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gastronomía Rio de Janeiro

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Gracias doy a Yemanjá por la invitación que el gran chef y activista João Diamante me hizo hace unas semanas: ser jurado del concurso ‘Sabores da Orla’, competición culinaria anual para discernir los mejores chiringuitos de la costa de Rio de Janeiro. Hablamos de 150 candidatos y de una organización tan carioca y epifánica que me voló el cerebro. Algún día, todos los campeonatos culinarios deberán ser así.

Imagínatelo (si puedes). Una disparatada, jubilosa y ruidosa caravana de autobuses, llenos de periodistas y chefs (los jurados del concurso), João Diamante al frente como ‘Embajador’, desplazándose por toda la orla de Rio de Janeiro, pasando con parsimonia por delante de los chiringuitos, con propietarios y trabajadores esperando ansiosamente su parada, que sólo se producirá en cinco de los 150 contendientes, los finalistas (que se mantienen rigurosamente en secreto). Imagina las caras de decepción si la comitiva sigue su alegre curso sin detenerse.

Imagina ahora cuando la expedición se para ante un establecimiento finalista: funk carioca a todo volumen desde los altoparlantes, pantallas led dando vídeo y color desde los laterales de los ómnibus, bailarines escenificando en la calle un passinho (frenética danza popular surgida en las favelas), algarabía entre los sorprendidos transeúntes y alegría desbocada en los responsables del quiosco. Entonces, con la cerveza y el espumoso a gogó, los jurados ocupando el establecimiento y probando el plato estrella, que es a lo que hemos venido, aunque la generosidad carioca no se corta en ofrecer otras especialidades fuera de concurso, caipirinhas… Y vuelta al autocar, hasta la siguiente parada. Y… Así, desde Recreio hasta Leme, desde el mediodía hasta la noche. Para no dar crédito.

Yo nunca había visto una cosa igual, a pesar de ser miembro de muchos jurados culinarios a lo largo del año. Nada como esto. Una mecánica sencilla (el SENAC determina los cinco finalistas en cada especialidad -mejores pastel, petisco, sándwich, caipirinha y, la que me toco a mí, plato estrella-, que luego son juzgados en la gran final que estoy describiendo por João Diamante y sus amigos) y una resolución que es un improbable estallido de color carioca en delirante directo.

El passinho. Andrea Tinoco (Pato com laranja) y su plato ganador. Sabores da Orla. Rio de Janeiro.
El passinho. Andrea Tinoco (Pato com laranja) y su plato ganador. Sabores da Orla. Rio de Janeiro.

Las puntuaciones no se dan a conocer hasta la gran gala (a la americana, por supuesto) de los premios, que tuvo lugar hace un par de días en el histórico cine Roxy. Ganó el ‘plato estrella’ el chiringuito Pato com Laranja (Leblon), el que yo mismo voté como mejor, con un róbalo acompañado de puré de batata, mini zanahorias y beurre blanc de wasabi.

El resto, sin embargo, no desmereció este concurso, que quiere dignificar la cocina de chiringuito y ser un escaparate de alta calidad gastronómica de cara al turismo de Rio de Janeiro que frecuenta la orla.
Esto es lo que también probé: Doce Brisa, en Barra (filet mignon a la parrilla con ravioli de calabaza japonesa flambeada en cachaça con melado y gorgonzola); La carioca cevichería, en Leblon (tiradito de atún y dorado con salsas peruanas, papas con ají amarillo y chalaquitas; Arrastapé, en Copacabana (pescada amarela en costra de castaña, salsa de maracuyá, puré de batata, banana da terra y ragú de palmito; y Pedra do Leme, en Leme (sardina abierta en panko con coco, risotto de camarón con puerro y tomate confitado).

Pero, más allá de las recetas y los sabores, ese inenarrable (pero tan natural) alborozo de Rio de Janeiro.
¡Axé!

Imparable self made man, visionario urbano, genio del marketing instintivo, erudito de la historia y la gastronomía de Rio, de una simpatía deslumbrante y demiurgo de la hostelería: Raphael Vidal.

Diríase que Raphael es el auténtico transformador de Rio de Janeiro, de su centro, deprimido hasta hace pocos años y que él se esforzado en recuperar (con insolente éxito) a través de la gastronomía. Primero fue la Pequeña África, luego el Beco das Sardinhas y, ahora, la legendaria Rua da Carioca. Una calle mítica, esa, que cuenta la propia historia de la ciudad desde el siglo XIX (1887), cuando abrió el Bar Luiz, la primera choperia (cervecería) de Brasil. Con los años, la avenida brilló y brilló con sus chops (cañas) y sus tiendas de instrumentos musicales, generando una topografía intelectual y efervescente que fue decayendo hasta que la pandemia se encargó de guillotinar de golpe.

Y en eso llegó Eduardo ‘Dudú’ Paes, el brillante alcalde de Rio de Janeiro, dispuesto a ‘revivir la rua de la cerveja’, un plan que contó inmediatamente con el concurso entusiasta de nuestro héroe, Raphael Vidal. El hambre y las ganas de comer, en roman paladino.

Raphael Vidal, Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_
Raphael Vidal, Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_

De esta suerte, y aprovechando la apertura de las dos primeras fábricas de cerveza artesana en la calle -Tio Ruy y Búzios-, Vidal, siempre presto a la acción, arregló con ellos abrir, en medio de ambas, una birosca (taberna) donde dar salida a las diferentes cervezas. Y así, Cotovelo (‘codo’, en portugués, y palmaria metáfora de la alegría de barra en cualquier idioma).

La apertura de Cotovelo, ayer, marca el principio de una nueva historia urbana que, no obstante, jamás se ha detenido: es ahí donde, cada año, el primero de marzo, se celebra el aniversario de la fundación de la metrópoli con un gran pastel popular, que va ganando un metro de longitud con cada conmemoración sucesiva.

Costilla. Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_
Costilla. Cotovelo. Rio de Janeiro. Foto: Gastrophoto_

Ya con el codo apoyado en la barra de mármol (10 metros de larga), brotan las cervezas, con la ‘Carioca’ (pilsen) como bandera entre todo tipo de ipas, negras, etc., y se presenta la carta, que incluye un montón de platos tradicionales cariocas con la singularidad de que todos (todos) se elaboran con cerveza. Croquetas de costilla, pastel de queso, caponata, barriga de piolho (ventresca de cerdo en homenaje al primer habitante de la calle, a mitades del XVII), longaniza, costilla, sobrepaleta de cerdo con abacaxí, milanesas… Algunas de las recetas, rescatadas de antiguos moradores de la zona.
Muy pronto, por cierto, reabrirá el Bar Luiz, con el que empezó todo.

Contra taxa a Trump de Raphael Vidal.
Contra taxa a Trump de Raphael Vidal.

No quisiera evitar un último comentario sobre Raphael Vidal, que ha contestado a la canallada del 50% arancelario amenazado por Trump a Brasil con su propia ‘taxa Trump’, que ofrece un descuento del 50% de la popular mamata (batida tradicional) en todos sus locales hasta principios de agosto.
Genio y figura.

Cotovelo
Rua Carioca, 15
Rio de Janeiro (Centro)
Brasil

 

 

 

Raphael Vidal strikes again no Rio de Janeiro: Cotovelo

Self-made man imparável, visionário urbano, gênio do marketing instintivo, estudioso da história e da gastronomia do Rio, de uma simpatia deslumbrante e demiurgo da hotelaria: Raphael Vidal.

Pode-se dizer que Raphael é o verdadeiro transformador do Rio de Janeiro, de seu centro, deprimido até poucos anos atrás e que ele tentou reviver (com insolente sucesso) por meio da gastronomia. Primeiro foi a Pequena África, depois o Beco das Sardinhas e agora a lendária Rua da Carioca. Uma rua mítica que conta a história da cidade desde o século XIX (1887), quando foi inaugurado o Bar Luiz, a primeira choperia do Brasil. Ao longo dos anos, a avenida brilhou e brilhou com suas choperias e lojas de instrumentos musicais, gerando uma topografia intelectual e efervescente que foi decaindo até que a pandemia se encarregou de sua repentina guilhotina.

E então veio Eduardo «Dudú» Paes, o brilhante prefeito do Rio de Janeiro, pronto para «reviver a rua da cerveja», um plano que imediatamente contou com o apoio entusiasmado de nosso herói, Raphael Vidal. A fome e o desejo de comer, em roman paladino.

Assim, aproveitando a abertura das duas primeiras cervejarias artesanais da rua -Tio Ruy e Búzios-, Vidal, sempre pronto para a ação, combinou com elas a abertura, no meio de ambas, de uma birosca onde as diferentes cervejas poderiam ser vendidas. E assim surgiu o Cotovelo, uma clara metáfora para a alegria do bar em qualquer idioma.

A inauguração do Cotovelo ontem marca o início de uma nova história urbana que nunca parou: é aqui que, todo ano, no dia primeiro de março, o aniversário da fundação da metrópole é comemorado com um grande bolo popular, que ganha um metro de comprimento a cada sucessiva comemoração.

Com o cotovelo apoiado no balcão de mármore (10 metros de comprimento), brotam as cervejas, com a carioca (pilsen) como carro-chefe entre todos os tipos de ipas, negras etc., e é apresentado o cardápio, que inclui uma série de pratos tradicionais cariocas com a singularidade de serem todos (todos) feitos com cerveja. Croquetes de costela, cheesecake, caponata, barriga de piolho (em homenagem ao primeiro morador da rua, em meados do século XVII), linguiça longaniza, costelinha, ombro de porco com abacaxí, milanesas… Algumas das receitas, resgatadas de antigos moradores da região.
Muito em breve, aliás, o Bar Luiz, onde tudo começou, será reaberto.

Não gostaria de deixar de fazer um comentário final sobre Raphael Vidal, que respondeu às taxas de 50% ameaçadas por Trump sobre o Brasil com seu próprio «imposto Trump», oferecendo um desconto de 50% na popular mamata (batida tradicional) em todos os seus estabelecimentos até o início de agosto.
Gênio e figura.