrêmes”. Frutas, trópico, hierbas, salinidad, medidos cítricos… Curiosamente, el origen de la familia elaboradora -los Cabrera– estuvo en Cuba. Nada es casualidad…
Y allá voy con la kermesse… Queso majorero ‘frito’ (bolas de queso con un crumble de tomate para el efecto ‘frito’). Pella de gofio frita con toques de mojo y queso semicurado de cabra. Para que no haya dudas de donde estamos. Berenjena de Fuerteventura con espuma de queso de cabra, tomate cherry confitado, burgados de El Cotillo y aceite de albahaca. Peculiar y hedonista juego de texturas. Digamos, en este punto, que si bien las gambas famosas son las de La Santa (Lanzarote), Almeida las consigue, las mismas, en El Cotillo, en su isla.
Pulpo de Fuerteventura frito. Textura que recuerda al pulpo seco alicantino. Con escaldón de gofio, mojo negro de la tinta y cobertura de cotufas (palomitas) dulces crujientes. Toque picoso. Muestra de la policromía de Rigoberto.
Filete de pámpano oreado con crema de colágeno marino, mirepoix de pepino y manzana verde y chips de remolacha. Peculiar el ceviche, una bola crujiente de gofio rellena de vieja.
Y ese plato que es el capricho, el hallazgo que arrebata… Bikini (brioche) de costilla de cochino negro con mole y huevo frito de codorniz, hit indiscutible de Rigoberto.
La ensalada líquida (sobre plato helado) incorpora nieve de aguacate, esferas de fresa, vieja ahumada y una infusión de pepino y manzana verde servida en directo. Impecable.

También el tartare de atún rojo flirtea con el gofio, pues se presenta en una semiesfera crocante de esa harina tostada con huevas de tobiko y espuma de ajo verde flambeada.
Las gambas de El Cotillo, por supuesto, con infusión de mojo verde y coco, brotes de ensalada y topping de caviar.
Pámpano otra vez (recuerda, almuerzo y cena): sobre colágeno de pescado, con demi-glace de cebolla texturizada con colágeno de cochino negro. Mar y montaña militante que se acompaña (arrojados encima del conjunto) de garbanzos crujientes.
La cabra en OCCO (18 horas) se relame con una reinterpretación del rancho canario, una demi-glace de cabra y el ‘pan de pueblo’ de mojo picón (de masa madre, elaborado en el propio restaurante) para, ya tú sabes.
Un postre: frutas tropicales (piña y mango confitados con sorbete de maracuyá y gelatina de albahaca y coco).
Es lo que dio de sí el día, aunque hay mucho más, sin ir más lejos todo el trabajo que Rigoberto está realizando con el áloe vera, un estudio en el que Quique Dacosta fue pionero hace años.
Y la propia mente de Almeida, imparable. Porque Rigoberto tiene todos los números para que, por fin, Fuerteventura tenga el líder que necesita para dimensionar al pujante sector gastronómico y turístico de la isla a nuevos (y emocionantes) destinos más allá del sol y las playas.
El Pellizco Costa Calma
Montaña Azufra, 1
Costa Calma. Fuerteventura
Tel. 607 08 10 83
Precio medio: 60€

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