Segundo día de confinamiento en La Guancha y, antes de comenzar con el diario gastronómico, con los últimos restaurantes visitados y apuntados en mi cuaderno, y porque es domingo, no me resisto a un segundo cuento, esta vez mío. Espero que os alegre el día a los que estáis varados entre cementos y asfaltos. Yo, persiguiendo mis viejos sueños tropicales, si he de pringar, será aquí, con las palmeras puestas.
Confinado en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide), canceladas todas las naves, me propongo escribir aquí un diario en el que repasaré las últimas páginas de mi cuaderno Midori, los postreros restaurantes que he visitado antes de los abruptos cierres… Pero, para empezar, qué mejor que uno de los cuentos del Decamerón de Bocaccio, porque es inevitable el fatal paralelismo…

