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Hacia bastantes años que no iba al Roig Robí (Barcelona), y no por falta de ganas, sino por las complicaciones logísticas de mi vida errante, hasta que un día me llamó Sonsoles Llorens, diseñadora y mujer de Joan Crosas, quien está al mando del restaurante desde el fallecimiento de la muy querida Mercé Navarro, su madre y la chef y fundadora del establecimiento. Ahí ya no fallé. Ocupando una mesa de esa deliciosa terraza interior, donde tanto vivimos en los tiempos del fulgor barcelonés, dejé que Joan alegrara mi mediodía. Y ya te digo, placeres gastronómicos concatenados con gran producto exquisitamente trabajado. Como siempre en esos últimos 43 años.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

No ha pasado el tiempo en Roig Robí; o, mejor, ha pasado de la mejor manera. El restaurante luce como al principio, elegancia sobria, iluminación cuidada, los saloncitos discretos con mesas generosamente separadas y, por supuesto, la recoleta terraza. Testigo y protagonista de los cromáticos años ochenta y noventa, cuando todo resonaba en la ciudad, hoy (es martes) sigue prácticamente lleno y con mesas brillando de conspicuo personajes de la cultura barcelonesa. Como siempre.

Y como siempre también Joan. Su filosofía, heredada de su madre –“aunque ella era más creativamente audaz”, me habla-, de amor por la cocina expresado a través de las temporadas, sus productos, la gestión directa con el mercado –“ahora tengo un pescador que trabaja para mí, y me trae piezas excepcionales”- y el sutil cariño en las ejecuciones no se ha movido ni un ápice. Cocina catalana de relumbrón, de sabores límpidos y sugestivos, de contorni sencillos pero cronométricos, de pulcritud fina, en definitiva.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

Resulta interesante reflexionar sobre el tiempo: las sensaciones (sabores, texturas, combinaciones, atmósfera) en Roig Robí siguen en el hedonismo natural de siempre, y, sin embargo, sabemos que aquellos platos no son éstos. La cocina, dirigida por Joan y con un equipo cosmopolita, ha sabido avanzar temporalmente manteniendo la ilusión de las magias recordadas. Es decir, los levísimos buñuelos de bacalao que estoy comiendo -uno de los hits desde los inicios- son aquellos, pero a la vez son otros. Actualizar y mejorar la nostalgia, porque fijo que los de ahora son mejores. Una caricia palatal, hermano.

Con esa estética de prístina limpieza que marcó Mercé, la verdad de Roig Robó no es especulativa. Ahí están esas anchoas refinadas, simplemente acostadas en pan con tomate. Excelentes. O la crema de calabaza, de elegante profundidad, tocada con papada crujiente.

Metáfora de una ideología que busca el alma del producto desde lo ontológico son las setas (níscalos, boletus y llanega negra), brevemente salteadas a pelo, una sinestesia instantánea del bosque.
Gourmand, también. He aquí los macarrones gratinados con setas de san Jorge y cerdo, en los que el placer directo se sutiliza con mucho chic.

Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_
Roig Robí. Barcelona. Fotos: Gastrophoto_

El tartare de lubina y gambas, de lúbrica y grasa factura, es uno de los tops del menú, chispeante de huevas de trucha. Y mucha clase el hummus topeado con pulpo a la brasa.
Fino y exacto el rodaballo marcado en brasa minimalistamente acompañada de una finas y crujientes patatas. La sofisticación de la sencillez. Por fin, el clásico steak tartare con quenelle de mascarpone y mostaza antigua, quién le diría que no.

No puedo evitar, porque se creó como homenaje a mi querida Imma Crosas (cocinera, hermana de Joan y ex chef de Roig Robí), el babá al ron flambeado en directo, un inevitable recuerdo de los viejos tiempos que fatigamos juntos.

Epílogo. Sentarse en el Roig Robí no es sólo un pensamiento proustiano. Es un gozoso paseo por lo más actual y noble de la cocina catalana.

Roig Robí
Séneca, 20

Barcelona
Tel. 932 18 92 22
Cierra sábado mediodía y domingo
Precio medio: 60 euros

Pocos restaurantes pueden fardar de ser ya historia en la gastronomía eco, sostenible y de proximidad como Els Casals (Sagàs). Cocina de círculo cerrado y sin contemplaciones.

Música recomendada: Dueling banjos (Deliverance)

Sería ocioso volver a contar la fascinante historia de los Rovira de Els Casals. Familia dedicada a la agricultura y la ganadería desde la Edad Media y preocupada también por las artes (todos los hermanos tocan algún instrumento) aunque sin olvidar las labores rurales. Cada hermano se ha especializado: el corral, el huerto, la piara, el vacuno… Oriol, la cocina.

Una cocina, como se sospechará con certidumbre, que brota de todo lo anterior. Allí, en mitad de las silenciosas llanuras y colinas del Bajo Berguedà, el restaurante (que también incluye un pequeño hotel para “huir del mundanal ruido”) se refleja con nitidez en el espejo del paisaje. Con una carta de vinos más que curiosa, con mucho biodinamismo, Oriol esculpe sin alardes ni artificios los sabores y aromas de lo que el comensal ve por los ventanales.

Tomates. Paté en croûte. Sobrasada. Panceta. Els Casals. Sagàs (Barcelona).
Tomates. Paté en croûte. Sobrasada. Panceta. Els Casals. Sagàs (Barcelona).

El plato que simboliza todo ello, que lo acompaña desde hace años es, simplemente, el de tomates del huerto. Comenzó hace años con uno solo, que primero servía con ajo hasta que se dio cuenta que ni eso hacía falta. Pero ahora… Ahora, aquel plato que asombraba a los foodies seminales por su sencillez y potencia presenta 12 variedades. Directos de la mata, esto no ha cambiado. Negros, pera, meta de cabra, San Marzano (cultivados en el huerto, por supuesto), bombilla, amarillo, pit de monja, blanco de Berga, verde de margen, raïm atòmic (variedad de Oregón, USA), “feo”, de Barbastro, “cereza”, “albaricoque”… Se habrá adivinado por el surtido que Oriol no sólo ha rescatado los tomates de su tierra, sino que, en sus múltiples viajes por el mundo, ha “importado” variedades raras que luego ha trabajado con éxito en su huerta.

Oriol y la panceta. Flan. Els Casls. Sagàs (Barcelona).
Oriol y la panceta. Flan. Els Casls. Sagàs (Barcelona).

Pero antes de los tomates, para abrir tema, Rovira saca unas cortezas de cerdo con jamón de la casa (su cruce personal de duroc e ibérico) y un paté en croûte con vinagreta de trufa blanca que ahora mismo es de perdiz y pato, pero que también puede ser, según temporada, de tórtola y cerdo, por ejemplo. Una de las recetas clásicas que se trajo de su aprendizaje en el Taillevent de París. Y tras los tomates que siguen, otro de sus must intocables: la sobrasada con miel, todo “de casa”, naturalmente. Luego llegan el macro canelón de capón y cerdo y, como traca final, la panceta salada y asada directamente, un despliegue de cremosidades y crujientes de alto voltaje.

No voy a delegar, sin embargo, el flan, uno de los mejores (si no el mejor) que he probado jamás. Una textura enamoradiza, un sabor de suavidad extrema…
A una hora exacta de Barcelona.

Els Casals
Sagàs (Barcelona)

Tel. 938 25 12 00
Cierra lunes, martes y noches de miércoles, jueves y domingos
Precio medio: 60 €