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“Luz, más luz”. Johann Wolfgang von Goethe

Siempre supe que Tomás Abellán, más allá de su padre, Carles Abellán, estaba destinado a ocupar un sitio propio en la gastronomía. Tanto en la creación de universos culinarios precisos y hedonistas, como en la generación de atmósferas subyugantes en la sala. Lo ha hecho en el Bar Alegría (Barcelona). Lo ha hecho en Casa Linda (Ibiza). Siempre respetando la fantasía específica de cada lugar. Y ahora también en Casa Luz (desde hace un año, como único propietario), un penthouse de privilegio arrojado sobre la plaza Universitat que, efectivamente, es todo luz. La solar que revienta en los ventanales y la suya propia, barcelonesa, seductora y estereofónica de placeres mundanos.

Música recomendada: Barcelona ciudad (Loquillo)

Llego un poco antes de la hora de mi almuerzo a Casa Luz, porque quiero demorarme sin prisas en su terraza, con la Universidad, la Gran Vía y la Barcelona que desciende hacia el mar brillando en ese alegre sol invernal hasta el horizonte. Sí, Casa Luz es un penthouse con terraza (dos) al que se accede con ascensor, entrando por el hotel Sonder, en la casi esquina de Ronda Universidad con la plaza del mismo nombre. Es reconfortante la brisa en la veranda mientras el restaurante va arrancando el servicio y la cerveza, helada de promesas, me va apartando del rumor urbano allá abajo, cada vez más lejos.

Sin duda, Barcelona es uno de los principales ingredientes que usa Tomás para darle personalidad a Casa Luz, porque resulta inevitable en esa geografía. Es por esto que, ya de entrada, su menú se presenta con una generosa versión del típico vermut barcelonés, con la anchoa sobre tosta con mantequilla ahumada de Rooftop, los mejillones en escabeche de naranja, la ensaladilla (ojo, de cangrejo real) con pan de algas, las ostras con jugo de piparra y oliva verde y, por supuesto, el vermouth de la casa, tuneado con espuma de naranja sanguina.

Tras este manifiesto barcelonés, uno de los platos que ha hecho fortuna en sus locales: el tartare de tomate con raifort y kizami, servido en hoja de capuchina a la manera de los ssäm coreanos. De frescura en frescura…
Cocina gozosa. Guisantes (no lágrima, pero si muy dulces y explosivos)  con kokotxas y pil pil con ese toque de brasa. Una receta que se explica por sí misma.
Más temporada con las alcachofas con parmentier, huevo y trufa. Otra vez, casi una onomatopeya.

La raya, un pescado no habitual, pero sí muy querido por Tomás (y por su padre), la ofrece con un elegante suquet de pescados de roca, alioli de azafrán y patata confitada. Toda una estrella en el menú.
El último pase salado vuelve a la ciudad con unas albóndigas de pollo de impecable melosidad con puré de chirivía.

Postres que no hay que obviar. El levísimo pastel de queso brie; la mousse de chocolate con kikos, helado de avellana y toffee; y el flan, una receta afortunadamente recuperado en la urbe.
Y esa maldita sensación de felicidad.

Casa Luz
Ronda Universitat, 1

Barcelona
Tel. +34 672 37 61 68
Cierra domingo
Precio medio: 55€

Me levanto por la mañana. Hoy, al mediodía, tengo mesa en Disfrutar. Y me digo que hoy va a ser un gran día. Hoy, me voy a dejar maravillar por el deslumbrante gabinete de asombros de Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas.

Música recomendada: Bombay calling (It’s a beautiful day)

No es cualquier cosa tener en la agenda un almuerzo en Disfrutar, y nada que ver si tienen tres estrellas o si son o no el mejor restaurante del mundo. Vivir el Disfrutar ha sido una gran fiesta desde el mismo día que abrieron (igual que pasó con el Compartir de Cadaqués).
No me sonroja afirmar que, ante la visita a algunos restaurantes, todavía siento las mariposas revoloteando en mi estómago. Disfrutar, claro, es uno de ellos.
Resulta sorprendente, además, en el Disfrutar, más allá del hecho culinario, la armónica redondez que han logrado dibujar en el conjunto (informal formalidad), los platos, la sala, la sumillería, la atmósfera… El esprit, para entendernos.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Penetrar en otro mundo. Desde el recibimiento, en la propia puerta del local, hasta el paseíllo hacia la cocina, donde aguardan Oriol y Eduard, y el acomodo en la mesa con una célere copa de champagne… Ya estás fuera de la ciudad y su fragor, todo es lejano y lo único cierto es ese placer siempre ignoto, no exento de sutiles juegos, que sabes que va a llegar muy pronto.

Y sí. Con el pisco sour, en forma de espuma helada y granizado, con toques de pasión, un extravagante frescor inundándolo todo… Luego ese destilado de sotobosque, agua y tierra, servido en pesadas copas metálicas, que induce el brindis y la clara campanada resonando en el comedor. El sonido como mensajero del placer, algo que también investigó Andoni con su sopa de semillas.

Bajo el título de ‘concentración del sabor’, Disfrutar propone un ejercicio parecido a aquel famoso ‘reloj de las especias’ que El Bulli presentó en 1996, justo el año en que Oriol, Eduard y Mateu entraron en aquella cocina: 11 germinados para sentir la potencia de apio, hinojo, pimienta… sobre una gelatina de tomate. La ensalada líquida (espuma de tomate, licuado de lechuga, granizado de pepino) es la fluida metáfora perfecta. ¡Y qué decir del polvorón de tomate con caviaroli de arbequina, más tomate que el tomate en esa textura casi milagrosa.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Plato sorpresa off menú: ‘pan con tomate con jamón’, un ovulato de jamón ibérico con gelatina de tomate. Mímesis absoluta con unas texturas enloquecedoras.

El vodka macerado (11 meses) con trufa, elaboración de la casa, es el maridaje exacto para el famoso pan chino relleno de caviar y crema agria. Otra metáfora, esta vez taumatúrgicamente evanescente: las burbujas sólidas de mantequilla ahumada, de tacto incomprensible, con caviar. Expresiones en máximos.

El coral de amaranto crujiente con caviar, ostra, emulsión de códium y huevas de trucha, una locura de texturas, mar y salinidad, se convierte en juego: aparece en la mesa una caja negra donde, tras un cristal vertical, se ve la tartaleta, mas, cuando la quieres pillar, no hay nada. En realidad, está detrás, oculta a la mirada, reflejada fantásmicamente gracias a una ilusión óptica.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Abstracción y vértigo cromático: la mousse de aceituna verde en ensalada variada de almendras, pistachos, pepino, tomate… La conocida hoja de setas crujiente, otra textura ‘imposible’, precede al escabeche de vinagre de setas (activado e intensificado con un oxigenador de pecera al momento), conserva maison de níscalos y ostra y a la sutil sopa de cebolla, con pan aireado congelado, yema trufada y esférico de queso comté.

Las sepietas, auténticas y preciosas miniaturas, se visten de thai, con un multiesférico de coco, salsa de calamar y curry. Y esa calçotada de ciencia ficción, presentada canónicamente en su teja y con papel de diario, pero con el calçot liofilizado junto a su consomé (dashi) y un miso de romesco.

El suquet de merluza, brutal cocción, incorpora ñoquis y alioli de azafrán, y se acompaña de un capuchino que es la misma esencia del suquet. Una barbaridad. Los huevos ‘de oro’, en esta ocasión se presentan con la yema de carabinero, la clara con puntilla, tropezones de carabinero y punto picoso nipón. Gozoso.

Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Disfrutar. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No falta en el menú el obligado pichón, que luce cona exactitud pasmosa junto a su propio spaghetti dibujando meandros llenos de queso manchego líquido y con un lúbrico merengue de remolacha. La parte final pertenece a la sidra maison ahumada al momento y al surtido de snacks crujientes a base de parmesano (con Módena, pesto), roquefort y nueces y soufflé de nueces. El plato incorpora un espejo para que podamos vernos mientras los comemos.

Tras el enjuage manual con agua de rosas esprayado desde las propias rosas, entramos en el mundo dulce con una manzana negra (a 60 grados constantes durante dos meses) con chantilly de vainilla y helado de mantequilla configurando una maravillada deconstrucción de la tatin. Los anillos de compromiso proponen otro juego elaborado con chocolate y toppings y dan paso a la ‘explosión floral’ (polvo helado de saúco, piña, petazetas, pétalos, miel…

Una virguería técnica y organoléptica el coulant nixtamalizado de pipas de calabaza, garrapiñados, helado, OCCO, yoghourt… Y otro alarde el waffle suflado (aminopectina) de coco y curry. Los petits fours…

Los vinos de Rodrigo Briseño: Brut Nature Premier Cru, Vincent Brochet; Campix 2022, Bodega Reta, Cadiz; Vidonia 2022, Suertes del Marqués, Valle de la Orot acá, Tenerife; Apremont Jcquère 2021, Domaine de Chevillard, Saboya; Xisto Cru 2019, Luis Seabra, Douro, Portugal; y Terre d’Iirizee Extra Brut, Regis Poissinet.

Sí, ha sido un gran día.

Una muy buena y estimulante noticia: Carles Abellán está de nuevo en la ciudad con su remozado Vint-i-quatre (Tuset con Diagonal). Ya ex empresario y el primer chef en estelarizar el taperío en Barcelona, nuestro hombre se ha vuelto a poner la chaquetilla y está a pleno rock and roll con un formato que, si bien incorpora varias de sus famosísimas tapas, añade jugosos y gozosos platillos a la oferta, configurando un establecimiento de barra y mesa de primer nivel. Mola.

Música recomendada: I drink alone (George THorogood and The Destroyers)

“No sabes lo que disfruto viniendo cada día, mañana y tarde, al restaurante”. Lo dice sonriendo, impecablemente ataviado con su chaquetilla y afanado en los fuegos y en el pase. Abellán, que en temporada atiende Casa Natalia en Formentera (propiedad de su mujer), está ahora a full en Barcelona. Y lo cierto es que, en un día entre semana, debo intentar acomodarme en un agujero de la barra porque ahí no cabe ni un alma, y eso que justo acaba de reabrir con algunos cambios en la decoración y con un fuerte impulso en la carta.

Junto con Toni Morago, potente chef que lleva con Carles casi 20 años y uno de los socios actuales de los bares 24, de los que Abellán, fundador, es ahora sólo asesor, y con el amigo Jani Paasikosky como jefe de cocina, Carles, con el Vint-i-quatre, promete muchas alegrías y muchas risas con su nuevo concepto de bar-restaurante abierto, desde el desayuno hasta la cena, pasando por aperitivos, almuerzos y tardeo, que en Tuset tiene tirón.

Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Con una lista de vinos en la que el 90 por ciento de referencias se sirve también a copas, la carta propone una zona de aperitivos y tapas y otra de platillos más sólidos, reflejo de las dos posibilidades del espacio, la barra y las mesas (además, claro, de la fantástica terraza), que se visten de blanco para almuerzos y cenas. Es decir, lo que quieras, amigo.

Carles practica la cocina instanténea: aquí todo es al momento y al capricho de las estaciones. Todo real, sin artificios, platos de la tradición impecablemente ejecutados. “Vamos a poner también, para un día a la semana, escudella i carn d’olla, e iremos incorporando a la carta platos como los canelones, tan barceloneses, el fricandó…”. Lo que ya sí tiene son los macarrones del cardenal, aunque en una versión distinta a la de Doménech (XIX), sin capas.

A todo esto, sigo en la barra, abierta a la cocina donde no se para. No voy a negarme hoy un homenaje a esas tapas que Carles ha elevado a la categoría de musts. Allá voy con las anchoas sobre mantequilla ahumada, golosas y gloriosas. ¡Qué coño! También el bikini, ¿no? Esa maravilla creada por Ferran Adrià (todavía recuerdo las bandejas con ellos que iba sacando Juli Soler el día de la inauguración del Talaïa Mar, en Barcelona, cuyo jefe de cocina era precisamente Abellán) y que Carles propulsó al estrellato. Jamón ibérico, mozzarella y pasta de melanosporum.

Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Vint-i-quatre. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No me voy a negar nada hoy, y por eso me pido la ensaladilla (Mejor Ensaladilla de España 2018), melosa, orgullosa de ventresca. Paso a la zona de platillos entonces, con el suquet de langostinos y alcachofas, que me envuelve, y hago una parada técnica con el tartare de tomate, un estallido de Mediterráneo.

Los boletus con yema de huevo, ese plato que es casi sexual, con la yema esparcida en directo por el camarero, me lleva ya hacia los postres, que hoy tampoco voy a delegar. Las fresas con nata de vainilla y helado de leche de oveja, ya lo he dicho muchas veces, son las mejores que he tomado nunca. Este mediodía, sin embargo, los fresones no son del Maresme y -me advierte el propio Carles- nada es lo mismo. Cierto. Pero bueno… Me desquito con el flan con shake de café, excelente, y, por supuesto, con la crema de chocolate con pan, aceite y sal, otro de los hits en la trayectoria de Abellán desde su Comerç 24.
¡Qué gran noticia que Carles Abellán esté de nuevo en la ciudad!

Vint-i-quatre
Diagonal, 520

Tel. 938 58 93 29
Barcelona
Abierto todos los días
Precio medio: 35 euros

En el popular barrio “Font de la Guatlla”, en Montjuïc, a un paso de la plaza Espanya y la Gran Via, se agazapa una maravilla: Bodega Amposta. Una bodega como las que te imaginas en tus más opulentos sueños, cálida, repleta de producto, con las cámaras de madera, las sonrisas brillantes de placeres generosos y esa alegre resonancia de camaradería gastronómica… Pero, acercándote más a las vitrinas y las paredes, ¡oh!, resplandecen las mejores y más exquisitas materias primas. No es una bodega cualquiera, quia. Es entonces cuando aparece el chef Chema Martínez y ya se entiende todo. “¡Barrio power!”, me anuncia con una gran sonrisa. Esto, hoy, va a ser histórico…

Música recomendada: Soul finger (Bar Kays)

“Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna”
Baltasar del Alcázar

De El Bulli procede Chema, pero hicimos amistad en la barra de aquel seminal Inopia, cuando Albert Adrià lo puso al frente. Albert y aquel “bar” (risas), junto a los locales de Carles Abellán, cambiaron para siempre el paupérrimo panorama tapero de Barcelona para proyectar la mini gastronomía a otros mundos hasta entonces impensados. Allí, en Inopia, descubrimos que la felicidad también puede yacer en una ración. ¡Cuántas noches compartiendo conversación con Chema, las cervezas, las nuevas recetas, mientras en la calle estallaba el más bullicioso cosmopolitismo! La carrera de Chema siguió luego con otro grande, Carles Tejedor, al que acompañó en establecimientos tan rompedores como Lomo Alto o El Nacional, además de en todos los proyectos de China.

Chema Martínez. Bodega Amposta. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.
Chema Martínez. Bodega Amposta. Barcelona. Foto: Xavier Agulló.

Pero fue en Inopia donde conoció a Josep y Jordi Barragán, que, siempre desde su barrio, “Font de la Guatlla”, elaboraban para Adrià sus famosas croquetas. Creció la amistad. Y fue, pues, “natural” que, pasados los años, acabaran imaginando un proyecto conjunto: Bodega Amposta. Allí, en el barrio, donde los hermanos Barragán tienen una excelente charcutería y su centro de producción. El poder del barrio…

El imaginario gourmet de Bodega Amposta es inacabable (quesos artesanos, embutidos de alto standing, entre ellos, los de Xesc Reina, moluscos, crustáceos, grandes carnes…), pero la magia brota, aunque sea en una pequeñísima cocina (equipada, esto sí, con una Josper, el “corazón” del local), de las manos de Chema. Y hoy la vamos a gozar, juntos, mi camarada Jordi Parra y yo.

Bodega Amposta. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Bodega Amposta. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Comenzamos a desentumecer el deseo con un plato de jamón, lomo y lomito. Un poco más de entreno: ostras Guillardeau con caviar (no, no es una redundancia) y esas muníficas anchoas del Cantábrico. Estiramientos: El Badiu, un pansa blanca de Badalona, DO Alella, un vino “à l’ancienne” lleno de frutas y memorias. Hagámoslo con la ensaladilla, ventresca de atún y piparras, confortable armonía. Un toque de butifarra d’ou (propia), que estamos en Carnaval. Croquetas de rabo de buey, cremosas y ciertas.

Ancha es la mesa… Guisantes lágrima con butifarra negra, delicados y fastuosos placeres. ¿Trufa? Sí: canelón de pollo asado, levedad con “nieve negra”. Pura gourmanderie… Ahí la alcachofa con huevo a baja, marcado a posteriori, jugo del asado y melanosporum laminada. Bajen los dioses y lo vean.

Bodega Amposta. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Bodega Amposta. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

La trilogía del bacalao: en buñuelo, al josper y su cococha. Vamos a tumba abierta, pero Chema es mucho Chema y no puede evitar los callos, entre finos y acanallados, goce sin consecuencias. Aunque en Bodega Amposta cada especialidad es un must, hay que destacar esos garbanzos con carabineros, cuyas cabezas chafa en la misma cazuela el propio Chema y si los dioses no bajan subimos nosotros. Acabamos de abrir un Noguer Baix Anima Mundi, el espumoso (macabeu) de Agustí, el hijo de Agustí Torelló (AT Roca), un biodinámico fresco, mineral.

Torrija con crema catalana caramelizada; trufas con fresas, caramelo de vinagre y lima; helado de frambuesa, menta y yoghourt; y tarta de queso payoyo semi.
¡Y cómo cuesta despedirse y levantarse de la mesa!

Bodega Amposta
Amposta, 1

Barcelona
Tel. 936 73 83 46
Cierra domingo noche y lunes
Precio medio: 35 €