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El chef y activista social João Diamante (Rio de Janeiro, Brasil), seleccionado para el Basque Culinary World Prize 2025, me invitó a conocer uno de sus cursos, el de bartender, en el Hotel Rio Othon Palace, Copacabana, lugar donde, con todo el apoyo del establecimiento y sus proveedores, consigue formar gratuitamente a jóvenes en fragilidad (comunidades, favelas) con diferentes cursos de hostelería que van sucediéndose cada mes.

“Para mí es muy importante realizar los cursos fuera de la favela, en un gran hotel en plena zona Sur, porque así les puedo mostrar a los alumnos, además de la enseñanza académica, que hay otro mundo donde pueden desarrollarse humana y profesionalmente”. Me lo cuenta Diamante mientras desayunamos en el comedor del hotel –“aquí también desayunan, gratuitamente, mis alumnos, y además, cuando acaban las clases, se les da un almuerzo antes de que regresen a sus comunidades, a menudo muy lejanas de aquí”.

Desde el aula se ven desde la famosa playa de Copacabana hasta la favela, colgada en la montaña. Dos mundos cuyas fronteras quiere borar Diamante. Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Xavier Agulló.
Desde el aula se ven desde la famosa playa de Copacabana hasta la favela, colgada en la montaña. Dos mundos cuyas fronteras quiere borrar Diamante. Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Xavier Agulló.

La filosofía de João Diamante es feroz. “Yo, que crecí en la favela, quiero retornarle a ella todo lo que la vida, con mucho esfuerzo, me ha dado”. Sí; João consiguió salir de un futuro habitado por kalashnikovs y logró una beca para estudiar cocina con Alain Ducasse, en París. “Y cuando Ducasse me ofreció quedarme a trabajar con él, decidí regresar y crear ‘Diamantes na cozinha’ para ayudar a todos los desfavorecidos.

Hasta ahora, Diamante ha conseguido formar a más de 4000 alumnos en diferentes campos de la hostelería -cocina, sala, coctelería…- con unos cursos que no les cuestan absolutamente nada a los educandos. “Lo tienen todo pagado: desde los uniformes a la comida, desde los utensilios a los ingredientes de trabajo o la botellería. Y, en cada curso, siempre damos clases de inglés para redondear su formación”.

Es enormemente gratificante entrar en el aula, donde todo son sonrisas. Y ganas de aprender, de mejorar, de ganar una vida. Aquí, junto a un luminoso ventanal que da a la playa de Copacabana y al Atlántico infinito desde las alturas, es fácil ver el contraste, mirando hacia el otro lado, con las favelas colgadas en la montaña. “Trabajar aquí es un lujo, con estas vistas, esta luz. Y ver lo que hay más allá de la favela”.

Con la clase de coctelería de Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Gastrophoto_
Con la clase de coctelería de Diamantes na cozinha. Rio de Janeiro (Brasil). Foto: Gastrophoto_

No quiero dejar pasar la oportunidad de charlar con algunos de los alumnos de este curso de mixología. Lo hago con Everaldo Queiroz de Santana hijo, Sheila Santana de Oliveira y Fabio Caze Vaz. El brillo de sus ojos no miente: aquí, en ‘Diamantes na cozinha’, han encontrado un camino de vida gracias a la hostelería y a la tozudez de João. Sus comentarios son de esperanza y de orgullo. “Yo ya estudié hace un tiempo con Diamante coctelería, pero quería dar un paso más, aprender cosas nuevas que me faculten para conquistar nuevos horizontes”. “’Diamantes na cozinha’ representa un antes y un después en mi vida; aquí he encontrado mi futuro en la hostelería, que me encanta y con la que quiero darle un vuelco a mi vida”. “Yo soy ya camarero, pero con João y su formación he visto que puedo pasar de una situación poco estable a una mucho mejor, con más posibilidades abiertas, nuevos retos…” Todos ellos están dispuestos a seguir, con el tiempo, cursando más seminarios con Diamante, ampliando sus conocimientos para hacerse grandes profesionales”. João no lo puede decir más claro: “Mis alumnos, a día de hoy, son los favoritos en bares, restaurantes y hoteles, mucho mejor considerados que los estudiantes canónicos”. Es cierto; yo he conocido a algunos de ellos trabajando en conocidos establecimientos cariocas.

João, que el pasado año ganó el prestigioso premio ‘Champions of Change 2024’ de The World’ 50 Best Restaurantes por su trabajo con la iniciativa ‘Diamantes na Cozinha’, posee también un exitoso restaurante -El Dois de Fevereiro– en el que desarrolla cocina brasileña ancestral y, concluye, “en el restaurante soy feliz, pero más lo soy con ‘Diamantes na cozinha’, que es el gran objetivo de mi vida y con el que sigo trabajando para ampliarlo e, incluso, estoy desarrollando un proyecto de ‘gastronomía de favela’ para darle visibilidad a las comunidades y hacer que éstas pasen a formar parte del acervo cultural y gastronómico de Rio de Janeiro”.

Es muy grande João Diamante, sí.

João Dimante y su lucha por dignificar las favelas de Rio de Janeiro (Brasil).
João Diamante y su lucha por dignificar las favelas de Rio de Janeiro (Brasil).

Quiso la fortuna que, en una misma semana, fuera yo requerido a Valencia en dos ocasiones: para la magna presentación del libro definitivo sobre la paella –‘El gran libro (secreto) de la paella’, del no menos grande Vicent Rioja-; y para celebrar el ‘Aplec’ de la DO Arroz de Valencia, con el camarada Santos Ruiz al mando. Hacía un año de la deletérea DANA y, maldita sea la suerte, nos despedimos de la ciudad un domingo con otra DANA, aunque esta vez, venturosamente, de menor impacto.
Así pues, una semana de emociones, de celebrar la recuperación de Valencia y su arroz y… de fiesta.

Valencia un año después de la DANA. Pero, a pesar del nefando recuerdo de aquella catástrofe que delata la enorme fragilidad de la costa mediterránea en tiempos de neoclima, las miradas de todo el sector -desde chefs (cuya colaboración en el cataclismo fue ingente, caso de Ricard Camarena, Begoña Rodrigo y Quique Dacosta, entre muchísimos otros de toda España, hasta agricultores y elaboradores- estaban llenas de alegría y de futuro. Ciertamente, la semana fue todo un canto al optimismo en el mundo del arroz, que es casi como decir en el mundo valenciano.

Vicent Rioja, el libro definitivo sobre la paella
No es poca cosa el trabajo que, durante años, ha ido realizando Vicent Rioja (restaurante Rioja, Benissanó) sobre su pasión: la paella valenciana, así, sin adjetivos, aunque con sutilezas infinitas.

Hay consenso en que su paella, que ya representa la cuarta generación de su familia desde que empezaran a elaborarla hace 101 años, es la mejor del mundo, un título tácito que nadie discute. La paella valenciana de Vicent es la suma virtuosa de paisaje, historia, familia, exquisitez y… equilibrio. Equilibrio casi místico. Vicente, como es sabido, prepara y cuida personal, obsesiva (y científicamente) desde la madera de naranjo que perfumará -no ahumará- el arroz hasta el socarrat final.

Vicent Rioja. Restaurante Rioja. Benissanó (València). Fotos: Xavier Agulló.
Vicent Rioja. Restaurante Rioja. Benissanó (València). Fotos: Xavier Agulló.

Extraigo un par de párrafos del prólogo que le escribí para su libro: “El movimiento de la pala, la de su bisabuelo, contemplando 101 años de paellas, es ese ‘aleph’, ese caleidoscopio moviente que nos lleva, a medida que el fuego, las carnes, las verduras, el caldo y el arroz se alían en una alquimia virtuosa, hacia los paisajes íntimos (pero universales) de Benissanó y hacia nuestros parajes imaginados.
Cautivos de los aromas que envuelven todo y mesmerizados por los saberes minuciosos de la muñeca de Vicent, que va transformando cada uno de los elementos en un prodigio final, comprendemos por fin que esta paella es mucho más que una paella”.

Todo esto contiene el libro como relato subyacente. Pero hay mucho más en sus 315 páginas imperdible no sólo para chefs y aficionadas, sino también para cualquiera que desee conocer el esprit de Valencia. La historia, la cultura del arroz, la receta de Vicent, el canon (por supuesto), el análisis pormenorizado de todos los componentes de la paella, el código del sabor, sabios consejos (y secretos) para elaborar la paella en casa, recetas de arroces populares, cuatro miradas premium al arroz (Nacho Manzano, Katsuhito Inoue, Quique Dacosta y Joan Roca), los maridajes de la paella (Manuela Romeralo)… y mucho más. Una lección magistral inaudita llena de erudición que nos cambiará para siempre cuando abordemos un arroz en la cocina.

La celebración del libro, que se inició en los jardines del castillo de Benissanó con la familia y toda la intelligentsia culinaria valenciana (incluido el presidente de la RAGE, Luis Suárez de Lezo), fue el soleado prólogo a un almuerzo dedicado a su paella, ça va de soi, pero que no olvidó el gran producto que es definición del restaurante Rioja: quisquillas de Santa Pola, tomate confitado (absolutamente imperial), esgarrat con emulsión de agua de pimientos, mojama y bacalao y guiso de sepia bruta.
Todavía, por la noche, en petit comité, compartimos un rodaballo, más tomate, ostras y las ‘imposibles’ anchoas de José Vicente Pérez (El Bressol, Valencia), piezas alejadas por completo del mainstream, elaboradas por una señora amiga suya y con una potencia y un umami no apto para públicos mediocres.
Nota del autor: debido a la imposibilidad de conseguir billete de tren o de avión a Valencia, Vicent nos puso una van de luxe… con champagne en su cubitera, jamón ibérico y ostras en hielo para el viaje. Único, Vicent Rioja.

La Albufera. Arroz DO Valencia. Santos Ruiz. Fiesta en la barraca. Aplec DO Arroz de Valencia. Valencia. Fotos: Gastrophoto_
La Albufera. Arroz DO Valencia. Santos Ruiz. Fiesta en la barraca. Aplec DO Arroz de Valencia. Valencia. Fotos: Gastrophoto_

El Aplec de la DO Arroz de Valencia
Cuando llama Santos Ruiz (gerente de la DO Valencia y camarada de periodismos gastronómicos), no se duda. “Allí estaré, Santos”. Y allí estuve.
El Aplec de la DO Arroz de Valencia, más que una fiesta, es la oportunidad de vivir la esencia del arroz valenciano en todos sus aspectos. Desde la recolección del arroz hasta la epifanía culinaria. Música en directo, fiesta, atardecer navegando por la Albufera, copas y comida en la barraca… Una ‘convivencia’ entre chefs y periodistas alrededor de una cultura de 12 siglos y su expresión máxima: la paella valenciana.

Infortunadamente, una DANA vino a romper los planes de Santos. Paro nada que no se pudiera arreglar de otras maneras. A los campos no pudimos ir, pero si nos embarcamos en la Albufera, con música tradicional en directo desde otra barca… y con bien pertrechadas cubiteras del gran cava de Hispano Suizas, esa bodega milagrosa de Requena.
Y fatigamos el Museo del Arroz, donde se muestra en un molino de arroz vintage auténtico como se consiguen esos arroces que, si hablamos de captación de sabor, son de largo los mejores del planeta.

Y rematamos en el restaurante The Terminal Hub en plena DANA, lluvia y viento azotando la Marina de Valencia mientras, dentro, las paellas y el ‘cant d’albaes’ -cantos rurales populares valencianos que llegan desde el siglo XIV y que se dedican, con música y recitados irónicos, a personajes destacados-, daban calor y risas a los convocados.
Y así fue como, en una misma semana, degusté la mejor paella valenciana y gocé los mejores arroces de la DO Arroz de Valencia.

Dicen que la sangre seca de San Genaro, conservada en un relicario en la catedral de Nápoles, se licúa tres veces al año, perpetuando un milagro que ya viene durando siete siglos. “Se non è vero, è ben trovato”. La taumaturgia que sí es cierta, no obstante, es la que se produjo la otra noche en Cesate (Milano), en el restaurante Grillo, Fuoco e Materia, del chef Luca di Tomaso. En esa ‘santa cena’, Aladino y Óscar, de Cárnicas LyO, presentaron su último prodigio: un lomo de buey mestizo gallego madurado… ¡Siete años!

Dejando récords y pintas de Guinness a un lado -no seamos vulgares-, lo que ocurrió en Cesate hace ahora una semana no fue un milagro (ni tampoco lo de San Genaro); fue, esto sí, la obra cumbre de dos taumaturgos de la carne. Sin mangas, sin chistera, sin varita mágica, sin conjuros. Siete años (piensa bien en el tiempo) madurando parsimoniosamente un lomo de buey mestizo gallego. Siete años…

Maduración de siete años de Cárnicas Lyo. Grilllo, Fuoco e Materia. Cesate, MIlano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Maduración de siete años de Cárnicas Lyo. Grilllo, Fuoco e Materia. Cesate, MIlano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Los hermanos Juan (Aladino y Óscar) no gustan de verborrea ni artificios. Desde que los conocí, hace ya un montón de años, han sido celosos e indesmayables creyentes de las maduraciones cárnicas extremas, un trabajo esforzado que, si bien ha cosechado muchas incomprensiones, los ha llevado por otra parte a una gloria indiscutible más allá de críticas (o alabanzas). Porque, “los estridentes ladridos de los perros sólo son señal de que cabalgamos”, ya lo dijo Goethe. Cuando los encontré -un mediodía que acabó de noche alrededor de un lomo de poco más de un año, eran los principios de la leyenda- disponían sólo de dos cámaras en Mercamadrid. Hoy, tienen ocho. La técnica de Lyo está afinada hasta lo indecible para lograr la transubstanciación de la carne. Sus maduraciones radicales van de menos a más en un viaje ‘imposible’ de cámara a cámara. No se toleran las mezclas de tiempos de maduración en un mismo espacio –“contaminarían el proceso”, aclara Aladino-, se mantiene la temperatura entre 0 y 4 grados “con algo de humedad”, añade Óscar, y entonces aparecen los hongos, hongos propios que ya residen en las cámaras y que, además de extraer agua, protegen el proceso madurativo de agentes externos. El último y más preciado ingrediente de este proceso es el tiempo. O, más bien, lo que habita más allá del tiempo.

La noche milanesa en que salió el sol
Aquí estamos. Aladino, Óscar, Cristina Tierno (la sumiller que nos hechizará de burbujas), Rosa y yo mismo. Se ha sumado al acto el colega Paolo Marchi, propietario de Identitá Golose, que es fan de Lyo.

Si bien la ‘comunión’ la haremos con la chuleta de siete años, Luca y los dos hermanos Juan han diseñado la kermesse como una vertical de maduraciones. Un diseño muy procedente para poder sentir las distintas sutilezas generadas por el incremento de los años.

Cárnicas Lyo en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Cárnicas LyO en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Empecemos la ceremonia diciendo que Luca di Tomaso -propietario del Grillo, Fuoco e Materia junto a su tía, Tiziana- es un chef del fuego. Y sólo del fuego. En su cocina, completamente abierta, los motores son un fogón de leña de 1929 y una parrilla. Nada más. Como materia prima, carnes (de 20 meses a los de LyO) y verduras (no hay pescado), sacrificadas siempre en maderas de haya y olivo.

¿Empezamos? Momento para apuntar el maridaje, creado por Cristina Tierno: tres champagnes  -Jean Velut “Deux Terres”, André Jacquart Grand Cru Extra Brut y Huré Frères Instantanée 2018 Blanc de Noirs, “un diálogo de frescura, acidez y precisión”, explica Cristina. Y un cierre epifánico con el Franciacorta Palazzo Lana Extrême 2014, “la joya burbujeante de Italia: seco, complejo, profundo, refinado… perfecto”.

Ahora sí, Luca. Comenzamos sin disimulos ni sonrojos a girar en el tiovivo Lyo: takoyaki de molleja, salsa yakiniku no-tare de la casa y cebollino; salami de Rubia Gallega (elaborado por el chef), caviar siberiano baeri y mantequilla de búfala al tomillo; focaccia con pimiento quemado, anchoas de Cantabria, alioli y albahaca; y gyoza con estofado de vaca vieja. Bien.
Añadimos a los ‘antipasti’ la carne salada de buey y la bresaola de rubia gallega. Benissimo.

Cárnicas Lyo en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_
Cárnicas LyO en Grillo, Fuoco e Materia. Cesate, Milano, Italia. Fotos: Gastrophoto_

Y vamos al ‘lyo’. Sashimi de vaca rubia marinada en miso, maduración de 2 años. Arroz socarrat, setas porcini, crema de huevo.
Steak tartare de buey mestizo, maduración de 1 año. Ostra ahumada, vodka Beluga, pepino rallado y wasabi.
Buey mestizo gallego en maduración desde el 08.02.2024 – 610 días. Cebolla de Tropea a la brasa, cacao, avellanas.
Vaca rubia gallega en maduración desde el 28.06.2023 – 835 días. Judías verdes, melocotones a la brasa, huevas de mar, queso caciocavallo.
Buey casino asturiano en maduración desde el 02.12.2022 – 1043 días. Hoja de ostra.

Y, por fin…Buey mestizo gallego en maduración desde el 06.11.2018 – 2523 días (siete años). Ensalada, cebolla, tomate.
Y os preguntaréis: ¿cómo era? ¿muy fuerte? ¿mucho ‘ruido’ sápido? ¿aromas muy penetrantes?. Pues no, qué va.
Lo primero, ante esta joya gastronómica que no sabe de tiempo, es su extraordinaria elegancia, su estupefaciente finura. Sin esos sabores derivados que tienen las maduraciones imperfectas (queso azul, cecina potente…), ni un solo recuerdo de faisandage. Al contrario: una sorpresiva limpieza y sutilezas cárnicas en compleja armonía, con ecos a frutos secos y mucho umami); y textura mórbida y jugosa (la grasa, ya antes de la cocción, era fundente).
Digamos que, entre toda la vertical, la pieza más refinada y chic fue esta última; vale decir, el extremismo madurativo (el de Lyo, claro), potencia curiosamente lo etéreo, lo delicado, modulando y equilibrando lo poderoso (algo muy parecido le ocurre a Xesc Reina con sus sobrasadas de alta maduración).

Esa noche nos enfrentamos al tiempo y ganamos. Y todavía, fumando afuera, en el jardín, me confía Aladino que ya tienen una pieza de 10 años. Pero éste será otro viaje…

Gracias doy a Yemanjá por la invitación que el gran chef y activista João Diamante me hizo hace unas semanas: ser jurado del concurso ‘Sabores da Orla’, competición culinaria anual para discernir los mejores chiringuitos de la costa de Rio de Janeiro. Hablamos de 150 candidatos y de una organización tan carioca y epifánica que me voló el cerebro. Algún día, todos los campeonatos culinarios deberán ser así.

Imagínatelo (si puedes). Una disparatada, jubilosa y ruidosa caravana de autobuses, llenos de periodistas y chefs (los jurados del concurso), João Diamante al frente como ‘Embajador’, desplazándose por toda la orla de Rio de Janeiro, pasando con parsimonia por delante de los chiringuitos, con propietarios y trabajadores esperando ansiosamente su parada, que sólo se producirá en cinco de los 150 contendientes, los finalistas (que se mantienen rigurosamente en secreto). Imagina las caras de decepción si la comitiva sigue su alegre curso sin detenerse.

Imagina ahora cuando la expedición se para ante un establecimiento finalista: funk carioca a todo volumen desde los altoparlantes, pantallas led dando vídeo y color desde los laterales de los ómnibus, bailarines escenificando en la calle un passinho (frenética danza popular surgida en las favelas), algarabía entre los sorprendidos transeúntes y alegría desbocada en los responsables del quiosco. Entonces, con la cerveza y el espumoso a gogó, los jurados ocupando el establecimiento y probando el plato estrella, que es a lo que hemos venido, aunque la generosidad carioca no se corta en ofrecer otras especialidades fuera de concurso, caipirinhas… Y vuelta al autocar, hasta la siguiente parada. Y… Así, desde Recreio hasta Leme, desde el mediodía hasta la noche. Para no dar crédito.

Yo nunca había visto una cosa igual, a pesar de ser miembro de muchos jurados culinarios a lo largo del año. Nada como esto. Una mecánica sencilla (el SENAC determina los cinco finalistas en cada especialidad -mejores pastel, petisco, sándwich, caipirinha y, la que me toco a mí, plato estrella-, que luego son juzgados en la gran final que estoy describiendo por João Diamante y sus amigos) y una resolución que es un improbable estallido de color carioca en delirante directo.

El passinho. Andrea Tinoco (Pato com laranja) y su plato ganador. Sabores da Orla. Rio de Janeiro.
El passinho. Andrea Tinoco (Pato com laranja) y su plato ganador. Sabores da Orla. Rio de Janeiro.

Las puntuaciones no se dan a conocer hasta la gran gala (a la americana, por supuesto) de los premios, que tuvo lugar hace un par de días en el histórico cine Roxy. Ganó el ‘plato estrella’ el chiringuito Pato com Laranja (Leblon), el que yo mismo voté como mejor, con un róbalo acompañado de puré de batata, mini zanahorias y beurre blanc de wasabi.

El resto, sin embargo, no desmereció este concurso, que quiere dignificar la cocina de chiringuito y ser un escaparate de alta calidad gastronómica de cara al turismo de Rio de Janeiro que frecuenta la orla.
Esto es lo que también probé: Doce Brisa, en Barra (filet mignon a la parrilla con ravioli de calabaza japonesa flambeada en cachaça con melado y gorgonzola); La carioca cevichería, en Leblon (tiradito de atún y dorado con salsas peruanas, papas con ají amarillo y chalaquitas; Arrastapé, en Copacabana (pescada amarela en costra de castaña, salsa de maracuyá, puré de batata, banana da terra y ragú de palmito; y Pedra do Leme, en Leme (sardina abierta en panko con coco, risotto de camarón con puerro y tomate confitado).

Pero, más allá de las recetas y los sabores, ese inenarrable (pero tan natural) alborozo de Rio de Janeiro.
¡Axé!

Imparable self made man, visionario urbano, genio del marketing instintivo, erudito de la historia y la gastronomía de Rio, de una simpatía deslumbrante y demiurgo de la hostelería: Raphael Vidal.

Diríase que Raphael es el auténtico transformador de Rio de Janeiro, de su centro, deprimido hasta hace pocos años y que él se esforzado en recuperar (con insolente éxito) a través de la gastronomía. Primero fue la Pequeña África, luego el Beco das Sardinhas y, ahora, la legendaria Rua da Carioca. Una calle mítica, esa, que cuenta la propia historia de la ciudad desde el siglo XIX (1887), cuando abrió el Bar Luiz, la primera choperia (cervecería) de Brasil. Con los años, la avenida brilló y brilló con sus chops (cañas) y sus tiendas de instrumentos musicales, generando una topografía intelectual y efervescente que fue decayendo hasta que la pandemia se encargó de guillotinar de golpe.

Y en eso llegó Eduardo ‘Dudú’ Paes, el brillante alcalde de Rio de Janeiro, dispuesto a ‘revivir la rua de la cerveja’, un plan que contó inmediatamente con el concurso entusiasta de nuestro héroe, Raphael Vidal. El hambre y las ganas de comer, en roman paladino.

Raphael Vidal, Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_
Raphael Vidal, Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_

De esta suerte, y aprovechando la apertura de las dos primeras fábricas de cerveza artesana en la calle -Tio Ruy y Búzios-, Vidal, siempre presto a la acción, arregló con ellos abrir, en medio de ambas, una birosca (taberna) donde dar salida a las diferentes cervezas. Y así, Cotovelo (‘codo’, en portugués, y palmaria metáfora de la alegría de barra en cualquier idioma).

La apertura de Cotovelo, ayer, marca el principio de una nueva historia urbana que, no obstante, jamás se ha detenido: es ahí donde, cada año, el primero de marzo, se celebra el aniversario de la fundación de la metrópoli con un gran pastel popular, que va ganando un metro de longitud con cada conmemoración sucesiva.

Costilla. Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_
Costilla. Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_

Ya con el codo apoyado en la barra de mármol (10 metros de larga), brotan las cervezas, con la ‘Carioca’ (pilsen) como bandera entre todo tipo de ipas, negras, etc., y se presenta la carta, que incluye un montón de platos tradicionales cariocas con la singularidad de que todos (todos) se elaboran con cerveza. Croquetas de costilla, pastel de queso, caponata, barriga de piolho (ventresca de cerdo en homenaje al primer habitante de la calle, a mitades del XVII), longaniza, costilla, sobrepaleta de cerdo con abacaxí, milanesas… Algunas de las recetas, rescatadas de antiguos moradores de la zona.
Muy pronto, por cierto, reabrirá el Bar Luiz, con el que empezó todo.

Contra taxa a Trump de Raphael Vidal.
Contra taxa a Trump de Raphael Vidal.

No quisiera evitar un último comentario sobre Raphael Vidal, que ha contestado a la canallada del 50% arancelario amenazado por Trump a Brasil con su propia ‘taxa Trump’, que ofrece un descuento del 50% de la popular mamata (batida tradicional) en todos sus locales hasta principios de agosto.
Genio y figura.

Cotovelo
Rua Carioca, 15
Rio de Janeiro (Centro)
Brasil

 

 

 

Raphael Vidal strikes again no Rio de Janeiro: Cotovelo

Self-made man imparável, visionário urbano, gênio do marketing instintivo, estudioso da história e da gastronomia do Rio, de uma simpatia deslumbrante e demiurgo da hotelaria: Raphael Vidal.

Pode-se dizer que Raphael é o verdadeiro transformador do Rio de Janeiro, de seu centro, deprimido até poucos anos atrás e que ele tentou reviver (com insolente sucesso) por meio da gastronomia. Primeiro foi a Pequena África, depois o Beco das Sardinhas e agora a lendária Rua da Carioca. Uma rua mítica que conta a história da cidade desde o século XIX (1887), quando foi inaugurado o Bar Luiz, a primeira choperia do Brasil. Ao longo dos anos, a avenida brilhou e brilhou com suas choperias e lojas de instrumentos musicais, gerando uma topografia intelectual e efervescente que foi decaindo até que a pandemia se encarregou de sua repentina guilhotina.

E então veio Eduardo «Dudú» Paes, o brilhante prefeito do Rio de Janeiro, pronto para «reviver a rua da cerveja», um plano que imediatamente contou com o apoio entusiasmado de nosso herói, Raphael Vidal. A fome e o desejo de comer, em roman paladino.

Assim, aproveitando a abertura das duas primeiras cervejarias artesanais da rua -Tio Ruy e Búzios-, Vidal, sempre pronto para a ação, combinou com elas a abertura, no meio de ambas, de uma birosca onde as diferentes cervejas poderiam ser vendidas. E assim surgiu o Cotovelo, uma clara metáfora para a alegria do bar em qualquer idioma.

A inauguração do Cotovelo ontem marca o início de uma nova história urbana que nunca parou: é aqui que, todo ano, no dia primeiro de março, o aniversário da fundação da metrópole é comemorado com um grande bolo popular, que ganha um metro de comprimento a cada sucessiva comemoração.

Com o cotovelo apoiado no balcão de mármore (10 metros de comprimento), brotam as cervejas, com a carioca (pilsen) como carro-chefe entre todos os tipos de ipas, negras etc., e é apresentado o cardápio, que inclui uma série de pratos tradicionais cariocas com a singularidade de serem todos (todos) feitos com cerveja. Croquetes de costela, cheesecake, caponata, barriga de piolho (em homenagem ao primeiro morador da rua, em meados do século XVII), linguiça longaniza, costelinha, ombro de porco com abacaxí, milanesas… Algumas das receitas, resgatadas de antigos moradores da região.
Muito em breve, aliás, o Bar Luiz, onde tudo começou, será reaberto.

Não gostaria de deixar de fazer um comentário final sobre Raphael Vidal, que respondeu às taxas de 50% ameaçadas por Trump sobre o Brasil com seu próprio «imposto Trump», oferecendo um desconto de 50% na popular mamata (batida tradicional) em todos os seus estabelecimentos até o início de agosto.
Gênio e figura.

 

Me da gusto escribir de mi querido amigo -y primer referente que tuve de la gastronomía canaria- Francisco Belín, autor, redactando la erudición culinaria del conocido Fefo Nieves (Mermeladas Lala), del muy notable ‘Cocina tradicional de Lanzarote’, volumen enciclopédico (164 recetas) y con vocación de culto gracias a la profundidad familiar, histórica y hasta remota de su contenido. Elaboraciones que van desde la subsistencia hasta la grande bouffe festiva en un zoom de tradiciones e intensidades que nos permitirán cocinar en casa el alma de Lanzarote y La Graciosa.

Cocina tradicional de Lanzarote. Fotos: Xavier Agulló.
Cocina tradicional de Lanzarote. Fotos: Xavier Agulló.

Caldos, potajes y pucheros; pescados y mariscos; carnes y mojos; y panes, postres y mistelas. Y lo que no ha cabido… Platos como el caldo de lapas con papas menudas, el potaje de chícharos con cerrajas, el compuesto de viejas secas y papas, los fideos costeros con caballas, los tollos frescos, los churros de pescado, la morena oreada frita, el sancocho de cherne salpreso, la tortilla ‘Tilo el de Aurora’, el fantástico mojo rojo hervido, el velete, la rala de torete parao, la sandía con gofio, los panitos de mamí…

Un verdadero festival de sabores potentes que definen la rica idiosincrasia culinaria de la isla, porque, como queda patente tras unas primeras miradas al libro, la humildad, la sencillez y “lo de toda la vida” pueden ser también opulentas y epifánicas.

Lo puedes pillar en todostuslibros.com.

 

Llenazo en el legendario Casa Leopoldo. El otro día, el restaurante celebró a su fundadora, hoy ya retirada de la vida pública, Rosa Gil, que volvió a ser, como durante tantos y tantos años, la reina del baile. Estuvieron tutti quanti de los conspicuos clientes de una época que ya pasó pero sigue presente en las famosas recetas del local. Incluso se pasó el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni.

No podía faltar el escritor Daniel Vázquez, hijo del, probablemente, más célebre de los clientes asiduos al local en los viejos tiempos: Manolo Vázquez Montalbán, cuyo alter ego literario –Pepe Carvalho– fue también cliente fijo a lo largo de sus novelas. “Hay que beber para recordar y comer para olvidar”, decía el famoso detective. Y así lo hacían Manolo, Terenci Moix, Eduardo Mendoza (que acudió al almuerzo), Juan Marsé, Joan de Sagarra… Años dorados que vieron también a Orson Welles, a Lola Flores, Manolo Caracol Juliet Binoche, José Tomás, Hemingway, Dalí
Con Mendoza, aparecieron asimismo Joan Gaspart, la chef Carme Ruscalleda, Xavier Olivé y tantos otros. Por supuesto, su hija, Carla Falcao.
Por un momento, la ilusión de un viaje en el tiempo entre cava y pan con tomate, con la barra a reventar, pareció real.

Casa Leopoldo. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Casa Leopoldo. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

Con Rosa Gil -actualmente en una residencia, tras haber traspasado el local en 2015- ya entre el gentío, el tapeo (ensaladilla, queso, esqueixada) dio paso a la comida, en el salón perfectamente conservado, con sus azulejos taurinos y tantos recuerdos.

Aunque la cosa no iba de gastronomía, sino de Rosa Gil, sí que salieron platos como el afamado rabo de toro sobre parmentier, el arroz marinero, el puerro escalivado, las croquetas de rabo de toro, las albóndigas con sepia y la coca de sardinas. Los actuales propietarios, el grupo Banco de boquerones, han querido conservar recetas históricas a precios suaves, tras los fracasos de otros propietarios post Rosa Gil que no consiguieron triunfar.
Un día para la nostalgia, porque por una vez no pasa nada, y todos, en gran parte, somos lo que hemos sido.

Casa Leopoldo
Sant Rafael, 24

Tel. 933 12 73 85
Barcelona
Siempre abierto
Precio medio: 35 euros

 

Uruguayo pero mundial (nueve años en Canarias, Australia, Nueva Zelanda… y Barcelona), Nicolás Zas ha traído a la ciudad una culinaria poco frecuentada -la de su país- que ejecuta con una mirada abierta al Mediterráneo y con el uso de técnicas contemporáneas (a veces en exceso). Su propuesta -‘alta cocina casual’, la denomina- es de territorio, de temporada, de fuego, de fermentados, y con la inevitable memoria uruguaya, lo que le confiere una personalidad distinta. Así me fue en el Gurí

Música recomendada:

Me cuenta Nicolás que en su cocina habitan su familia, su abuela, la tradición y también las influencias principales de la gastronomía uruguaya: Italia y España.
Con una trayectoria densa a pesar de su juventud, que lo llevó a importantes restaurantes de las Antípodas y hasta al Come de Paco Méndez, decidió por fin que Barcelona era su lugar y que sus ideas debían ser proyecto propio. Así fue como se hizo con un local en el barrio de Sants, con cocina abierta y, con el concurso de un ayudante de cocina y Sheila Manghisi (jefa de sala y sumiller), abrió las puertas.

Con dos menús y carta, Nicolás muestra su destreza en las cocciones y el uso de técnicas avanzadas y, sobre todo, en trasladar el imaginario coquinario uruguayo con precisión y colores mediterráneos. La imagen general es seductora, aunque su pasión por los fermentados le juega malas pasadas en algunas elaboraciones, algo que, me comentó, está trabajando para evitar lesiones innecesarias y acreciones desmedidas al producto.

Gurí. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Gurí. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

No se está de nada Nicolás, que gasta materia prima de alta calidad, desde el principio del menú largo, que presenta con pan de masa madre de Pan de kilo y mantequilla ahumada (y empoderada) de Rooftop.

La ostra la ofrece con ají amarillo tatemado y fermentado (especia de leche de tigre), con aire de kombu. Un comienzo que sigue con la ‘fainá’, una tradición de las pizzería uruguayas y argentinas. “Es un pan de pizza, de origen italiano, aireado y elaborado con harina de garbanzos; se come normalmente con la pizza, lo que se llama pizza ‘a caballo’”, me explica. Él la interpreta como una fina y crujiente masa que corona con espuma de queso Raixagó, panceta ibérica de bellota y toques de aceite de higuera, logrando sensaciones casi obscenas.

Me propone en este punto Sheila un vino uruguayo, un albariño, el Michelini Mufatto, de marcado carácter salino. Perfecto para la empanadilla uruguaya, rellena de queso Urgèlia y espárrago verde, emulsión de anchoa.

Bien también por las colmenillas al caliu de col, con emulsión de queso de cabra de La Garrotxa y caldo de gallina con aceite de pino.

La gamba roja de Palamós (perfectamente elaborada, grasa), sufre sin embargo de demasiado rock and roll: curada en garum de anchoa, con habas fermentadas con koji de cebada y agua de tomate y ñora fermentada (buscando un romesco). ‘Demasié’ para la gamba.

Gurí. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.
Gurí. Barcelona. Fotos: Xavier Agulló.

El tortelloni casero, en cambio, está espléndido (ganaría con una pasta más fina; Nicolás está a la espera de la máquina precisa), con un relleno de pato del Empordà de textura cierta y rematado con pera fermentada.

Al espárrago blanco le falta más presencia (una pieza más grande) y adolece del mismo barroquismo que la gamba: caldo dashi, parte leñosa fermentada (emulsión), presa ibérica madurada en shio koji (chute de umami) y manteca colorá con adobo uruguayo en la base.
Por fin, el salmonete, de exacta cocción a la brasa, se acompaña de beurre blanc.

En los postres sigue Uruguay flotando en la sala: gin mate sour (jícara con espuma de gin, mate cocido y limón), degustado, por supuesto, con ‘bombilla’. Frescor que prepara para el chajá, postre bandera del país creado en 1929 y que Zas deconstruye con bizcocho aireado, crema diplomática de haba tonka, nectarina, láminas rotas de merengue suizo y chispazos de pimienta rosa. Excelente.
Así pues, estamos ante un cocinero dotado y distintivo que, pienso, debe ser sólo más prudente cuando trabaja con los fermentados, que molan, pero pueden acabar desnaturalizando las materias primas.

Gurí
Rector Triadó, 72

Tel. 934 17 74 40
Barcelona
Cierra domingo y lunes
Precio: menús a 55 y 79 euros. Carta.

 

Con una trayectoria de brillos y resplandores (Carme Ruscalleda -Sant Pol y Tokio-, Tierra, Club Allard… y diversos proyectos propios –Don Dimas, Señor Pepe), José Carlos Fuentes, chef de prodigioso dominio culinario tanto en potencias como en sutilezas, insiste en hacernos felices.
Desde hace un par de semanas, en el Barbudo (Madrid), un establecimiento que propone, arriba, bar de tapas (ilustradísimas) y, abajo, restaurante fetén.

Música recomendada: Get ready (The Temptations)

Tener la copa de Mumm Millésimé a 9 euros nos informa de varias cosas: que José Carlos ha construido un restaurante para todos (de 25 a 60 euros); que tiene muy buen gusto (ya lo sabíamos); y que este mediodía va a ser largo.
Y no sólo (ejem) por el champagne, porque José Carlos y Juan Lizarraga (jefe de sala y sumiller) nos tientan con un servicio doble: arriba y abajo. Tapeo y almuerzo posterior. ¡Y nosotros preocupados! (Luchini, Mónica y Rosa)

Nos encadenamos a la barra y, con el Mumm al flanco, la cocina comienza a andar. Siempre es un buen comienzo el jamón ibérico de bellota, que Fuentes acompaña de pa amb tomàquet verdadero, porque él es de Barcelona. Otro producto que ya empieza a ser raro: tellinas. Y más estas, que son de musculoso tamaño; metemos los dedos y, ya sabes, como pipas.
Las gambas rojas le llegan de Santa Pola, de tamaño medio y oníricas. Y para rematar este aperitivo (risas), uno de los monumentos que ya empiezan a ser fama en el Barbudo: el bikini de rabo de toro (cocción parsimoniosa) con queso comté, foie gras y rúcula. Tío…

Barbudo. Madrid. Fotos: Gastrophoto_
Barbudo. Madrid. Fotos: Gastrophoto_

Ya abajo, y dispuestos a recibir la felicidad de una cocina que, desde una gran solidez, preciso gesto técnico, mucho fondo y la clase creativa de Fuentes, nos va a llevar hasta bien entrada la tarde.
Aunque hay recuerdos al Señor Pepe, aquí José Carlos la juega más contemporáneamente, pero sin perder ni la obsesión por el alto producto ni por los guisos.

De entrada, una ensalada de codorniz de Las Landas con picatostes, salseada con el propio jugo del ave. E inmediatamente, unas verdinas con sepia, cilantro, cebolla japonesa, un guiso de suculenta perfección.

Momento mágico (ya las había gozado en Señor Pepe) con las colmenillas a la crema de oloroso con piñones, una elaboración que Fuentes lleva al éxtasis.

Otro must: el formidable canelón de faisán, glorioso, bacanalesco.

Barbudo. Madrid. Fotos: Gastrophoto_
Barbudo. Madrid. Fotos: Gastrophoto_

No podían faltar los callos -demasiado bajos de picosidad, en opinión de Luchini-, lúbricos y rematados con un huevo frito de crujiente puntilla (por supuesto).

Un giro clásico de Fuentes con la carrillera bourguignone, de lentísima cocción, con chantarelas, otro grande que promete presencia inamovible en la carta.

Con la buena educación gastronómica de José Carlos, no se pueden hurtar los quesos después de semejante menú. Ricotta ahumada, Divirín de La Jarradilla (esa suave maravilla de leche cruda con matices mantecosos y vegetales), Molí de Gerd, Alp blossom (queso alemán con corteza de flores), torta de El Casar de Finca Pascualete, Blau Ceretà y tupí (queso tradicional de los Pirineos catalanes que, antiguamente, se elaboraba para aprovechar los restos de otros quesos duros, añadiendo aguardiente y refermentando; a día de hoy, claro, presenta una versión más fina…)

Final con una torrija de brioche con helado de Rua Vieja, crema inglesa y barbapapá.
A veces son sencillos los caminos a la felicidad.

Barbudo
Príncipe de Vergara, 57

Tel. 614 28 10 71
Madrid
Cierra lunes y domingo noche (barra abierta de 13.00 a 24.00)
Precio: 25-60 euros

 

 

El siempre reflexivamente inquieto Mario Sandoval, junto a sus hermanos, Rafael y Diego, ha vuelto a dar un golpe sobre la mesa (nunca mejor dicho) con un largo y erudito trabajo de documentación histórica para, desde hace una semana, asombrar con un nuevo menú en Coque dedicado (muy abiertamente, como la ciudad) a Madrid. No es poca cosa su abrumador trabajo, que se expresa tanto en el concepto global como en las recetas particulares, la cubertería de plata o las vajilla históricas. Madrid a lo grande, su devenir en el tiempo y su permeabilidad cultural interpretadas con alta y cuidadísima creatividad.

Música recomendada: Madrid (Burning)

Libros (desde ‘Gastronomía madrileña’ de Joaquín de Entrambasaguas hasta el ‘Lazarillo de Tormes’ y la obra de Cervantes o Quevedo), el concurso de Ansón, Capel -el hombre gastronómicamente más culto que conozco- o Salvador Gallego, y la porfiada labor de investigación de Mencía de Morales han confluido, bajo la policroma hermenéutica de Mario, en un extático recorrido culinario que nos arrebata desde la Edad Media hasta hoy (o mañana).

Mario ha trabajado desde el estudio académico prolijo, pero también desde el análisis pormenorizado de los ingredientes, las recetas tradicionales y sus historias y lugares, y en forma transversal que nos asoma a culturas tan ricas gastronómicamente como la cristiana, la árabe, la judía y la sefardí. A Madrid, que fue capital a partir de 1561, le ha sumado acertadamente las costumbres culinarias castellanas previas. Y, por supuesto, su cosmopolitismo cortesano y hasta sus posesiones ultramarinas, que ocuparon el planeta y que configuraron las primeras fusiones acreditadas.

Un homenaje coquinario en toda regla, sin tapujos, a Madrid que Mario, Rafael y Diego, además de propulsar a la vanguardia organoléptica, han vestido con cubertería de plata y vajillas de Limoges y La Cartuja.
Un menú que quisieron estrenar (celebrar) con una mesa en petit comité inopinada pero muy fértil (conversacionalmente) que reunió a unos cuantos profesionales vinculados de varias suertes a Madrid: Eva Orúe, la directora de la Feria del Libro de Madrid; el corresponsal en Madrid del New York Times, Nick Casey; el arquitecto Fernando Caballero, autor del libro “Madrid DF”; Pedro Laguna, elaborador del aceite Loa77, producido en Villaconejos y galardonado como el cuarto mejor del mundo; y yo mismo.

Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_
Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_

Sin duda una reunión, ejem, heterodoxa. Aunque Madrid fue el tema central de la tertulia, junto a la gastronomía, se habló de literatura, de política estadounidense, de las problemáticas del aceite de oliva… Más fue fatal que, a la postre, el gran protagonista del cónclave fuera el menú de los Sandoval, tanto lo del plato como lo de la copa. En este último recipiente se volcó todo el talento de Rafael: Laurent Perrier Heritage; ⁠Palliser State Sauvignon Blanc; ⁠Attis Mar; ⁠Aalto Blanco de Parcela; ⁠Georg Mosbacher Ungehuer GG; ⁠Adorado de Menade; ⁠V2 Valquejigoso; ⁠Marqués de Murrieta Ygay 1982; ⁠Jorge Ordoñez Número 3 Old Vines; y ⁠Niepoort Tawny 10 Years Demijohn. En fin…

Pero, como es sabido, el menú-degustación de Coque comienza fuera de la mesa para recorrer (sabrosamente) los distintos espacios del restaurante. Naturalmente, con el nuevo menú ‘Madrid’ la ceremonia es la misma, con los aperitivos y snacks que incorpora.

En la coctelería, arrellanados en los sofás, tuvimos la primera cita. Helado de almendra tierna y vinagre de piñón y cristal de maíz y sésamo negro con miso de garbanzo, aguacate y lascas de foie gras. Y risas.

Ya en la barra del Ónix, la gelée de caña de jamón ibérico de bellota y el tuétano de jamón ibérico madurado con caviar osetra y erizo de mar, y sí, un gozo como el que te estás imaginando.

Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_
Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_

La bodega, con Rafael veneciando en la sombra, es la siguiente parada (y fonda): chanfaina de duelos y quebrantos sobre pan ácimo, inspirada en el siglo XVI y su picaresca, y la uva PX crujiente, líquida y acidulada.

La sacristía es la metáfora de la ganadería de toros bravos de los Sandoval, en su finca el Jaral de la Mira, con un salpicón de vaca con vinagre antiguo (receta del XIII), referenciada por Cervantes y Quevedo, y la hoja de psyllum con steak tartare de toro bravo a la mostaza antigua, una exquisita barbaridad.

Paseo en la cocina con una vaina crujiente con guisantes lágrima y puré de guisantes encebollado, y la tartaleta de faisán en pepitoria con almendra tostada.

Ya en el comedor (mesa privada): gazpacho translúcido de tomate rosa con espuma de hierbabuena y buñuelo aireado y trufado con esencia de queso manchego.

Plática. Risas. Y el salpicón de carabinero a la mostaza y tapioca con huevas de botarga, maruca, encurtidos y mole verde poblano. Una oda a la capitalidad de Madrid en el siglo XVI con todo el intercambio de aquella época tan ajetreada.

Seguimos en el XVI con el brouet de madame con verduras ecológicas (guisantes, brotes de espárrago…), un capón cocido en leche que nos llega desde el recetario real del antiguo alcázar.

Pasamos al siguiente siglo (XVII) con la sopa de cangrejo picante granizada (era habitual coger estos crustáceos en los ríos de Madrid) alegrada con quisquillas de Motril ahumadas y shots de maíz tostado, contrastes sensoriales.

La calabaza en toda su gloria se exhibe ahora en forma de ravioli con avellanas, castañas, caviar osetra, salsa de bergamota, setas de temporada y bearnesa de tuétano de buey, en un ejercicio estereofónico que incluye todas las partes de la cucurbitácea.

La lubina salvaje madurada (30 días) ‘Loro Piana’ (en referencia a la lujosa casa italiana de tejidos de sofisticada finura y altísimo standing) viene con salsa de chipirón de anzuelo picante, terciopelo de yuca y comino, crujiente de choclo y huevas de tobiko.

El besugo se viste con tres modelazos: con curry Jaipur; con escabeche antiguo de Teresa Huertas (madre de los Sandoval); y a la brasa en brocheta. Un lujazo.

Regresamos al XVI con la galantina (plato en que se rellenaban aves con más aves y más aves…) de aves de El Pardo: codorniz, perdiz, pichón y pularda (y foie gras), y demi-glace con puré de nuez pecana y ajo negro.

Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_
Coque. Menú Madrid. Madrid. Fotos: Gastrophoto_

Como siempre, el final debe ser el cochinillo, el famoso cochinillo de Coque, irrenunciable. Un cochinillo cruzado especial que presenta menos grasa y que se sacrifica con 21 días y unos cuatro kilos de peso.

El ‘Arte Cisoria’, del Marqués de Villena (XV), afamado tratado del oficio del corte culinario, está detrás de esta versión del cochinillo, que Mario laca a la manera medieval, con chicharrón a la pimienta de Sichuan y salsa de melaza con saam de manitas con lemon grass y fruta ácida. Monumental.

Llegan los postres. De entrada, la fresa escabechada y flambeada, con sorbete de fresas, helado de cava y crema de queso de Guadarrama, una elaboración fría-caliente, preciso vínculo hacia la ginestada (XVI) de frutos secos o tres versiones del arroz con leche, el crocante de arroz inflado y caramelizado con dátiles y lima y, por fin, el manjar de los Reyes Católicos, suerte de natillas de la época, pan de croissant, crema de chocolate, sal, aceite, tributo también a la Fábrica de Chocolates Matías López (El Escorial), ya que fueron los españoles quienes inventaron el chocolate.

No acabó aquí la cosa, claro, pues la compañía incitaba a más, a mucho más. Pero me importa concluir que este nuevo menú de Coque, el ‘Madrid’, es un fastuoso ejemplo de cómo, visitando la historia con curiosidad, inteligencia y creatividad, se pueden generar fenómenos novedosos capaces de asombrarnos.
Mario Sandoval lo ha hecho.

Coque
Marqués de Riscal, 11

Madrid
Tel. 916 04 02 02
Cierra domingos y mediodías de lunes a jueves
Precio: 365 euros